Comunidad Promesa

Según tu promesa

“Acógeme Señor según tu promesa y viviré; que no quede frustrada mi esperanza” Sal 119, 116

El grupo Promesa nació en torno a la Eucaristía en un tiempo fértil y superabundante dentro de la Parroquia de Guadalupe.  Como un imán, muchos fuimos atraídos y congregados alrededor del altar de la misa de 11:45. Sergio Delmar MSpS desbordaba su experiencia de Dios y la comunicaba a chorros ante una asamblea embriagada y colmada. En una homilía sobre las Bienaventuranzas proclamaba: “El Señor nos dice: ¡Sé feliz, desenfrenadamente feliz!”. Sergio volcaba esa pasión y esas certezas profundas llenando el ambiente de esperanza.

De su mano, fuimos durante muchos años un grupo atípico y original. Heterogéneos en edad, con situaciones vitales muy diferentes y experiencias en la fe diversas.  Nuestras reuniones de los viernes eran de alto voltaje, un compartir sincero, abierto y comprometido. Y un aprendizaje constante. Primero de todo, el acto de apapachar.  Formábamos parte del área parroquial de las Obras de la Cruz y bajo el buen auspicio de Concha crecíamos en sabiduría, en estatura y en gracia de Dios.

Cuando las Obras de la Cruz desaparecieron del organigrama parroquial, fuimos durante un tiempo como los irreductibles galos: negándonos a entrar con calzador en modelos parroquiales rígidos en los que no nos sentíamos representados.  Pese a nuestra aparente anarquía fuimos el primer y único grupo de la parroquia en admitir a toda persona que se acercara buscando a Dios. Nuestro catalizador, Fernando Artigas MSpS, que nos debía querer mucho, pensaba que la sanación para muchas personas pasaba por formar parte de Promesa. “Bendito sea el Señor que ha dado el descanso a su pueblo Israel, según todas sus promesas; no ha fallado ni una sola de las palabras de bondad que prometió por medio de Moisés su siervo” 1 Re 8, 56. Con todo, nunca nos hemos replegado dentro de nuestros límites comunitarios. Hemos sido agentes de la Pastoral Infantil, ministros de la Liturgia, animadores del CPM, miembros del Consejo Parroquial, de Dignidad y Solidaridad y agentes de la Pastoral Bautismal.

Han pasado 30 años desde aquel comienzo bendecido. Juntos lo hemos vivido todo y, en ese juntos, el nombre de Fernando Artigas MSpS tiene una especial resonancia. Desde el nacimiento a la muerte, nos ha acompañado, como sacerdote, amigo y hermano haciendo de ello una celebración. Su vocación de servicio es el de una madre que se extralimita derramándose por sus criaturas. Una madre que baila rock & roll como nadie y tiene el repertorio de chistes más amplio que se pueda imaginar.

Nuestro lema es “ora et devora” y define bien nuestra esencia. Caminamos hacia Dios orando y ocupándonos de lo concreto. Somos un grupo acogedor y disfrutón. No somos los mismos que empezamos. En el camino, unos han partido y también hemos sido bendecidos con nuevas incorporaciones.  En este tiempo hemos vivido una experiencia de Iglesia: la presencia del Espíritu con los que enferman, marchan lejos a México, Holanda, Australia, Galicia… a un convento o traspasando el velo; allí donde la vocación o la vida nos hayan llevado. Hemos comprobado cómo la distancia se convierte en cercanía y hemos podido disfrutar de la luz de cada uno, reflejo del amor con el que el Señor nos cuida.

En nuestro camino nos ha movido la sed de la cierva en busca de corrientes de agua. En el año 1991 un primer grupo de los más jóvenes desembarcaron en Taizé. El impacto de un templo hecho con lonas y ladrillos a modo de candelabros, iconos orientales, el aroma inconfundible de la campiña francesa y las voces de miles de jóvenes alabando a Dios estremecieron profundamente a esta delegación del grupo Promesa. La reciente caída del muro de Berlín y el encuentro con jóvenes del Este, alrededor de la presencia inconfundiblemente bondadosa del hermano Roger, marcaron un antes y un después en nuestro grupo. Más tarde, fueron acudiendo a Taizé “los mayores” del grupo, que no eran sino jóvenes de treinta y pocos años con sus niños pequeños. Orar con los cantos de Taizé es para nosotros, hasta el día de hoy, una de las formas más bellas de silenciar el ruido interior y abrirnos a la contemplación de Dios.

Años más tarde, el grupo Promesa conoció otra realidad eclesial llena de vitalidad: la de los monjes y monjas cistercienses.  De ellos hemos aprendido a amar la Liturgia de las Horas, el canto de los salmos, la “lectio divina” y la rumia de la Palabra en los paseos por el claustro. Como escuchamos de una monja:

“Un monasterio es un agujero negro, que por su fuerza poderosa, momento a momento, nos va atrayendo hacia su centro. El centro de la vida monástica es Cristo y el ir descubriendo y viviendo sus misterios, nos atrae inexorablemente hacia Él”.

La vida del grupo también se ha ramificado en diversos pueblos rurales del norte de Burgos junto al sacerdote Mario “a secas”. Él, con su carisma hecho de fuego del Espíritu Santo, movilizó durante muchos años a un nutrido número de miembros de Promesa, quienes asistían las necesidades litúrgicas de las aldeas vecinas durante la Semana Santa. Todos ellos, con sus niños pequeños, contribuyeron a dar vida a las celebraciones y maravillosamente, los vecinos siempre aceptaron con naturalidad la presencia de mujeres detrás del altar, oficiando la liturgia de la palabra. Los tiempos con Mario fueron y siguen siendo “kairós”, ocasiones para el encuentro con el Dios más inesperado. Un refuerzo para la esperanza.

Hoy por hoy, cada viernes en el salón parroquial sentimos que volvemos a casa. En ese espacio somos queridos solo porque sí y nos sentimos sostenidos en los momentos dulces y agridulces de la vida. Con Jesús, siempre con Él, la oración vertebra nuestra reunión y nuestra vida. En cada salida al campo, en cada excursión juntos, en cada conversación y, sobre todo, de nuevo entorno al altar de la Eucaristía, reconocemos que Dios ha sido fiel a su promesa. Y seguimos bendiciendo y agradeciendo lo que esté por llegar, felices de tenernos los unos a los otros, abiertos a la esperanza, a la sorpresa y al futuro que construimos en el día a día.

 

Agustina y Manolo M. Isa María y Miguel Ángel
Asun Luisa y Alberto David y Marta
Maite y Manolo P Ana y  Juan Carlos Fernando
Leire y Eduardo