Encuentro con Crismhom

El sábado 7 de marzo celebramos, en el Salón Parroquial, una eucaristía la PJV junto con la comunidad de Crismhom.

¿Qué es Crismhom? Como yo misma no lo sabía muy bien, y no quería ser tan cutre de buscarlo en internet, se lo pregunté a quién estuvo sentado a mi lado en la misa; ahora espero transcribir bien lo que me dijo, sin inventarme nada. “Crismhom es… como una especie de asociación, pero religiosa. Es un grupo de gente que nos reunimos para compartir nuestra fe y acompañarnos unos a otros. Y tenemos varios proyectos: está el grupo de padres, las oraciones de los jueves, una misa de jóvenes una vez al mes, el proyecto de escucha…”.

¿Y quiénes forman la comunidad de Crismhom? Mucha gente, desde luego. Jóvenes, adultos, padres, que tienen una orientación sexual que la Iglesia muchas veces no ha sabido abrazar. Esto nos permite descartar la heterosexualidad.

Sabiendo esto, os cuento cómo fue el encuentro. Primero celebramos una eucaristía, que la había preparado el grupo de IC1 de la PJV. Como decía, estábamos la PJV, varios jóvenes de Crismhom, y también nos acompañaban Josué y Fernando MSpS y María Luisa Berzosa, religiosa de la Congregación de las Hijas de Jesús.

En mi opinión, la eucaristía era la excusa, o por decirlo más bonito, el medio para encontrarnos y conocernos. Podríamos haber pasado directamente a la segunda parte, (spoiler) cenar juntos unas pizzas, pero no habría sido lo mismo. Al fin y al cabo, ¿qué teníamos tod@s l@s que estábamos allí en común? Supongo que la fe, aunque creo que puede ser más acertado decir “el deseo de una fe que nos empuje a acercarnos a los demás”.

La misa fue participativa, y empezamos conociéndonos: mezclándonos y hablando con quienes teníamos a los lados. Me recordó a aquello de “Siempre que se reúnan dos en mi nombre, ahí estaré yo también”. No es algo que sepa explicar, simplemente es algo que sentí: Dios estaba presente.

Dios siempre está presente en el amor. Da igual si es entre hombre y mujer o si es entre dos mujeres, o entre dos hombres. ¿Por qué nos ponemos a clasificar qué “sí” y qué “no” puede entrar en el amor de Dios? Porque no nos damos cuenta de que es más sencillo…

Mi compañero de al lado también me contó que él colabora en un proyecto que tienen en Crismhom que es el proyecto de escucha. “Pues consiste básicamente en escuchar a la gente que viene por primera vez, y hacerles ver que en Crismhom son aceptad@s. Muchas veces es gente mayor, adulta. Es gente que se había acostumbrado a no ser aceptada por la Iglesia, a pesar de compartir una misma fe.”

En la homilía, a cargo de María Luisa (sí, una mujer), primero hablamos con quienes teníamos cerca sobre qué nos habían sugerido las lecturas y después, quien quiso lo compartió en alto con el resto. Esta forma de vivir la eucaristía, tan participativa y horizontal, no es realizable en todos los contextos, claro está. Pero me gusta que siempre que se pueda se aproveche.

Creo que no tengo mucho más que decir, porque no guardo los recuerdos de ese momento con palabras. Y, aun sintiéndome profeta, tampoco me veo con la capacidad ni la potestad de poder seguir expresando lo que fue ese encuentro, porque además creo que a cada una de las personas que lo vivimos pudo suscitarnos algo diferente.

Por una parte, sé que con ese encuentro sembramos una semilla de esperanza y fraternidad que está empezando a germinar dentro de la Iglesia, una Iglesia que comienza a acoger al colectivo LGTBI+. Y me siento afortunada de haber vivido ese encuentro. Pero, por otra parte, espero y deseo poder dejar de considerar ese momento como algo tan asombroso, tan especial, para que empiece a formar parte de la cotidianeidad el acoger y abrazar la diferencia.

Creo que eso puede hacerse desde Él, sin negar nuestras diferencias, acercarnos desde nuestras similitudes.

Nerea López IC2