Guadalupanas por el mundo. Soco en Walla Walla

Esta vez volamos a la costa oeste de los Estados Unidos para encontrar a Soco Ibañez de la comunidad Djembé de la PJV.

¡Hola a todxs, guadalupanxs!

Soy Soco, de la comu Djembé, y os escribo desde una pequeña ciudad de Estados Unidos que se llama Walla Walla (el nombre significa ‘muchas aguas’) en el Washington de la costa oeste, a unas cuatro horas de Seattle. Estoy trabajando como profe auxiliar de español en Whitman College, una institución de lo que aquí se conoce como Artes Liberales. Puse un pie por primera vez en este lugar a finales de agosto del año pasado y la idea es regresar a Madrid, una vez terminado el curso académico. Desde que llegué he podido comprobar que, en esta área del país, la gente es sorprendentemente amable y, aunque no te conozca, te saluda y sonríe por la calle y se desvive por echarte una mano si te ve en un apuro, así que el sentimiento de cercanía y comunidad es bastante fuerte. La verdad es que a mí me parece una suerte, porque antes de venir no sabía cómo sería este lugar, y tenía experiencia previa en pueblos-ciudades de la América profunda que no habían sido tan agradables. Pero todo resultó ser como reza la coletilla que le añaden al nombre de la ciudad, que dice algo así como “una ciudad tan agradable que le pusieron el mismo nombre dos veces”.

La experiencia en conjunto está siendo muy rica para mí en muchísimos sentidos, pues uno de mis intereses es el estudio de la interculturalidad y este campus tiene estudiantes que provienen de lugares muy variopintos, tanto de distintas zonas de Estados Unidos como de fuera. De hecho, estoy apuntando en un diario todas las cosas interesantes, conversaciones mantenidas con otras personas sobre el tema y detalles que me parecen relevantes al respecto. No sé si en algún momento esas notas me servirán de algo, pero de momento tienen cierto interés para mí, al menos. También está siendo cuanto menos curioso comparar las ideas que tenemos cuando vemos la realidad de este país desde fuera, con las que surgen sobre el terreno, teniendo en cuenta la extensión, variedad y cantidad de cosas que permanecen veladas de cara al exterior. La suerte que tengo es que, al estar en un contexto académico universitario, he tenido miles de conversaciones sesudas sobre el tema (de esas que te dejan el cerebro del revés de tanto exprimirlo) y, excepto algunas salvedades, suelo encontrarme con mentes abiertas (ya sean de mis estudiantes, los profesores del departamento o mis compañeras auxiliares de otros países europeos), y salimos todos enriquecidos de ese tipo de intercambios.

El primer semestre se me pasó volando entre llegar, adaptarme, dar clases, montar eventos con la Casa Hispana y hacer excursiones. ¡Vaya locura! Cuando me avisó mi jefe a finales de agosto del nivel de actividad que había en este campus pensaba que estaba exagerando, pero poco después pude comprobar la realidad de sus palabras. Sin embargo, a pesar de que todo el mundo tiene unos horarios muy apretados, la vida es tranquila y apacible, y la gente saca tiempo para hacer lo que le gusta y tener un poco de paz. Siempre pensé que un campus universitario en medio de la nada (y cuando digo en medio de la nada es literal, porque aquí te mueves tres millas y todo lo que hay son campos de trigo, viñedos y otros cultivos de grano), sería aburrido a más no poder. Sin embargo, no caí en que con la cantidad de dinero que pagan los estudiantes por estar aquí y la competencia brutal que existe entre universidades, los colleges organizan una cantidad ingente de eventos para mantener a los estudiantes contentos, entretenidos y felices porque su dinero se ha invertido de manera satisfactoria -no olvidemos que, aunque en el campus se preocupen mucho por no quedarse en su propia burbuja, por colaborar con la comunidad menos favorecida de Walla Walla y por cuidar el componente humano de estudiantes, profesores y personal, la rentabilidad que le sacan al capital invertido manda, porque en algo se tiene que demostrar que están amortizando el gasto-.

En cualquier caso, yo he aprovechado para asistir a la mayor cantidad posible de charlas, eventos culturales y otros actos divulgativos y académicos que han tenido lugar hasta el momento (aunque he bajado un poco el pistón desde que empezó el segundo semestre), y la verdad es que he aprendido y sigo aprendiendo mucho sobre diferentes campos, escuchando nuevas voces y aprovechando la oportunidad de cuestionarme mil cosas sobre mí misma y mi estilo de vida. Preparar nuestros propios eventos con la Casa Hispana también ha sido interesante en ese sentido, para evitar caer en la estereotipación fácil del mundo hispano e intentar conseguir un entendimiento cultural más profundo y fundamentado que inspire curiosidad y deseo de aprender más.

En los días de fiesta y puentes, he aprovechado para viajar y conocer más lugares, como el Cañón del Infierno, el lago Wallowa, Las Vegas, el Gran Cañón y el Cañón del Antílope, y he de decir que la naturaleza en este país gana por goleada a cualquier construcción artificial solo por la inmensidad que abarca (las distancias son enormes y los paisajes parecen prolongarse hasta el infinito). Pensaba haber viajado más; de hecho, en las dos últimas semanas de marzo, durante las vacaciones de Spring Break, iba a haber llegado a pisar Hawaii, mi sueño desde que era una niña, pero ya no va a poder ser desde que los casos por coronavirus empezaron a aumentar con rapidez. La situación ha llevado al profesorado a mover la docencia a plataformas online, así que durante estas semanas estaré preparando sesiones de conversación en español para mis estudiantes, que se conectarán desde sus casas una vez terminen las vacaciones (casi no hay estudiantes en el campus a día de hoy porque se les ha animado a volver a sus lugares de origen y quedarse allí hasta que la situación remita). Ver esta crisis mundial desde aquí está siendo duro, sobre todo por lo que me llega desde casa y porque se me parten el corazón y el cerebro intentando estar al tanto de ambos lugares (sobre todo con la diferencia horaria), pero confío en que la mejor parte del ser humano está saliendo a la superficie y que vamos a mejorar en nuestra capacidad de estar alerta a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas para acompañarles en la distancia lo mejor que podemos y sabemos.

Os mando un abrazo muy fuerte,

Soco Ibañez.

Encuentro con Crismhom

El sábado 7 de marzo celebramos, en el Salón Parroquial, una eucaristía la PJV junto con la comunidad de Crismhom.

¿Qué es Crismhom? Como yo misma no lo sabía muy bien, y no quería ser tan cutre de buscarlo en internet, se lo pregunté a quién estuvo sentado a mi lado en la misa; ahora espero transcribir bien lo que me dijo, sin inventarme nada. “Crismhom es… como una especie de asociación, pero religiosa. Es un grupo de gente que nos reunimos para compartir nuestra fe y acompañarnos unos a otros. Y tenemos varios proyectos: está el grupo de padres, las oraciones de los jueves, una misa de jóvenes una vez al mes, el proyecto de escucha…”.

¿Y quiénes forman la comunidad de Crismhom? Mucha gente, desde luego. Jóvenes, adultos, padres, que tienen una orientación sexual que la Iglesia muchas veces no ha sabido abrazar. Esto nos permite descartar la heterosexualidad.

Sabiendo esto, os cuento cómo fue el encuentro. Primero celebramos una eucaristía, que la había preparado el grupo de IC1 de la PJV. Como decía, estábamos la PJV, varios jóvenes de Crismhom, y también nos acompañaban Josué y Fernando MSpS y María Luisa Berzosa, religiosa de la Congregación de las Hijas de Jesús.

En mi opinión, la eucaristía era la excusa, o por decirlo más bonito, el medio para encontrarnos y conocernos. Podríamos haber pasado directamente a la segunda parte, (spoiler) cenar juntos unas pizzas, pero no habría sido lo mismo. Al fin y al cabo, ¿qué teníamos tod@s l@s que estábamos allí en común? Supongo que la fe, aunque creo que puede ser más acertado decir “el deseo de una fe que nos empuje a acercarnos a los demás”.

La misa fue participativa, y empezamos conociéndonos: mezclándonos y hablando con quienes teníamos a los lados. Me recordó a aquello de “Siempre que se reúnan dos en mi nombre, ahí estaré yo también”. No es algo que sepa explicar, simplemente es algo que sentí: Dios estaba presente.

Dios siempre está presente en el amor. Da igual si es entre hombre y mujer o si es entre dos mujeres, o entre dos hombres. ¿Por qué nos ponemos a clasificar qué “sí” y qué “no” puede entrar en el amor de Dios? Porque no nos damos cuenta de que es más sencillo…

Mi compañero de al lado también me contó que él colabora en un proyecto que tienen en Crismhom que es el proyecto de escucha. “Pues consiste básicamente en escuchar a la gente que viene por primera vez, y hacerles ver que en Crismhom son aceptad@s. Muchas veces es gente mayor, adulta. Es gente que se había acostumbrado a no ser aceptada por la Iglesia, a pesar de compartir una misma fe.”

En la homilía, a cargo de María Luisa (sí, una mujer), primero hablamos con quienes teníamos cerca sobre qué nos habían sugerido las lecturas y después, quien quiso lo compartió en alto con el resto. Esta forma de vivir la eucaristía, tan participativa y horizontal, no es realizable en todos los contextos, claro está. Pero me gusta que siempre que se pueda se aproveche.

Creo que no tengo mucho más que decir, porque no guardo los recuerdos de ese momento con palabras. Y, aun sintiéndome profeta, tampoco me veo con la capacidad ni la potestad de poder seguir expresando lo que fue ese encuentro, porque además creo que a cada una de las personas que lo vivimos pudo suscitarnos algo diferente.

Por una parte, sé que con ese encuentro sembramos una semilla de esperanza y fraternidad que está empezando a germinar dentro de la Iglesia, una Iglesia que comienza a acoger al colectivo LGTBI+. Y me siento afortunada de haber vivido ese encuentro. Pero, por otra parte, espero y deseo poder dejar de considerar ese momento como algo tan asombroso, tan especial, para que empiece a formar parte de la cotidianeidad el acoger y abrazar la diferencia.

Creo que eso puede hacerse desde Él, sin negar nuestras diferencias, acercarnos desde nuestras similitudes.

Nerea López IC2

Playing, la ong del deporte

Torneos deportivos en España -Proyecto educativo en Gambia

Ayuda de 4.000 € (2019) + 2.000 € (2020) de DyS – 120 niños y niñas escolarizados.

Hoy entrevistamos a Ramiro, miembro del equipo educativo de Playing:

  • El proyecto en el que colabora DyS, ¿es parte de una iniciativa más amplia? En caso afirmativo, ¿en qué consiste, en líneas generales?

El proyecto de Basori (Gambia) es el único que tenemos actualmente en activo, somos una ONG pequeña, aunque en constante crecimiento y se tendrán que valorar futuros proyectos. No obstante, el actual proyecto crece año tras año y, acompañados de la comunidad, evolucionamos hacia un complejo educativo que pueda abastecer a más niños y niñas, ofreciéndoles una educación de calidad.

  • ¿Cuándo empezó el proyecto y cuáles son las actividades principales? ¿Cuáles son las otras fuentes de financiación?

Todo nace en 2012, cuando un chaval de 1º de Bachillerato y sus amigos se querían ir de viaje de fin de curso y no tenían suficiente dinero. Hablando con la dirección del centro decidieron organizar un torneo de baloncesto para recaudar fondos y así finalmente pudieron irse. Al año siguiente no había viaje de 2º, pero ahí se empezó a forjar Playing. Al ver todo lo que se podía recaudar con un torneo, pensaron en la posibilidad de destinar ese dinero a un fin solidario, a lo cual el centro accedió y empezaron a donar a distintos proyectos (Asociación Española Contra el Cáncer, etc.…). Surgió entonces la necesidad de crear un proyecto propio para poder tener un mayor impacto y conocer de primera mano el destino de los fondos, y así en 2016 se profesionalizó Playing.

Actualmente organizamos torneos de baloncesto, rugby, vóley, pádel y fútbol y de todo lo recaudado en los torneos, el 65% va íntegramente al proyecto, el otro 35% es lo que se invierte en los propios torneos (camisetas, comida, material…). Además, nos financiamos a través de la plataforma Teaming, donde se puede donar al proyecto 1 € al mes (ni más, ni menos), y de donaciones puntuales como la de DyS, con la que pudimos vallar el colegio, aspecto necesario según la ley gambiana y que ayuda a proteger el cole. De todas estas donaciones el 100% va íntegro al proyecto.

  • Perfil de los beneficiarios del proyecto: ¿son niños, mujeres, enfermos, familias, etc.?

El perfil de los beneficiarios del proyecto es variado. Por supuesto en primer lugar son los niños, de momento 120 de 4 a 8 años que por fin pueden ir al cole; pero no solo se benefician los niños, sino también sus familias, así como los 8 trabajadores locales de los que dispone el cole. Y ese beneficio cada vez será mayor, pues pretendemos poder abrir un curso por año, y el impacto que eso puede tener en un país con la extensión de Asturias y la población de Castilla-La Mancha es notable.

Además, de forma intrínseca se benefician todos los jugadores que vienen a los torneos al promover el deporte como motor de cambio, contribuyendo a su salud.

  • ¿Cuáles han sido los mayores desafíos para llevarlo a cabo?

El mayor desafío siempre es el coste, pues hasta que no realizamos torneos no disponemos de suficientes fondos, pero además la dificultad está en que no estamos allí más que en verano, salvo nuestro coordinador local, por lo que todo se lleva a distancia. Esto es difícil, pero creemos que es lo mejor para el proyecto, ya que queremos que se trate de cooperación al desarrollo y no de “volunturismo” (turismo solidario). Además, aquí entra un aspecto cultural importante, el “Gambian time”, el tiempo gambiano, allí todo lleva un ritmo diferente y es algo con lo que hay que contar, las cosas llegan cuando llegan, no antes. Tampoco te respeta que estés inmerso en otra multitud de tareas, si llega, llega, no puedes dejarlo para otro momento. Y si llueve no se puede trabajar…

También creo que un gran desafío al que nos seguimos enfrentando todavía es el de desarrollar este proyecto siendo tan jóvenes, llegar a una comunidad y que no nos tomen como extranjeros, sino que nos acepten dentro de su comunidad. Es un reto importante que afrontar.

  • ¿Se han conseguido llevar a cabo todos los objetivos propuestos? En caso negativo, ¿cuáles han sido las razones?

Los objetivos que había para 2019 se han conseguido a excepción de la canalización completa, dado que requería de mayor financiación. Así que pasa a ser objetivo de 2020. Por suerte empezamos muy fuerte la temporada y en septiembre ya habíamos recaudado, a costa de mucho esfuerzo y trabajo, más fondos de lo que esperábamos. Esta línea se ha mantenido hasta ahora que, por la situación que todo el mundo conoce, hemos tenido que parar los eventos deportivos, aunque seguimos trabajando duro en la parte más virtual.

  • ¿Cómo ha cambiado la situación de partida a las personas beneficiadas del proyecto?

En este sentido el cambio es notorio, de no tener cole a tener cole, de estar en medio de la selva a ser un recinto cerrado y cuidado en el que sentirse acogido y donde poder trabajar y aprender mucho.

  • Y a partir de ahora, ¿qué os planteáis?, ¿cuál es el siguiente paso que queréis dar?

Los próximos pasos son seguir ampliando el colegio. Para el futuro más cercano, abrir el segundo curso de Primaria, llevar la canalización a baños y fuentes, estudio y planificación de la construcción de un nuevo aulario, mejoras en la zona de juego, mejorar el ajardinamiento y mejorar el mobiliario.

  • ¿Podrías resumir en una frase lo que ha significado contar con el apoyo de DyS?

Contar con el apoyo de DyS ha sido un gran alivio para poder realizar cambios urgentes que requerían una gran inversión y poder cumplir con la ley gambiana.

  • ¿Qué ha supuesto para ti la experiencia?

Escribí en el blog de nuestra web una crónica que me gustaría compartir con vosotros, creo que después de conocer todos estos datos, refleja bastante lo que ha supuesto para mí y cómo lo he vivido. Ha sido una experiencia inolvidable que si puedo repetiré, me encanta el proyecto y toda la gente que de una forma u otra se ha implicado en él.

https://www.playingspain.org

Comunidad Redes

Redes, los comienzos
Redes, los comienzos

REDES es una comunidad veterana. Su origen está en 1998, cuando un grupo de jóvenes-pero-que-muy -jóvenes- respondimos a la convocatoria de nuestra Parroquia de Guadalupe. Empezamos siendo muchos (unos 14), bajo la guía y el ojo atento de Lupe, Juan, Julia y Juanjo. Allí queríamos ponernos en camino para ver si creábamos una comunidad cristiana. Ya sabéis: donde compartir fe, vida y compromiso.

Nuestro nombre surge con el espíritu de tener presentes los lazos que hacen Comunidad, las relaciones entre las personas y las de éstas con Nuestro Padre (estuvimos cerca de llamarnos ‘Redes coloidales’ que químicamente es más preciso para expresar lo que queríamos decir, pero vimos que tenía mucho menos ‘gancho’).

Este grupo, quincena tras quincena, fue pasando la etapa de los jóvenes matrimonios, las complicaciones de ir a Guadalupe con un bebé, o dos. Que los chicos fueran creciendo. Algunas despedidas y otras incorporaciones. Los chicos ya no eran tan niños. Ahora nuestros hijos son “mayores”.

En este momento, REDES es un lugar de acogida. Quizás no tengamos una personalidad muy marcada, pero eso es porque hemos invitado y aceptado a quienes se han sentido llamados por Jesús a vivir la fe de esta manera. Somos algo caóticos, diversos, acogedores, inquietos, confiados. Nos gusta celebrar y sentir al Espíritu en nuestros hermanos de comunidad y en nuestras vidas.

Tenemos un Grupo de WhatsApp para comunicarnos sobre nuestro día a día. Y otro para los chistes y las bromas. Somos bastante guasones.

Desde hace 5 años, a principio de curso nos vamos todos de convivencia un fin de semana. Allí es donde nos ponemos en manos del Padre, compartimos, oramos y programamos todo el curso.

Redes muy bien acompañados en nuestra foto más reciente, el pasado mes de febrero
Redes muy bien acompañados en nuestra foto más reciente, el pasado mes de febrero

Tratamos de combinar: un poco de oración personal e introspección, para estar menos descentrados; una serie de reuniones de oración comunitaria, que nos damos cuenta de que nos hace tanto bien; otras reuniones son para profundizar en temas de fe que nos preocupan o nos interesan. Éstas intentamos que nunca las prepare uno solo, sino 2, 3 o 4 redesianos. De esa manera es más trabajo, pero también es más tiempo de compartir, de vernos (o hablarnos), de tenernos cerca; y luego están las reuniones de vida, donde compartimos lo que nos pasa, cómo lo vivimos y dónde encontramos a Jesús. Además -en el ámbito de nuestras “vidas”- intentamos que cada uno de nosotros se ocupe y esté especialmente atento de uno o dos redesianos. Es nuestra manera de cuidarnos, de estar al quite los unos de los otros, sin crear una maraña complicada de llamadas y WhatsApps.

Las reuniones de vida y las de profundización las solemos empezar con una oración, pues es Jesús quien nos trae a Guadalupe y es en su nombre que nos sentimos llamados. Solemos reunirnos los sábados por la tarde.

Además de la convivencia de principio de curso, otro momento chulo suele ser la Comida de Pascua. Muchos años nos hemos juntados todos los redesianos con nuestras parejas (los que no están en la comu) y nuestros hijos. Suelen ser muy divertidas.

También intentamos ir a los Ejercicios Espirituales de Guadalupe los más de nosotros que podamos, juntos. Suele ser una experiencia muy rica de la Parroquia, hacemos por conocer a otros guadalupanos, disfrutando del Espíritu y de convivencia divertida. Ya dije que somos bastante guasones.

Como es lógico, REDES ha tenido épocas muy buenas, también sus crisis. En este momento, nos sentimos razonablemente maduros para poder escuchar qué tiene el Padre pensado para nosotros y crecer en esa dirección.

Siempre hay algún redesiano dando guerra por la Parroquia: ahora en el coro, y en el pasado en algún grupo de liturgia, de APJ, en la Preparación al Matrimonio, como monitor en la Pastoral de Adultos o en la Pastoral Bautismal. Otros de nosotros tenemos nuestro compromiso en otros lugares. Además, todos intentamos que en nuestro trabajo se vea una forma de hacer: muy cercana, humana, acogedora y atenta a los pequeños, sencilla y diferente.

Es cierto que nuestro contacto con otras comunidades ha sido menor del que nos hubiese gustado. Durante unos años ha podido ser porque teníamos más que suficiente manteniéndonos en pie como REDES. Esperamos haber superado esa etapa, pues ahora nos sentimos más preparados, con más paz.

Desde que vino a España, Marco Antonio está cuidando de nosotros, por lo cual nos sentimos enormemente agradecidos. Es un auténtico privilegio poder contar con él y aprender de su experiencia vital y de oración.

Os escribimos estas líneas desde el confinamiento al que nos obliga este virus que nos tiene, físicamente, más separados. Aún no sabemos cuándo podremos volver a sentarnos alrededor de una mesa o juntarnos en las capillas para orar juntos, pero mientras, seguiremos creando y renovando los vínculos que nos mantienen unidos, como una red.

Vacío. El Musical

La compañía novel Seres Teatro crea este musical, basado en una experiencia personal, como un canto a la inteligencia emocional y a la libertad de cada persona para mostrarse tal y como es.

La dirección de este proyecto confía en las ganas y el trabajo de artistas jóvenes que, en su proceso de  formación como profesionales del teatro musical, deciden coger las riendas de su carrera y construir mundos que creen que deben mostrarse sobre los escenarios.

¿Qué es Vacío?

Vacío es una obra original, un espectáculo que se cimienta en valores de igualdad, respeto y solidaridad.

El equipo creativo se basó en su propia historia de vida para plasmar, en una aventura para todos los públicos, la necesidad que tenemos las personas de reconocer y regular nuestras emociones.

El resultado es un viaje interior, un proceso de autoconocimiento y la reivindicación de ser como realmente somos, sin miedos, prejuicios, ni cargas que nos lo impidan.

Alma, una adolescente, aparece en un mundo vacío sin saber cómo ni por qué. Allí deberá iniciar un extraño viaje en el que irá conociendo a unos seres variopintos, pero curiosamente familiares, que le irán descubriendo preocupaciones y sentimientos con los que siempre se ha identificado.

Daia, una de las habitantes de dicho mundo, ha sido misteriosamente secuestrada por las dos siniestras Cargas. ¿Lograrán sacarla a ella (y a la propia Alma) de la oscuridad que ahora inunda Vacío?

A lo largo del camino y acompañada de Gael, Phobos, Mel e Yria, Alma tendrá que enfrentarse a sus propias emociones, lo que le permitirá descubrir quién es realmente.

¿De dónde  nace?

Vacío nace de la vivencia de Silvia Tomé de un proceso de ansiedad. Una vez superado, siente la necesidad de unir esta experiencia a sus conocimientos previos sobre educación emocional y pedagogía y crear así arte que ayude a otras personas.

Irene Herráez, Fernando Palacio y Santiago Pedrazzolli se unen a ella para conformar el equipo creativo que idea, escribe y compone el musical.

Irene Herráez estructura la historia y escribe un libreto que busca que el público empatice con los personajes y acompañe a Alma en su viaje personal, descubriendo por qué se encuentra en este mundo vacío a la vez que lo hace la protagonista.

Fernando Palacio, compositor de Vacío, bebe de diversas fuentes para colaborar en la creación de un musical original con muchos referentes, desde grandes títulos de Broadway hasta jóvenes artistas emprendedores. Utiliza esto y todos los recursos a su alcance para asombrar y conmover a quien lo escucha.

 La compañía

Seres Teatro es una compañía recién nacida que surge de la necesidad de poner en pie proyectos como Vacío.

Sus pilares se establecen sobre el feminismo, los cuidados, la cooperación, la autosuperación y la empatía. Impulsando  desde ellos el pensamiento crítico y una acción conjunta de educación afectiva.

Seres apuesta por una forma de hacer teatro que lleve a escena temas y colectivos que no están lo suficientemente representados en el panorama cultural actual. Sin (auto) censuras, con respeto y desde el interés por aprender.

Desde la compañía pretenden promover la implicación en la lucha contra la injusticia y la desigualdad y buscan crear conciencia sobre problemáticas como el machismo, la discriminación de las personas LGTBI+, los prejuicios contra las personas racializadas o con discapacidad… y lo combinan  reivindicando la importancia de la inteligencia emocional.

Se trata de  un grupo solidario, que destina la mayor parte de sus beneficios a diversas iniciativas  sociales de concienciación, educación y desarrollo tales como:  Asociación Cultural Talloc, Proyecto Sendas, Fundación Menudos Corazones y Campamento Palomeras.

¿Por qué Vacío?

El mundo está cambiando. Cada vez estamos más cerca de la igualdad, de la comprensión de maneras de ser y de sentir que siempre han sido rechazadas por nuestras sociedades. Pero aún queda mucho por avanzar para llegar a esa libertad real de todas las personas.

Aún  muchas personas no comprenden qué sucede en su espacio interior. Por qué se producen sus emociones, qué mensajes nos trae aquello que sentimos, cómo gestionar el sufrimiento… Vacío nos habla sobre formas de manejar, comprender y habitar nuestro dolor a fin de transformarlo. A través de sus personajes, la obra  nos transmite la importancia de hacernos amigos de nosotros mismos, acogiendo y cuidando todo lo que sucede en nuestro interior para poder ser quienes deseemos. Vacío nos da la oportunidad de  conocer mejor cada una de nuestras emociones y de  comprobar que cada una de ellas tiene el potencial de hacernos  crecer.

Vacío nace del trabajo conjunto, la confianza y la ilusión en un teatro que haga disfrutar y mueva conciencias a partes iguales. Un teatro que contribuya a la creación de un mundo sensible, empático y justo.