Madrid lugar de Encuentro

“La hospitalidad nos acerca, más allá de las diferenciase incluso de las divisiones que existen, entre cristianos,entre religiones, entre creyentes y no creyentes,entre pueblos, entre opciones de vida u opiniones políticas.”

En la vida, se dan oportunidades únicas. Que Taizé venga a tu ciudad es una de ellas. Nunca he tenido la oportunidad de viajar a Taizé, pero sí de escuchar a amigos que han viajado hasta allí y han compartido la experiencia conmigo. Movido por la ilusión y experiencia de mis amigos en Taizé, decidí participar en esta aventura en Madrid, de la cual me siento muy agradecido.

En la Parroquia Nª Sª de Guadalupe se tenían muchas expectativas puestas, expectativas que se supieron transmitir a los jóvenes de la parroquia. Mis ganas de conocer la experiencia Taizé, y mi predisposición a echar una mano me llevaron a colaborar en las actividades de la parroquia y en la acogida de peregrinos en casa.

El equipo que se formó en Guadalupe era muy diverso, personas de distintas edades se juntaron por una misma razón: su vínculo con Taizé. En el equipo había mucha alegría e ilusión por la llegada de los hermanos de Taizé a la ciudad de Madrid. Eso se supo transmitir y contagiar entre los componentes del grupo, que nos combinamos para poder sacar el encuentro y sus actividades adelante. A mí me tocó la acogida de los peregrinos y ayudar con la fiesta de las naciones del 31 por la noche. El inicio y el final del encuentro. Tuve la suerte de ver caras de alegría o nervios del primer día, y euforia por lo vivido de la última noche. Tuve la suerte de colaborar con la bienvenida y en la preparación de la fiesta final, culmen del encuentro.

¿Cómo introducir una de las cosas más bonitas que tienen estos encuentros? Este año, el encuentro iba dirigido a la hospitalidad. La apertura de nuestras casas, abrir las puertas a las personas que vienen desde distintas regiones del mundo es pura magia. La magia de poder compartir tu techo con distintas culturas, distintas lenguas, y una misma creencia. En mi casa estuvieron dos polacos, una alemana y dos suizos, mi casa parecía una conferencia de la ONU, donde cada uno compartía su cultura, hablaba de su lugar de procedencia y nos contaba cómo o qué les había llevado hasta el encuentro de Madrid. Por las noches, mi casa parecía una fiesta de pijamas. Sin duda, el ambiente era festivo. La alegría se sentía en cada poro de la piel. El cansancio provocado por un día vivido de forma muy intensa, lleno de actividades, yendo de un lado a otro de la ciudad, no impedía que cada noche nos sentáramos en el salón a compartir lo vivido. De forma improvisada compartíamos cómo había sido el día, qué cosas nos habían sorprendido más, o qué lugares nuevos habían conocido de la ciudad.

 

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Entrar en el salón del IFEMA, ver a una multitud de personas sentadas y muchas más entrando, impresiona. Cientos de jóvenes se reunían convocados por los hermanos de Taizé. Ya había asistido a alguna oración al estilo Taizé, pero nunca había participado de un encuentro de Taizé o había ido a Taizé. Una cosa es que te cuenten su experiencia en Taizé y otra vivir la experiencia uno mismo con personas de otras partes del mundo. Sentarse todos juntos, el coro cantando, escuchar las lecturas, compartir las reflexiones, rezar juntos. La vivencia, realmente, es conmovedora.

No puedo olvidar la reflexión del lunes 31, el hermano Alois nos hacía una reflexión que me llegó a lo más profundo del corazón y me llenó de alegría para comenzar el nuevo año soñando.

La experiencia de comunión que hemos vivido estos días nos estimula y nos anima a asumir compromisos concretos por la paz. […] Querría indicar brevemente tres desafíos que me parecen importantes. El primero, reducir la brecha entre ricos y pobres. ¿Podríamos, en pequeños grupos en nuestras Iglesias, estar más atentos a situaciones de pobreza? […] Un segundo desafío urgente es sin duda la acogida de los migrantes y refugiados. Apoyemos las iniciativas locales e internacionales que buscan brindarles más seguridad y justicia. […] Pero una cosa es segura: no habrá soluciones sin relaciones personales con aquellos que buscan refugio o un futuro mejor en otros países. Y este tercer camino: la paz entre los seres humanos requiere solidaridad con la creación. Nuestro maravilloso planeta está amenazado por la sobreexplotación de sus recursos, las diferentes formas de contaminación y la pérdida de la biodiversidad. Y esto lleva a injusticias y violencias entre los seres humanos.

El mensaje es claro y directo, como el mensaje de Jesús. Es la última tarde de meditación y oración juntos, y nos invita a ser jóvenes activos, pero no de cualquier forma, sino activos por la paz, activos en la pobreza, activos en la hospitalidad y activos en el ecologismo. Activos por la justicia, esa justicia que Jesús sueña que se haga realidad a través de nuestras manos. El Espíritu nos impulsa a los jóvenes a crear Reino, a hacer de este mundo un lugar más humano y digno en el que vivir y convivir.

Reviviendo esta reflexión del Hermano Alois, me vienen a la mente los grupos de reflexión. ¡Son como pequeñas comunidades interculturales! Dentro de los grupos de reflexión encontré la Fe vivida por personas de distintas lenguas, culturas y regiones. Qué belleza poder hablar de ese sueño que Jesús de Nazaret tiene para nosotros, compartir cómo se vive la Fe en Egipto, Polonia, Francia o Suiza, o escuchar lo que el Padre les transmite en cada oración. La vida en comunidad es muy importante para crecer en la Fe. Convivir con hermanas y hermanos que creen en Dios, u otro Ser de Amor sin importar el nombre, crecer y poner en práctica ese proyecto de Amor es un regalo.

No puedo estar más agradecido de esta vivencia. Agradecido a los hermanos de Taizé por la oportunidad de tener estos espacios y de congregar a jóvenes de otras regiones para que compartan juntos. Agradecido a la Parroquia Nª Sª de Guadalupe por la acogida y la apertura de sus puertas a este encuentro. Al equipo que hizo esta acogida posible, y me dieron la oportunidad de acercarme a esta experiencia tan enriquecedora. A todas y todos los jóvenes que vinieron a Madrid, en especial a los peregrinos que estuvieron acogidos en mi casa, por hacerme revivir el verdadero significado de la hospitalidad. Y gracias al Padre porque nos junta.

Pablo Narvarte.