Eucaristía con nuestro Arzobispo

La comunidad de Misioneros del Espíritu Santo cursó una invitación al Cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, para acompañar a toda la comunidad parroquial en la celebración posterior a la beatificación de Concha Cabrera, inspiradora de la espiritualidad de la Cruz.

Por problemas de agenda no era posible su presencia en la fecha más cercana a la beatificación, por lo que Carlos propuso acompañarnos en la eucaristía de 12 del domingo 31 de marzo.

Como es habitual por sus múltiples compromisos, llegó con el tiempo justo para el inicio de la eucaristía que concelebró con el vicario Juan Carlos Vera y la comunidad de Misioneros. Fue una celebración sencilla con palabras cercanas en las que se invitó a todos los presentes a seguir el ejemplo de Conchita como laica comprometida, conocedora de su dignidad y de su responsabilidad en la transmisión del mensaje de Jesús.

Tras la celebración Carlos se dirigió a la puerta central del templo para saludar a todos los asistentes y tuvo momentos de reencuentro con feligreses que habían compartido experiencias con él hace más de 35 años en su tierra natal, Cantabria. Posteriormente el cardenal comió en la casa parroquial con la Comunidad de Misioneros, un muy grato momento para compartir.

«Santidad laica». Nos vamos de ejercicios con Guadalupe

Es viernes por la tarde y nos vamos de ejercicios a la casa de los Padres Capuchinos del Cristo del Pardo. Ha sido un día raro, es la primera vez que vamos de ejercicios con Guadalupe, y no sé si decir que la primera vez que vamos de ejercicios siendo adultos.

Bueno, nos tenemos que presentar, somos  Charo y Pedro, tenemos tres hijos, llevamos 30 años viviendo muy cerca de la parroquia y hemos asistido a la eucaristía en numerosas ocasiones. A lo largo de este tiempo en muchos momentos nos propusimos implicarnos un poco más con nuestra fe, pero con todos los líos de la vida (el trabajo, los hijos la pereza….) lo fuimos posponiendo, nos quedamos en nuestra vida, o como se dice ahora, nos quedamos en “nuestra zona de confort”; desde hace aproximadamente año y medio estamos realizando la Pastoral de Adultos y este año decidimos hacer los ejercicios en marzo.

La verdad que estábamos un poco preocupados, nos habían comentado que este año iban a ser unos ejercicios distintos más basados en el silencio, la oración y la espiritualidad de la Cruz. Pensé que sería mejor que nos fuéramos en nuestro coche por si la cosa se ponía muy mal y nos teníamos que volver, la verdad que ha sido todo lo contrario, es lo que os intentaremos contar a continuación.

Andrea, una compañera de la pastoral de adultos, Maruja, ya veterana en estas lides, que nos había llamado porque no tenía medio de transporte y nosotros llegamos sobre las 7,30 de la tarde a El Pardo.  La acogida fue fantástica, como siempre cariñosos, cercanos y amables, en fin, qué os vamos a contar, todos conocéis como es la gente de Guadalupe; la casa de ejercicios, que ya conoceréis muchos, es un lugar privilegiado tanto por la paz que hay,  como por la hospitalidad y amabilidad  que te brindan desde el primer momento,  un sitio precioso. No pudimos tener mejor comienzo, pero lo mejor fue lo que siguió.

Los ejercicios estuvieron basados en el lema de Guadalupe de este año: ESCUCHA-ORA-TRANSFORMA, y se estructuraron en estos tres bloques que fueron desarrollándose con charlas seguidas de un amplio tiempo de reflexión, silencio y oración:

.- Primero hablamos de la escucha, del silencio necesario para poder escuchar la voz de Dios, escuchar la realidad que nos rodea con el fin de poder transformarla, pero no de cualquier forma,  nuestra transformación tiene que ser a la luz de Dios.

.- En segundo lugar de la oración, con especial dedicación a la mística y la espiritualidad de Concepción  Cabrera de Armida “Conchita”, una espiritualidad  muy avanzada para su tiempo y también  en la actualidad, con su invitación de seguir a Jesús en su capacidad de amar,  y su propuesta de  santidad laica;  un verdadero regalo.

.- Por último de la transformación, la santidad; haciendo  especial hincapié en la llamada del Papa Francisco a la santidad en su exhortación “Gozaos y Regocijaos”. La tarea del ser humano no es hacer  cosas sino hacerse a si mismo,  tomando conciencia de nuestro verdadero ser,  y vivir esa realidad identificándonos con Jesús.

Sobre estos tres pilares se fueron desarrollando los días de ejercicios, la verdad es que nosotros hasta ahora nunca habíamos hecho unos ejercicios así. En la mayoría de los retiros que hemos ido -no sé muy bien qué diferencia hay entre retiros y ejercicios-, el trabajo lo realizaban otros. En estos hemos tenido que trabajar mucho, ha sido un trabajo de búsqueda en nuestro interior, un trabajo a la vez  difícil y gratificante.

Fuimos pensando en recibir unas bonitas charlas y reflexiones por parte de los misioneros y coordinadores, Fernando, Marco Antonio, Ángeles etc., y resulta que esas charlas y reflexiones las hemos tenido que construir nosotros, buscando en nuestro interior.  Pocas veces habíamos trabajado el silencio interior -que  también necesita del exterior-y la verdad es que a partir de ahora pensamos seguir trabajándolo, buscando en nuestro interior para intentar conocernos mejor y  así poder escuchar la voz de Dios. Muchas veces rezamos, pero escuchamos poco, o por lo menos a nosotros nos pasa, seguramente porque nuestra vida está llena de ruidos que nos impiden oír al Padre; la hemos llenado nosotros con nuestra mundanidad, nuestras ganas de destacar, de ser visibles a todos.

A lo largo del  fin de semana de ejercicios ha  habido cosas que se nos han quedado grabadas, una frase; “ser Santo significa ser yo mismo, lo difícil es saber quién soy yo” , otra,  antes de que una persona pueda ser santa debe ser ante todo persona, con toda su fragilidad, son conceptos que  nos han llegado al corazón y que nos han hecho reflexionar sobre lo que le pedimos a la vida.

Hemos sacado una conclusión de estos ejercicios, y es que lo que antes nos parecía una cosa de extraterrestres, incluso una ñoñería de abuelitas, ahora queremos que sea uno de los objetivos de nuestra vida 

QUEREMOS SER SANTOS

Santos de los de la puerta de al lado, como dice el Papa Francisco, santos de los que quieren construir un mundo más fraterno, más humano, un mundo mejor, santos en las cosas cotidianas que hacen felices a las personas que los rodean. Una santidad que consiste en promover en la sociedad un nivel de vida más humano, en, como dice otra de las frases que se nos han quedado, “en humanizar la humanidad”.

Lo mejor es que para lograr este objetivo no tenemos que salir de nuestra realidad, no tengo que pedirme o ponerme metas que no puedo conseguir, no tengo que esperar nada de “fuera”, Dios ya nos lo ha dado todo, solo tengo que hacer todo lo mejor que pueda y sepa, con mis debilidades y defectos, con el fin de construir el Reino de Dios aquí y ahora, en la medida de mis posibilidades.  Tengo que vivir mi vida con el espíritu de Jesús.

Lo más importante que podemos decir después de los ejercicios es GRACIAS:

.- Gracias por habernos abierto los ojos para poder ver la realidad de otra manera.

.- Gracias por decirnos que la santidad es también para nosotros, con todo lo que Tú sabes que tenemos en nuestro corazón.

.- Gracias por renovarnos, por hacer que pueda comprender que “en mi debilidad“ Tú te haces grande y me haces santo.

Además de dando las gracias a Dios y a todos los que han colaborado en los ejercicios, nos gustaría terminar con un poema de San Agustin que leyó Marco Antonio al terminar una de sus intervenciones, seguro que muchos lo conocéis, a nosotros nos transmitió la presencia y el encuentro con Dios:

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

Un fuerte abrazo para todos.

Charo y Pedro. Grupo de Pastoral de Adultos.

Charla. Desafios de hoy y doctrina social de la Iglesia

El pasado 22 de febrero el Grupo de Acción Social organizó en Guadalupe una charla sobre los “Desafíos de hoy y Doctrina Social de la Iglesia”, impartida por José Luis Segovia,  “Josito”, sacerdote, abogado, educador vinculado al mundo de la marginación, Vicario Episcopal de Pastoral e innovación y profesor del Instituto Superior de Pastoral de la Universidad de Comillas.

El tema, de gran actualidad y de profunda importancia para todos los que nos sentimos Iglesia. El ponente, una persona conocida y comprometida, que habló desde su profundo conocimiento del tema, pero también desde su experiencia vital. La asistencia fue impresionante, con un salón de actos lleno hasta la bandera.

Josito comenzó la charla explicando que hay un hecho que nos une a todos los hombres, creyentes y no creyentes, y es que nadie quiere el dolor, evitable, que supone la injusticia. Hay un segundo hecho, que atañe a los cristianos, y es que el Cristianismo no es una religión de espaldas al sufrimiento humano ni tampoco es una religión teórica: su dinamismo es de respuesta. Dios ha puesto en el centro al hombre (Mateo, 25). Por tanto, hacemos del mundo un infierno cuando nos alejamos del plan de Dios, como ya se ve en el Libro del Génesis.

 

 

Escucha la charla completa

Nos recomendó el libro “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, que recoge los principios y valores de la DSI, iniciada por el Papa León XIII a finales del siglo XIX. La DSI nos ayuda a una lectura creyente de la realidad y tiene como objetivo aliviar el sufrimiento de los hombres. Está construida sobre tres supuestos: no se puede experimentar al Dios encarnado de espaldas a los que sufren. Tenemos que acercarnos al mundo con una mirada amable y crítica al mismo tiempo, aceptando la diversidad, ya que “el otro” nos permite acceder al misterio de Dios, el Totalmente Otro. Y, finalmente, la DSI nos coloca al pie de la Cruz, fijos los ojos en el Señor; y es desde ahí y desde su mirada, desde donde nos podremos acercar a los crucificados del mundo.

Sol Valero de Bernabé
(G.A.S.

Comunidad Epheta

Esta gente de la foto es la Comunidad Epheta. Si contáis detenidamente veréis que ahora somos 17 miembros y miembras, pero hemos llegado a ser 20 o 22. Bueno, en realidad, hay más ephetianos por el mundo, pero ellos no lo saben.

Epheta significa “ábrete” en arameo, y aparece en el Evangelio en boca de Jesús para liberar, discretamente, a una persona tartamuda y sorda, lejos del espectáculo milagroso que esperaba presenciar la multitud.

De la misma manera, podríamos decir que nuestra comunidad es ese espacio donde aprendemos a escuchar y compartir la vida con pausa, al margen del ruido y las prisas de nuestro día a día, gracias al Espíritu que nos mueve desde el interior de cada una.

Bueno, lo de compartir la vida es fundamental en Epheta, ahora, lo de que sea con pausa, pensándolo más despacio, ya es otro cantar. La vida tiene su propio ritmo y eso es una cosa que en nuestra comunidad tenemos muy interiorizado. Hay que dejarla fluir y adaptarnos a la música que nos vaya marcando, aunque a veces nos cambie el compás y demos un traspié. Para eso estamos en comunidad, para que los que en ese momento han “pillao” mejor el baile, nos ayuden a recuperar de nuevo el paso.

Somos el resultado de una red de amistades tejidas durante muchos años y eso nos hace fuertes en lo afectivo. Hemos compartido mucha vida, buenos y duros momentos, y no dejamos de aprender cómo aceptar al otro y cómo cuidarlo, aunque no siempre sea fácil. Eso es muy importante y más ahora que nos acercamos a unas edades “maravillosas” en las que, además de necesitar gafas, nos va a hacer falta incorporar otras herramientas, entre las que destacan la  paciencia y la sabiduría para convivir: ¿quién nos va a aguantar mejor que un hermano de comunidad que ya se está poniendo igual de insoportable que nosotros mismos?

A pesar de la acumulación de experiencias que no de años, las ephetianas (alternaremos femenino y masculino, tal y como hemos aprendido en nuestros cursos intensivos de feminismo), como las cazadoras-recolectoras, tendemos a involucrarnos en aquellos ámbitos donde nos movemos; trashumantes y despiertas, somos malas espectadoras. Es verdad que el único proyecto que compartimos la práctica totalidad de nosotros es Guadalupe, pero la variedad de compromisos individuales o colectivos, dentro y fuera de la Parroquia, nos enriquecen.

Somos una comunidad que, como otras muchas, se dispersa cuando se centra demasiado en sí misma y se pone en movimiento cuando toma contacto con la realidad.

Hablando de movimiento, una de las tradiciones más bonitas que mantenemos es la del Camino de Santiago. Este año será la octava edición y el modelo está ampliamente aceptado por todos o casi todos: 3 días de caminata con un efecto entre milagroso y preocupante, pues solemos volver con unos cuantos kilos de más. Incomprensible después de tanto ejercicio. Debe ser que tenemos que reducir las pausas que decíamos antes o nuestra curiosidad por los productos y tradiciones populares.

 En lo que se refiere a nuestra espiritualidad compartida, estamos en búsqueda, respetando siempre la diversidad de sensibilidades y, sobre todo, las dudas que a unas detienen y a otras espolean para seguir adelante. Guadalupe ha sido y es el marco (sin alusiones a ningún “mispi”, en particular) de nuestra libre elección por el seguimiento de un Jesús de Nazareth que no deja de interrogarnos desde la sencillez y claridad de su mensaje. Con el tiempo, a ese marco le hemos ido añadiendo otros referentes que suman y no restan, y que merece la pena mencionar: el silencio, la naturaleza, la contagiosa experiencia de nuestras hermanas de Suesa, el acercamiento a situaciones de dolor o injusticia.

No muy lejos de la espiritualidad, otra mirada que transforma la realidad y de la que nos servimos para contemplar la vida, es el sentido del humor. Nos gusta la fiesta, quizá en exceso, somos ruidosos, escandalosas, nos gusta cantar, aunque ya no afinamos como antes, incluso bailar, y contar chistes malos, aunque nuestros hij@s puedan sentirse un tanto avergonzad@s por todo ello.

No en vano, somos una mezcla explosiva, casi como el arca de Noé, pues contamos con varias exóticas “parejas”: dos fotógrafos, uno nipón y otro patrono de su barrio; una argentina de Córdoba y una de Córdoba que no es argentina; dos de Jaén, Jaén; un “gato” y un manchego, dos maestras, dos abogad@s, dos jubilad@s, dos arquitect@s, dos parad@s que no paran, un cardiólogo y un vendedor que no son pareja, pero que suman dos. En fin: un “guirigay” como la vida misma. Pero esto no acaba aquí. Nuestra comunidad  sigue creciendo, fundamentalmente en número de nietos. Tener un nieto está de moda en Epheta. Y ellos y ellas nos recuerdan que la vida continúa y que lo mejor está por venir.

Madrid lugar de Encuentro

“La hospitalidad nos acerca, más allá de las diferenciase incluso de las divisiones que existen, entre cristianos,entre religiones, entre creyentes y no creyentes,entre pueblos, entre opciones de vida u opiniones políticas.”

En la vida, se dan oportunidades únicas. Que Taizé venga a tu ciudad es una de ellas. Nunca he tenido la oportunidad de viajar a Taizé, pero sí de escuchar a amigos que han viajado hasta allí y han compartido la experiencia conmigo. Movido por la ilusión y experiencia de mis amigos en Taizé, decidí participar en esta aventura en Madrid, de la cual me siento muy agradecido.

En la Parroquia Nª Sª de Guadalupe se tenían muchas expectativas puestas, expectativas que se supieron transmitir a los jóvenes de la parroquia. Mis ganas de conocer la experiencia Taizé, y mi predisposición a echar una mano me llevaron a colaborar en las actividades de la parroquia y en la acogida de peregrinos en casa.

El equipo que se formó en Guadalupe era muy diverso, personas de distintas edades se juntaron por una misma razón: su vínculo con Taizé. En el equipo había mucha alegría e ilusión por la llegada de los hermanos de Taizé a la ciudad de Madrid. Eso se supo transmitir y contagiar entre los componentes del grupo, que nos combinamos para poder sacar el encuentro y sus actividades adelante. A mí me tocó la acogida de los peregrinos y ayudar con la fiesta de las naciones del 31 por la noche. El inicio y el final del encuentro. Tuve la suerte de ver caras de alegría o nervios del primer día, y euforia por lo vivido de la última noche. Tuve la suerte de colaborar con la bienvenida y en la preparación de la fiesta final, culmen del encuentro.

¿Cómo introducir una de las cosas más bonitas que tienen estos encuentros? Este año, el encuentro iba dirigido a la hospitalidad. La apertura de nuestras casas, abrir las puertas a las personas que vienen desde distintas regiones del mundo es pura magia. La magia de poder compartir tu techo con distintas culturas, distintas lenguas, y una misma creencia. En mi casa estuvieron dos polacos, una alemana y dos suizos, mi casa parecía una conferencia de la ONU, donde cada uno compartía su cultura, hablaba de su lugar de procedencia y nos contaba cómo o qué les había llevado hasta el encuentro de Madrid. Por las noches, mi casa parecía una fiesta de pijamas. Sin duda, el ambiente era festivo. La alegría se sentía en cada poro de la piel. El cansancio provocado por un día vivido de forma muy intensa, lleno de actividades, yendo de un lado a otro de la ciudad, no impedía que cada noche nos sentáramos en el salón a compartir lo vivido. De forma improvisada compartíamos cómo había sido el día, qué cosas nos habían sorprendido más, o qué lugares nuevos habían conocido de la ciudad.

 

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Entrar en el salón del IFEMA, ver a una multitud de personas sentadas y muchas más entrando, impresiona. Cientos de jóvenes se reunían convocados por los hermanos de Taizé. Ya había asistido a alguna oración al estilo Taizé, pero nunca había participado de un encuentro de Taizé o había ido a Taizé. Una cosa es que te cuenten su experiencia en Taizé y otra vivir la experiencia uno mismo con personas de otras partes del mundo. Sentarse todos juntos, el coro cantando, escuchar las lecturas, compartir las reflexiones, rezar juntos. La vivencia, realmente, es conmovedora.

No puedo olvidar la reflexión del lunes 31, el hermano Alois nos hacía una reflexión que me llegó a lo más profundo del corazón y me llenó de alegría para comenzar el nuevo año soñando.

La experiencia de comunión que hemos vivido estos días nos estimula y nos anima a asumir compromisos concretos por la paz. […] Querría indicar brevemente tres desafíos que me parecen importantes. El primero, reducir la brecha entre ricos y pobres. ¿Podríamos, en pequeños grupos en nuestras Iglesias, estar más atentos a situaciones de pobreza? […] Un segundo desafío urgente es sin duda la acogida de los migrantes y refugiados. Apoyemos las iniciativas locales e internacionales que buscan brindarles más seguridad y justicia. […] Pero una cosa es segura: no habrá soluciones sin relaciones personales con aquellos que buscan refugio o un futuro mejor en otros países. Y este tercer camino: la paz entre los seres humanos requiere solidaridad con la creación. Nuestro maravilloso planeta está amenazado por la sobreexplotación de sus recursos, las diferentes formas de contaminación y la pérdida de la biodiversidad. Y esto lleva a injusticias y violencias entre los seres humanos.

El mensaje es claro y directo, como el mensaje de Jesús. Es la última tarde de meditación y oración juntos, y nos invita a ser jóvenes activos, pero no de cualquier forma, sino activos por la paz, activos en la pobreza, activos en la hospitalidad y activos en el ecologismo. Activos por la justicia, esa justicia que Jesús sueña que se haga realidad a través de nuestras manos. El Espíritu nos impulsa a los jóvenes a crear Reino, a hacer de este mundo un lugar más humano y digno en el que vivir y convivir.

Reviviendo esta reflexión del Hermano Alois, me vienen a la mente los grupos de reflexión. ¡Son como pequeñas comunidades interculturales! Dentro de los grupos de reflexión encontré la Fe vivida por personas de distintas lenguas, culturas y regiones. Qué belleza poder hablar de ese sueño que Jesús de Nazaret tiene para nosotros, compartir cómo se vive la Fe en Egipto, Polonia, Francia o Suiza, o escuchar lo que el Padre les transmite en cada oración. La vida en comunidad es muy importante para crecer en la Fe. Convivir con hermanas y hermanos que creen en Dios, u otro Ser de Amor sin importar el nombre, crecer y poner en práctica ese proyecto de Amor es un regalo.

No puedo estar más agradecido de esta vivencia. Agradecido a los hermanos de Taizé por la oportunidad de tener estos espacios y de congregar a jóvenes de otras regiones para que compartan juntos. Agradecido a la Parroquia Nª Sª de Guadalupe por la acogida y la apertura de sus puertas a este encuentro. Al equipo que hizo esta acogida posible, y me dieron la oportunidad de acercarme a esta experiencia tan enriquecedora. A todas y todos los jóvenes que vinieron a Madrid, en especial a los peregrinos que estuvieron acogidos en mi casa, por hacerme revivir el verdadero significado de la hospitalidad. Y gracias al Padre porque nos junta.

Pablo Narvarte.