Itaca Diem

ITACA -DIEM nació en el año 2000 de la unión de dos comunidades de Pastoral Juvenil, Ítaca, creada en 1992 y Carpe-Diem, creada en 1990. En aquellos días ambas comunidades pasaban por momentos de crisis por varios abandonos. Éramos un grupo de tres y otro de cinco. Nuestro cura de referencia entonces, Charlie, nos propuso conocernos para unir fuerzas y destinos.  Y así empezó esta historia que dura ya 21 años de amor, de fe y de vida. Durante estos 21 años hemos llegado a ser 22 personas; en la actualidad formamos la comunidad nueve personas de entre 47 y 53 años.

El nombre compuesto es una llamada del Espíritu Santo: por un lado, para ser lo que fue Ítaca para Ulises, el destino tras un viaje animado por la esperanza y, por otro, en alusión al famoso Carpe diem, para disfrutar de ese trayecto acompañándonos con lo que la vida disponga.

Acompañar la vida es algo característico de nuestra comunidad. Hay solteros y casados, y estos, con hijos y durante todos estos años hemos aprovechado sacramentos que han jalonado la vida de los hijos de algunos de nosotros (bautismos, comuniones, confirmaciones… ) para vivir y celebrar esos momentos relevantes todos juntos. Nos hemos acompañado cuando hemos tenidos que discernir para tomar decisiones importantes tanto en el plano personal como profesional. Y en esos discernimientos la oración ha sido determinante: la oración a María y a Jesús para que nos iluminaran y tomaramos decisiones que contribuyeran a la construcción del Reino.

Hemos tenido reuniones semanales unos 15 años, y luego pasamos a quincenales, siempre en fin de semana, sobre todo los domingos,  aunque últimamente alternamos viernes y domingos. Siempre comenzamos nuestras reuniones con una oración.

¿Y cómo preparamos las reuniones? Hemos tenido años en los que las organizábamos de 2 en dos y otros por grupos de 4 o 5 personas. También ha habido momentos en que era un quien las preparaba Nos funciona bien el poner roles delegados, por ejemplo: la/s persona/s encargada/s de economía,  de eventos,  de la relación con parroquia, padrinos para los que entraban en la comu, parejas de acompañamiento vital…

Para compartir la vida nos ha funcionado muy bien tener reuniones trimestrales en casa de alguno de nosotros al tiempo que compartíamos una cena.

Con respecto al contenido de las reuniones, hemos utilizado distintas herramientas y recursos. Hicimos un taller allá por 2003 con Nino Movilla sobre cómo hacer el proyecto comunitario que fue muy revelador. Otros años hemos seguido el ciclo de talleres sobre Las bienaventuranzas que se hizo en Guadalupe, y a veces, hemos seguido capítulos de un libro, por ejemplo, La vida iluminada DE Joan Chittister.

Varias personas de la comunidad trabajan en ONGs y Asociaciones de lucha por los Derechos Humanos y la mejora de condiciones sociales de gente desfavorecida. Durante estos años hemos colaborado económicamente con algunas de esas asociaciones con un fondo comunitario en el que cada uno aportaba según su situación económica.

Participamos en la vida de Guadalupe (algunos colaboramos en algún servicio pastoral como es el CPM); intentamos que uno de nosotros siempre acuda a las ORES (oración al ritmo del Espíritu); nuestra representante asiste a la reunión de representantes de comunidades de la Pastoral de adultos; etc.

Todos los años, en Navidad, organizamos un encuentro con nuestras familias al que invitamos a los antiguos miembros de la comu. Y celebramos el nacimiento de Jesús cantando villancicos y compartiendo turrones y polvorones.

Hemos vivido las Pascuas de varias maneras. En general, al tener niños, solemos incorporarnos a las celebraciones de la parroquia en la medida de lo posible y hacemos esfuerzo para ir todos los que podemos a la celebración de la Pascua de Resurrección y también intentamos acudir a los Ejercicios Espirituales de Guadalupe; cuantos más de nosotros mejor, y siempre que podemos, juntos.

Antes del confinamiento, hacíamos una convivencia en verano con familias para compartir vida y fe. Esa convivencia servía de cierre del curso y previsión del siguiente. Normalmente íbamos a casas de espiritualidad en la sierra madrileña.

Actualmente estamos en un momento de revisión. Al comienzo de este texto comentábamos que somos 9; éramos 12 , pero  al inicio de este curso 3 miembros de la comunidad han decidido no continuar. Por ello, estamos de nuevo en un momento de discernimiento junto con  Fernando, que nos ayuda a reflexionar sobre cómo seguir creciendo, cómo actualizar nuestra misión, visión y valores y qué aprendemos de lo vivido en este tiempo de pandemia para no caer en los fallos que nos han debilitado.

Estamos abiertos como comunidad nuevas incorporaciones y, tratamos de ser flexibles para que todo el que esté se sienta a gusto y pueda conciliar la vida en comunidad con otros aspectos de su vida. Quizás esta característica ha jugado a favor y en contra de la comu. Por un lado, ha permitido estar a gente que apenas podía compartir tiempo y presencialidad, pero a la vez esto hacía más lento el compartir vida y el tomar decisiones de comunidad.

Somos alegres y acogedores;  flexibles y reflexivos (tal vez también un poco lentos) en la toma de decisiones; cumplidores y organizados (siempre tenemos calendario de reuniones compartido en Gcalendar). Somos también cariñosos y detallistas: siempre nos felicitamos los cumples, santos y aniversarios.

Usamos las redes sociales y las apps para sentirnos cerca y compartir más fácilmente aspectos de fe, vida y compromiso.

El futuro nos preocupa e ilusiona a partes iguales.  Creemos que El Espíritu Santo sopla y estamos escuchando lo que tiene que decirnos junto a los Misioneros del Espíritu Santo. Son tiempos difíciles y al tiempo, estimulantes. Seguimos caminando hacia Ítaca disfrutando el día a día con actitud Carpe diem.

Y, como nos dijo Dolores Aleixandre en una ocasión, entendemos y vivimos la Comunidad como un lugar hogareño en el que estar en pantuflas.

Comunidad Promesa

Según tu promesa

“Acógeme Señor según tu promesa y viviré; que no quede frustrada mi esperanza” Sal 119, 116

El grupo Promesa nació en torno a la Eucaristía en un tiempo fértil y superabundante dentro de la Parroquia de Guadalupe.  Como un imán, muchos fuimos atraídos y congregados alrededor del altar de la misa de 11:45. Sergio Delmar MSpS desbordaba su experiencia de Dios y la comunicaba a chorros ante una asamblea embriagada y colmada. En una homilía sobre las Bienaventuranzas proclamaba: “El Señor nos dice: ¡Sé feliz, desenfrenadamente feliz!”. Sergio volcaba esa pasión y esas certezas profundas llenando el ambiente de esperanza.

De su mano, fuimos durante muchos años un grupo atípico y original. Heterogéneos en edad, con situaciones vitales muy diferentes y experiencias en la fe diversas.  Nuestras reuniones de los viernes eran de alto voltaje, un compartir sincero, abierto y comprometido. Y un aprendizaje constante. Primero de todo, el acto de apapachar.  Formábamos parte del área parroquial de las Obras de la Cruz y bajo el buen auspicio de Concha crecíamos en sabiduría, en estatura y en gracia de Dios.

Cuando las Obras de la Cruz desaparecieron del organigrama parroquial, fuimos durante un tiempo como los irreductibles galos: negándonos a entrar con calzador en modelos parroquiales rígidos en los que no nos sentíamos representados.  Pese a nuestra aparente anarquía fuimos el primer y único grupo de la parroquia en admitir a toda persona que se acercara buscando a Dios. Nuestro catalizador, Fernando Artigas MSpS, que nos debía querer mucho, pensaba que la sanación para muchas personas pasaba por formar parte de Promesa. “Bendito sea el Señor que ha dado el descanso a su pueblo Israel, según todas sus promesas; no ha fallado ni una sola de las palabras de bondad que prometió por medio de Moisés su siervo” 1 Re 8, 56. Con todo, nunca nos hemos replegado dentro de nuestros límites comunitarios. Hemos sido agentes de la Pastoral Infantil, ministros de la Liturgia, animadores del CPM, miembros del Consejo Parroquial, de Dignidad y Solidaridad y agentes de la Pastoral Bautismal.

Han pasado 30 años desde aquel comienzo bendecido. Juntos lo hemos vivido todo y, en ese juntos, el nombre de Fernando Artigas MSpS tiene una especial resonancia. Desde el nacimiento a la muerte, nos ha acompañado, como sacerdote, amigo y hermano haciendo de ello una celebración. Su vocación de servicio es el de una madre que se extralimita derramándose por sus criaturas. Una madre que baila rock & roll como nadie y tiene el repertorio de chistes más amplio que se pueda imaginar.

Nuestro lema es “ora et devora” y define bien nuestra esencia. Caminamos hacia Dios orando y ocupándonos de lo concreto. Somos un grupo acogedor y disfrutón. No somos los mismos que empezamos. En el camino, unos han partido y también hemos sido bendecidos con nuevas incorporaciones.  En este tiempo hemos vivido una experiencia de Iglesia: la presencia del Espíritu con los que enferman, marchan lejos a México, Holanda, Australia, Galicia… a un convento o traspasando el velo; allí donde la vocación o la vida nos hayan llevado. Hemos comprobado cómo la distancia se convierte en cercanía y hemos podido disfrutar de la luz de cada uno, reflejo del amor con el que el Señor nos cuida.

En nuestro camino nos ha movido la sed de la cierva en busca de corrientes de agua. En el año 1991 un primer grupo de los más jóvenes desembarcaron en Taizé. El impacto de un templo hecho con lonas y ladrillos a modo de candelabros, iconos orientales, el aroma inconfundible de la campiña francesa y las voces de miles de jóvenes alabando a Dios estremecieron profundamente a esta delegación del grupo Promesa. La reciente caída del muro de Berlín y el encuentro con jóvenes del Este, alrededor de la presencia inconfundiblemente bondadosa del hermano Roger, marcaron un antes y un después en nuestro grupo. Más tarde, fueron acudiendo a Taizé “los mayores” del grupo, que no eran sino jóvenes de treinta y pocos años con sus niños pequeños. Orar con los cantos de Taizé es para nosotros, hasta el día de hoy, una de las formas más bellas de silenciar el ruido interior y abrirnos a la contemplación de Dios.

Años más tarde, el grupo Promesa conoció otra realidad eclesial llena de vitalidad: la de los monjes y monjas cistercienses.  De ellos hemos aprendido a amar la Liturgia de las Horas, el canto de los salmos, la “lectio divina” y la rumia de la Palabra en los paseos por el claustro. Como escuchamos de una monja:

“Un monasterio es un agujero negro, que por su fuerza poderosa, momento a momento, nos va atrayendo hacia su centro. El centro de la vida monástica es Cristo y el ir descubriendo y viviendo sus misterios, nos atrae inexorablemente hacia Él”.

La vida del grupo también se ha ramificado en diversos pueblos rurales del norte de Burgos junto al sacerdote Mario “a secas”. Él, con su carisma hecho de fuego del Espíritu Santo, movilizó durante muchos años a un nutrido número de miembros de Promesa, quienes asistían las necesidades litúrgicas de las aldeas vecinas durante la Semana Santa. Todos ellos, con sus niños pequeños, contribuyeron a dar vida a las celebraciones y maravillosamente, los vecinos siempre aceptaron con naturalidad la presencia de mujeres detrás del altar, oficiando la liturgia de la palabra. Los tiempos con Mario fueron y siguen siendo “kairós”, ocasiones para el encuentro con el Dios más inesperado. Un refuerzo para la esperanza.

Hoy por hoy, cada viernes en el salón parroquial sentimos que volvemos a casa. En ese espacio somos queridos solo porque sí y nos sentimos sostenidos en los momentos dulces y agridulces de la vida. Con Jesús, siempre con Él, la oración vertebra nuestra reunión y nuestra vida. En cada salida al campo, en cada excursión juntos, en cada conversación y, sobre todo, de nuevo entorno al altar de la Eucaristía, reconocemos que Dios ha sido fiel a su promesa. Y seguimos bendiciendo y agradeciendo lo que esté por llegar, felices de tenernos los unos a los otros, abiertos a la esperanza, a la sorpresa y al futuro que construimos en el día a día.

 

Agustina y Manolo M. Isa María y Miguel Ángel
Asun Luisa y Alberto David y Marta
Maite y Manolo P Ana y  Juan Carlos Fernando
Leire y Eduardo    

 

Comunidad Redes

Redes, los comienzos
Redes, los comienzos

REDES es una comunidad veterana. Su origen está en 1998, cuando un grupo de jóvenes-pero-que-muy -jóvenes- respondimos a la convocatoria de nuestra Parroquia de Guadalupe. Empezamos siendo muchos (unos 14), bajo la guía y el ojo atento de Lupe, Juan, Julia y Juanjo. Allí queríamos ponernos en camino para ver si creábamos una comunidad cristiana. Ya sabéis: donde compartir fe, vida y compromiso.

Nuestro nombre surge con el espíritu de tener presentes los lazos que hacen Comunidad, las relaciones entre las personas y las de éstas con Nuestro Padre (estuvimos cerca de llamarnos ‘Redes coloidales’ que químicamente es más preciso para expresar lo que queríamos decir, pero vimos que tenía mucho menos ‘gancho’).

Este grupo, quincena tras quincena, fue pasando la etapa de los jóvenes matrimonios, las complicaciones de ir a Guadalupe con un bebé, o dos. Que los chicos fueran creciendo. Algunas despedidas y otras incorporaciones. Los chicos ya no eran tan niños. Ahora nuestros hijos son “mayores”.

En este momento, REDES es un lugar de acogida. Quizás no tengamos una personalidad muy marcada, pero eso es porque hemos invitado y aceptado a quienes se han sentido llamados por Jesús a vivir la fe de esta manera. Somos algo caóticos, diversos, acogedores, inquietos, confiados. Nos gusta celebrar y sentir al Espíritu en nuestros hermanos de comunidad y en nuestras vidas.

Tenemos un Grupo de WhatsApp para comunicarnos sobre nuestro día a día. Y otro para los chistes y las bromas. Somos bastante guasones.

Desde hace 5 años, a principio de curso nos vamos todos de convivencia un fin de semana. Allí es donde nos ponemos en manos del Padre, compartimos, oramos y programamos todo el curso.

Redes muy bien acompañados en nuestra foto más reciente, el pasado mes de febrero
Redes muy bien acompañados en nuestra foto más reciente, el pasado mes de febrero

Tratamos de combinar: un poco de oración personal e introspección, para estar menos descentrados; una serie de reuniones de oración comunitaria, que nos damos cuenta de que nos hace tanto bien; otras reuniones son para profundizar en temas de fe que nos preocupan o nos interesan. Éstas intentamos que nunca las prepare uno solo, sino 2, 3 o 4 redesianos. De esa manera es más trabajo, pero también es más tiempo de compartir, de vernos (o hablarnos), de tenernos cerca; y luego están las reuniones de vida, donde compartimos lo que nos pasa, cómo lo vivimos y dónde encontramos a Jesús. Además -en el ámbito de nuestras “vidas”- intentamos que cada uno de nosotros se ocupe y esté especialmente atento de uno o dos redesianos. Es nuestra manera de cuidarnos, de estar al quite los unos de los otros, sin crear una maraña complicada de llamadas y WhatsApps.

Las reuniones de vida y las de profundización las solemos empezar con una oración, pues es Jesús quien nos trae a Guadalupe y es en su nombre que nos sentimos llamados. Solemos reunirnos los sábados por la tarde.

Además de la convivencia de principio de curso, otro momento chulo suele ser la Comida de Pascua. Muchos años nos hemos juntados todos los redesianos con nuestras parejas (los que no están en la comu) y nuestros hijos. Suelen ser muy divertidas.

También intentamos ir a los Ejercicios Espirituales de Guadalupe los más de nosotros que podamos, juntos. Suele ser una experiencia muy rica de la Parroquia, hacemos por conocer a otros guadalupanos, disfrutando del Espíritu y de convivencia divertida. Ya dije que somos bastante guasones.

Como es lógico, REDES ha tenido épocas muy buenas, también sus crisis. En este momento, nos sentimos razonablemente maduros para poder escuchar qué tiene el Padre pensado para nosotros y crecer en esa dirección.

Siempre hay algún redesiano dando guerra por la Parroquia: ahora en el coro, y en el pasado en algún grupo de liturgia, de APJ, en la Preparación al Matrimonio, como monitor en la Pastoral de Adultos o en la Pastoral Bautismal. Otros de nosotros tenemos nuestro compromiso en otros lugares. Además, todos intentamos que en nuestro trabajo se vea una forma de hacer: muy cercana, humana, acogedora y atenta a los pequeños, sencilla y diferente.

Es cierto que nuestro contacto con otras comunidades ha sido menor del que nos hubiese gustado. Durante unos años ha podido ser porque teníamos más que suficiente manteniéndonos en pie como REDES. Esperamos haber superado esa etapa, pues ahora nos sentimos más preparados, con más paz.

Desde que vino a España, Marco Antonio está cuidando de nosotros, por lo cual nos sentimos enormemente agradecidos. Es un auténtico privilegio poder contar con él y aprender de su experiencia vital y de oración.

Os escribimos estas líneas desde el confinamiento al que nos obliga este virus que nos tiene, físicamente, más separados. Aún no sabemos cuándo podremos volver a sentarnos alrededor de una mesa o juntarnos en las capillas para orar juntos, pero mientras, seguiremos creando y renovando los vínculos que nos mantienen unidos, como una red.

Nuestra comunidad: “La Vid”

En noviembre de 1994 acudimos a una convocatoria de la parroquia de Guadalupe para formar parte de un nuevo grupo donde compartir fe, vida y compromiso.

Este grupo, jueves a jueves, fue viviendo y compartiendo hasta formar una comunidad: La Vid.

¿Por qué el nombre?

  1. Porque el centro es Jesús, La Vid. Nosotros unidos a Él.
  2. Y porque nos gusta celebrar, y en las fiestas brindamos con el fruto de la vid, el vino. Signo de alegría y celebración.

Nos reunimos los jueves en la parroquia. Cuando podemos intentamos pasar la reunión al viernes para facilitar la asistencia a quien no puede asistir el jueves, por trabajo.

Tenemos un blog donde escribimos la crónica de cada reunión, así todos podemos estar “al día” aunque faltemos. No es lo mismo que vivirlo, claro.

Es muy importante la reunión que programamos para organizarnos antes de empezar el nuevo curso:

Nos juntamos un sábado, a las 10 de la mañana, en una casa y compartimos:

  • Cómo estamos
  • Disponibilidad para este año
  • Elegir el tema a trabajar
  • Formación de comisiones (nos repartimos el trabajo)

Las reuniones, los jueves, las comenzamos con una oración en la capilla. Cada día la preparamos uno de nosotros.

Luego, en la sala, trabajamos el tema elegido para este curso (lo prepara la comisión encargada).

Por último, los que podemos, nos quedamos a charlar compartiendo “la patata”, preparada cada jueves por dos de la comu.

A las 11h, procuramos dar por terminada la reunión.

Hace ya 25 años que empezamos este camino con el apoyo de los pilotos (hoy acompañantes) tanto misioneros como seglares. Gracias a todos por su interés, acompañamiento, cercanía y cariño durante los primeros pasos. Momentos de muchas alegrías y de algún que otro “contratiempo”.

Comenzamos unos 40. Después de tantos años, algunos hermanos siguieron su camino fuera de la comunidad, otros se han incorporado a La Vid. Todos aportando. Cada uno a su manera, según sus posibilidades y momentos.

En 25 años hay muchos días y muchas noches. Ha habido momentos de avance y alegrías, también de tropiezos y discusiones. Todo nos ha ayudado a crecer.

Hemos celebrado en la comunidad: bodas, bautizos y comuniones. También hemos vivido momentos de dificultad, enfermedades y situaciones difíciles. En todo hemos querido acompañarnos.

Celebramos también una Eucaristía de acción de gracias por la vida de Pepa entre nosotros, que terminó el 22 de abril del año 2015. La seguimos teniendo presente. Ella disfruta ya de LA VIDA.

En verano, desde hace ya muchos años, compartimos una semana de vacaciones, en la playa. Vamos con hijos, alguna nieta… pero sobre todo con ganas de convivir con la comunidad “de otra manera”. Y lo disfrutamos. ¡Vaya si lo disfrutamos!

Llegamos buscando a Jesús individualmente, ahora lo buscamos también en comunidad.

En este curso celebraremos nuestras “Bodas de plata”.

Os avisaremos por si queréis compartir con nosotros una Eucaristía de acción de gracias. Aún no tenemos fecha.

Después de la Eucaristía, podremos celebrar con un vinito y “la patata”.

Comunidad Basileia

Ha habido suerte, cuando nos ha pedido la revista una foto de la “comu”, empezamos a buscar y, sí, tenemos una foto reciente de todos, excepto la Delegada que tenemos en Badajoz. Es de la celebración de Reyes de este año.
Poniéndonos históricos hay que decir que la “comu” empezó a rodar en la convocatoria del, entonces, Catecumenado del curso 1993-94, empezando a reunirnos en octubre de 1993. No tenéis más que tirar de calculadora para saber los años que llevamos calentando sillas en Guadalupe. Durante unas pocas reuniones llegamos a ser 40 personas. Se fue reduciendo el número y con subidas y bajadas, entradas y salidas, ahora somos 14, más la Delegada que por razones de trabajo y familia volvió a su tierra.

De los 15 totales, 7 estamos desde el principio, los demás son felices encuentros que nos han ido aportando luz y sal a la comunidad y sin los que hoy no nos entenderíamos. Comunidad Basileia

En los años iniciales con el acompañamiento de Cecilia, Juan Mojarrieta, Domi, el entonces MSpS Gerardo y otros, vimos el significado y la importancia de nuestra colaboración en la presencia del Reino de Dios en este mundo. Por eso cuando propusimos nombres para la comunidad, elegimos BASILEIA, que es la palabra griega con que aparece el Reino en las Escrituras. Es un nombre con el que, realmente, nos encontramos muy a gusto.

Durante los primeros años nos ocupamos de consolidar el grupo con actividades conjuntas, fines de semana de trabajo y ocio, vacaciones comunitarias, etc.; todo esto nos ayudó a conocernos, valorarnos y unirnos.

Siempre hemos sido una comunidad muy heterogénea: en situaciones personales, edades y talantes; y siempre lo hemos querido ver como una oportunidad de crecimiento personal y comunitario, más que como un inconveniente. Con todo ello, claro que ha habido conflictos y nos han servido para ser más tolerantes y comprensivos, sintiendo profundamente la marcha de los que se fueron, a los que deseamos lo mejor.

En cuanto a nuestro funcionamiento destacamos algunos momentos. Al principio del curso hacemos una programación en la que consensuamos, generalmente, 2 temas, a desarrollar en los dos cuatrimestres en que dividimos el curso. Nos reunimos todos los jueves por la tarde, salvo que haya una previsión de una asistencia muy minoritaria. Solemos empezar con media hora de oración, para seguir con el tema que estemos desarrollando o algún otro que sea necesario tratar en ese momento. Dedicamos especial atención a los tiempos litúrgicos de Adviento y Pascua con una reunión específica. Procuramos asistir en un número significativo a alguna de las tandas de los ejercicios parroquiales.
Como señas de identidad destacamos:

– Como eje central en el que se apoya nuestra marcha comunitaria, una identificación plena con el objetivo general de las comunidades de compartir Fe, Vida y Compromiso; como camino para facilitar lo que entendemos que es el fin último de la comunidad: el encuentro personal con Jesús, cada vez más profundo y transformador.

Seguimiento de Jesús y apertura al Espíritu. Como no podía ser de otra manera, Jesús y sus enseñanzas a través de las Escrituras y otros textos, es la permanente referencia para nuestros comentarios, posiciones y actuaciones. Mejor decirlo con palabras de Jesús: es el camino, la verdad y la vida, pretendiendo ser un signo de su presencia en un mundo generalmente contrario a sus valores, aunque estos barnicen muchas actitudes y costumbres de nuestras tradiciones y consensos populares.

Perseverancia. En los momentos más bajos de ánimo, por varias salidas de la comunidad u otras circunstancias, contemplamos la necesidad de recurrir a un “ ojo externo ” y así lo hemos hecho. Resumiendo en una frase su aportación ha sido la de RECONOCER LA REALIDAD, como la más potente palanca de cambio en lo individual y grupal. Fue muy útil y supuso un debate y discernimiento comunitario. El primer resultado del debate ha sido la decisión de perseverar y mantener el esfuerzo comunitario, reconociendo lo que nos enriquece a cada uno. El resultado es nuestra permanencia, ya, un tanto larga.

Comunidad acogedora. El otro resultado del discernimiento comunitario ha sido una clara decisión de apertura, como expresión de nuestro sentir fraterno y solidario con quienes quieran acercarse a nosotros. Dejamos que la realidad del entorno transforme la comunidad.
Y la ha transformado, nos ha transformado, positivamente, con la incorporación de personas que han aportado y aportan nuevas visiones, profundidad de planteamientos y una reducción en la media de edad. Todo ello bueno para la marcha de la comunidad y potenciador de un sentido afectivo y sano de pertenencia, lejos de exclusivismos.

Comunidad viva. Nos olvidamos de rigideces en los temas que tratamos y estamos muy atentos a lo que nos va pasando a cada uno, dejándonos afectar por las problemáticas particulares, dificultades personales o temas puntuales que sea necesario comentar. Somos celebrativos en Navidad, Reyes, cumpleaños y lo que se va presentando.

Compromiso parroquial. Bastantes de los componentes del grupo participan, o han participado, en las diferentes áreas parroquiales: Pastoral de Adultos, como responsables de la pastoral y acompañantes; Comisión de Economía, Equipos de Liturgia; miembros del Consejo Pastoral y de la Coordinadora de la P.A.; Pastoral Bautismal; C.P.M. y miembros de la directiva y socios de Dignidad y Solidaridad.

Compromiso social. Personalmente colaboramos, o hemos colaborado, en diversas ONG: Alternativa en Marcha, Amnistía Internacional, Jesús Caminante, Acope, Comunidad de Asís y Karibu. También es un signo del compromiso social comunitario el Fondo económico que anualmente vamos ajustando a los proyectos que nos llegan y a nuestras posibilidades. Preferentemente apoyamos proyectos educativos y de desarrollo en el tercer mundo y de carácter más asistencial en el cuarto mundo. No tenemos un Proyecto comunitario en que estemos todos implicados, pero sí vivimos comunitariamente los proyectos en que cada uno participamos.

Puntos débiles. Que también los hay. 1º Una cierta dispersión al tratar temas difíciles, en los que nos cuesta ser concretos y claros. 2º La veteranía del grupo, con edades entre los de 80 y 50 años y los muchos compromisos familiares y sociales que conlleva, lo que hace que la atención en la comunidad se vea un poco debilitada.

Lo mejor que se puede decir de la comunidad y de nuestra cercanía mutua, es lo que uno de nosotros dijo: “ES UN ÁMBITO EN EL QUE NO NECESITO FINGIR LO QUE NO SOY”.

Bueno, el contador de Word dice que ya estamos en las palabras adecuadas para el espacio que tenemos, así es que nos despedimos hasta que nos veamos, cualquier día, por los pasillos, salas o capillas de nuestra querida Guadalupe. Abrazos a todos.


BASILEIA.