Oziel: El sembrador que dejó una tierra fértil

La despedida de Oziel fue el domingo en la misa de 20.00 h. Pero en realidad la despedida de Oziel fue más larga, todo el tiempo de preparación también fue su despedida , fue momento de pensar en él y recordar todo lo que habíamos vivido para, de alguna forma, recogerlo todo y celebrarlo en esa misa.

El ELMO hizo un gran trabajo preparando esa misa, el coro estuvo fantástico, Éxodo preparó las ofrendas y la PJV la acción de gracias.Padre Nuestro

Fue una misa preciosa, se podía sentir que era una misa especial, la cripta estaba más llena que nunca. Todas esas personas estábamos allí́ para despedir a Oziel, para abrazarle y celebrarle, toda la comunidad de Guadalupe fuimos para decirle adiós; pero sobre todo para darle GRACIAS.

Dar gracias a Dios por habernos permitido disfrutar de él estos años, dar gracias a Oziel por habernos mirado siempre desde el Padre, gracias por habernos cuidado; por haber sido un padre, un amigo, un hermano… en definitiva gracias por su vida aquí́, con nosotras.

Fue una misa agridulce, hubo risas y también lágrimas. Pero por encima de todo hubo AMOR.

Ya está en Brasil, donde empezará un nuevo proyecto, donde habrá́ personas que tengan la suerte de conocerle y ser testigos de su vida. Pero una parte de Oziel se quedará con nosotras , porque desde que llegó no ha dejado de enseñarnos con el ejemplo, y esa es la semilla que nos deja, semilla que nos toca cuidar.

Así que no puedo decir más que GRACIAS.

Terminar con la pobreza, mucho más que un sueño

Hablar de erradicar la pobreza en el mundo es algo más que deseo o utopía, es una cuestión de Derechos Humanos. La falta de cumplimiento, su vulneración, el hacer caso omiso de ellos por parte de las personas y los Estados incide en que más de 800 millones de personas en el mundo vivan con graves dificultades de acceso a alimentos, agua potable y saneamientos adecuados.

Cuando nos hablan de pobreza a escala mundial o al nivel de la situación de pobreza en nuestro país o nuestra ciudad, las cifras nos proporcionan datos medibles y reales de una realidad impersonal y anónima, que cobra valor cuando vemos imágenes en telediarios y documentales o nos cuentan testimonios reales de personas concretas.

Los datos, los números, incluso las imágenes, conviven para la mayoría de personas que tenemos un acceso normalizado a los derechos fundamentales,  a una prudente y cómoda distancia de nuestros cotidianos de forma que podamos seguir con lo nuestro, con nuestros compromisos, con las tareas, incluso con las causas justas en las que participemos y gastemos nuestro tiempo. Pero quizás sirven poco para conmovernos de verdad.

En estos días, se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza en el mundo, un día al año para enfocar nuestra atención en un problema global y común. Un día en el que cientos de redes y plataformas ocupadas y preocupadas por aliviar, combatir y denunciar este escándalo de pobreza y exclusión social, siguen haciendo todo lo posible por sacudir las conciencias individuales y colectivas, ciudadanas y estructurales, movilizando recursos, mensajes, iniciativas que trasciendan a un día concreto.

Pero, ¿qué más puede significar este día? ¿Sobre qué necesitamos tomar conciencia para que erradicar la pobreza sea algo más cercano a nuestras vidas?

En primer lugar, es imprescindible que nos desacostumbremos a convivir con la pobreza como si fuera algo normal, algo que tiene que ser porque siempre ha sido así, algo natural por haber nacido en un determinado lugar o en un grupo humano pobre y excluido.

La pobreza no es algo inherente al ser humano sino la consecuencia de un estilo de vida, de prioridades, de modelos de pensamiento que construyen sociedades donde los Derechos Humanos no se garantizan para todas las personas por igual. La pobreza no es solamente una cuestión económica, es un fenómeno multidimensional que comprende la falta tanto de ingresos como de las capacidades y condiciones básicas para vivir con dignidad. Con frecuencia es consecuencia de la vulneración de derechos.

Las personas que viven en la pobreza tropiezan con enormes obstáculos, de índole física, económica, cultural y social, para ejercer sus derechos. En consecuencia, sufren muchas privaciones que se relacionan entre sí y se refuerzan mutuamente —como las condiciones de trabajo peligrosas, la insalubridad de la vivienda, la falta de alimentos nutritivos, el acceso desigual a la justicia, la falta de poder político y el limitado acceso a la atención de salud—, que les impiden el ejercicio real y efectivo del conjunto de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales y perpetúan su pobreza.

En segundo lugar, es necesario que aprendamos a cultivar nuestros sentidos para percibir la realidad del mundo y de las personas no solo desde nuestro epicentro personal y colectivo, sino desde otros muchos y diferentes epicentros que pueden ayudarnos a sintonizar con otras necesidades y perspectivas. Aprender a mirar con los ojos de Dios la pobreza y el dolor nos dispone a vivir con la sensibilidad de la ternura y la misericordia, que se aleja del juicio y el estigma que condena a los demás al otro lado de cualquiera de las fronteras que delimitan nuestras inseguridades, miedos y contradicciones. Es la sensibilidad del cuidado al otro, de la escucha y la acogida como una forma de tocar, respirar, existir.

De esta forma, desde esta perspectiva, brotará en cada uno y en cada una la compasión transgresora capaz de indignarse ante las injusticias y el sufrimiento de los otros, y seguiremos tomando partido por las personas que han dejado de ser cifras y números, para pasar a ocupar un lugar en nuestro corazón.

“Cada cristiano y cada comunidad estamos llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad. Esto nos obliga a cambiar, a salir a las periferias para acompañar a los excluidos, y a desarrollar iniciativas innovadoras que pongan de manifiesto que es posible organizar la actividad económica de acuerdo con modelos alternativos a los egoístas e individualistas” (Instrucción Pastoral Iglesia, servidora de los pobres, ISP 35).

Eva San Martín, Comunidad Shekiná.

Camboya

Nos presentamos, somos Enrique Piqueras y Jorge Vera, del grupo de la Pastoral Juvenil IC3. En este espacio que nos brinda el Equipo de Comunicación vamos a contaros, si nos acompañáis, la experiencia de voluntariado que tuvimos este verano en la Prefectura Apostólica de Battambang, Camboya, gracias a Monseñor Kike Figaredo y a su ONG aquí en España, SAUCE.Enrique y Jorge

Para empezar a contar esta historia hay que remontarse al momento en el que –soy Quique- al volver de una experiencia de dos semanas de voluntariado en Melilla el verano pasado, me pregunta mi tío (José María Rodríguez Olaizola, sj), tras comprobar lo encantado que venía con la experiencia vivida, si me apetecía irme el verano siguiente a Camboya. Sin saber siquiera qué iba a hacer, mi respuesta fue un rotundo ‘sí’. Fue en ese momento en el que surgió la semilla de esta experiencia. Esta semilla difícilmente crecería sola, y no lo hizo, pues unos meses después tras una reunión de nuestro grupo de fe (por entonces IC2), nos quedamos a tomar algo cerca de la parroquia y tuvimos una conversación Jorge y yo que fue más o menos así:

+ Oye, estas vacaciones en una reunión familiar, mi tío se enteró de que el verano pasado fui a un voluntariado en Melilla, y me dijo “pues nada entonces el que viene a Camboya”. Me mola mucho la idea, pero no tengo todavía nadie con quien ir, sé que tú también tenías interés en hacer algo similar, ¿te apuntas? (a Jorge).

– Pues la verdad es que me encantaría hacerlo. Venga, ¿por qué no?

Tras las debidas conversaciones con nuestras familias y tras tener su permiso, y también un poco de su preocupación, para qué engañarnos, la idea de irnos de voluntariado comenzó a tomar más y más fuerza, la semilla echaba sus primeras raíces.

Después de un proceso de selección, una recaudación de fondos (que no hubiese sido posible sin la ayuda de la Parroquia, que nos permitió montar un mercadillo solidario), y mucho esfuerzo por parte de muchas personas para sacar el proyecto adelante, llegamos a Camboya. Nos plantamos allí unos días antes para aclimatarnos un poco antes del comienzo de la experiencia; al tiempo, a la tranquilidad camboyana y al calor. Visitamos Kampot (una ciudad al sur, en la costa casi), y un poquito de Phnom Penh.

Nos reunimos en Phnom Penh el 31 de julio junto con el resto del grupo, y al llegar algo antes que el resto de voluntarios, les recibimos en el aeropuerto. Reconocimos algunas caras de las dos reuniones previas que tuvimos, y poco después nos fuimos a dormir ya que al día siguiente saldríamos a primerísima hora de la mañana a la provincia de Pursat, en el oeste de Camboya. La experiencia comenzaba.Camboya. Dos niños

Fuimos en autobús a un sitio llamado CROAP, que significa ‘semilla’ en camboyano y responde también a las siglas de Centre for Research on Optimal Agricultural Practices. Es una comunidad experimental, impulsada por la Prefectura Apostólica de Battambang (el equivalente a Diócesis de Battambang), en la que se desarrollan diferentes proyectos, como mejoras en las plantaciones de arroz, ayuda a las comunidades que viven en el entorno o un modelo educativo diferente al que podría encontrarse en cualquier escuela camboyana. Durante una semana tuvimos la oportunidad de estar con la gente que allí vivía, conocer sus historias, jugar con ellos y ayudarles en lo que buenamente podíamos. La dinámica diaria consistía en lo siguiente: desayuno todos juntos, la tarea del día,  que bien podía ser pintar unas casas, plantar arroz o cualquier otra actividad que, además, estaba generalmente ligada a un proyecto en concreto, por lo que se aprovechaba para hablar sobre dicho proyecto y para que los voluntarios fuésemos conociendo qué se hacía allí, quien participaba y demás. Tras esto, en torno a las 11-12 comíamos todos juntos y, tras un tiempo de descanso, comenzábamos de nuevo con la siguiente actividad; alrededor de  las seis de la tarde cenábamos todos juntos y nos íbamos posteriormente a  descansar. Durante los días que estuvimos en esta comunidad pudimos escuchar de primera mano las historias que nos contaban la gente, granjeros, profesores, niños. Todos ellos nos mostraron sus vidas siempre con una sonrisa en la cara, una sonrisa que pronto nos dimos cuenta de que nos acompañaría durante todo nuestro tiempo allí.

Tras esta primera semana,  tomamos rumbo a la Prefectura Apostólica de Battambang, “centro de operaciones” de los distintos proyectos que Kike Figaredo lleva a cabo en Camboya desde hace décadas. Entre allí y la Parroquia de Tahen (centro de acogida de niños huérfanos o con situación familiar complicada, en el cual se garantiza su educación, higiene, asistencia al colegio… ) estuvimos otras dos semanas, pudiendo conocer más de cerca proyectos como:

Quique con tres niñas.ANATHA, que tiene por misión ayudar en la educación de muchos jóvenes camboyanos a través de un sistema de becas, pudiendo así ir al colegio y a la universidad en lugar de tener que trabajar en el campo y posteriormente tener un mejor trabajo, un mayor nivel de vida y así hacer progresar a su familia y a la comunidad. OBRUM, que centraba sus esfuerzos en contactar a escuelas en zonas remotas, o directamente construirlas, para intentar mejorar la calidad del nivel educativo a través de ayudas directas, seguimiento, cursos de formación, etc. Estos proyectos y otros como OUTREACH (contacto y asistencia a comunidades remotas en el noroeste de Camboya), o los que se llevan a cabo desde la Parroquia de Tahen, en los Centros de Salud y de Rehabilitación o en ARRUPE, tienen como propósito contribuir al desarrollo de las personas, sin importar su situación familiar, credo, etnia, sexo o condición, mediante pilares tan fundamentales para el buen hacer de un país como son la educación, la sanidad o el emprendimiento personal, y que así poco a poco algún día el pueblo camboyano pueda salir del pozo a la luz por sí mismo.

EnriqueLlegamos a la mitad aproximadamente de nuestra experiencia en Camboya, y nos dividieron a los 30 voluntarios que habíamos ido ese verano en tres grupos de trabajo diferentes. Cada uno de ellos sería asignado a destinos diferentes, y tendría por misión, con la ayuda de voluntarios camboyanos, la realización de un campamento de verano (o SUMMERCAMP, como se llama el proyecto) para los niños de una parroquia o centro con el cual la prefectura tiene cierta relación. Gracias a estos campamentos los niños continuaban un poco más en un entorno seguro y adecuado para ellos –tras la finalización del año escolar- en vez de estar trabajando con sus familias en el campo de arroz, o rebuscando plásticos en el vertedero para volverlos a vender… Dichas familias eran provistas de alimento para poder suplir la aportación que el niño o niña hubiese hecho, y además se le daba de desayunar, comer y cenar, se le lavaba, vestía y cuidaba durante esos días. Pasábamos de conocer los proyectos y colaborar en lo que podíamos a llevar el nuestro a cabo en ocho poblaciones entre las que se encuentran Battambang, Pailin, Kompong Lueng, Kampong Chnnang, Tahen, Chomnaom…  Cada uno de nosotros podría contar mil cosas sobre cómo vivimos este tiempo y cómo nos reuníamos en los fines de semana y compartíamos lo vivido, pero de la misma forma que pasaba entonces pasaría ahora, y es que no hay palabras que puedan recoger los tantísimos sentimientos y tan fuertes que vivimos, intentar explicar lo que se piensa al conocer la vida en la frontera con Tailandia, cerca de campos que a día de hoy siguen minados o en un poblado flotante en el lago Tonlé Sap;  se convierte en una tarea prácticamente imposible. Basta con decir que esa semilla que plantamos se arraigó fuertemente en nosotros y comenzó a dar brotes.Jorge jugando con los niños

Tras todo esto cerramos la experiencia con una feria en la prefectura, en donde se dio cita a los niños y voluntarios de las parroquias en las que habíamos celebrado los campamentos como broche final de una experiencia vital que no podemos sino recomendaros vivir por vosotros mismos. Por último, no podemos despedirnos sin agradecer al resto de compañeros, a los voluntarios fijos, a Kike, y a los camboyanos que lo hicieron posible: ES UN HONOR Y UNA SUERTE. Esperamos que la semilla que ha ido haciéndose fuerte en nuestros corazones siga creciendo y podamos seguir vinculados a la labor de Kike Figaredo en Camboya, que hoy os hemos querido presentar y ofrecer. Okun charang.

Entrevista a la Madre Tierra

Imagen de una cascada en una selvaEn Guadalupe hemos tenido la suerte de entrevistar en exclusiva a la Madre Tierra con motivo de su participación en el sínodo para la Amazonía, celebrado en El Vaticano entre el 6 y el 27 de octubre.  Más de 180 obispos y un centenar de científicos, expertos y representantes de poblaciones indígenas, además de 35 mujeres, han acudido a este encuentro, en el que el Papa ha ejercido como anfitrión y que ha servido para reflexionar sobre los problemas sociales y medioambientales que afronta el Amazonas.  Esta zona, considerada el pulmón del mundo, es clave en la creación de una conciencia ecológica en la que vivan en armonía los hombres y la Madre Tierra, pero cada rincón del planeta cuenta, empezando por nuestros propios hogares.  – Gracias por habernos atendido.  Imagino que estará muy liada ahora que la ecología y el cuidado del medio ambiente vuelven a estar de actualidad, ¿teme que sea una moda pasajera? Es algo que he pensado y que me preocupa, no solamente por la posibilidad de que sea un asunto pasajero sino también por el riesgo de que no haya una reflexión profunda detrás por parte de determinadas personas.  No basta con manifestar la preocupación por el futuro del medio ambiente, hay que crear una verdadera conciencia.  Ya se ha dicho en muchas de las manifestaciones y protestas que ha habido recientemente por el clima: no hay un plan B, hay que actuar ahora, cada uno desde su rincón del mundo y sus posibilidades.

  • ¿Pero por qué es tan urgente actuar?

La sociedad actual lleva años dando la espalda al medio ambiente.  Como Madre Tierra me he sentido maltratada en muchas ocasiones por el hombre, como si mis recursos fueran ilimitados y la explotación del medio natural no tuviera ninguna repercusión en la vida de las personas.  Ahora, como decía, toca tomar conciencia de esto, hasta el punto de convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo.  Y es que la preocupación por la naturaleza es inseparable de la justicia con los pobres y de la paz interior. – No lo entiendo, ¿qué tienen que ver los pobres con todo esto? Vivimos en una cultura del descarte, de usar y tirar, donde en muchas ocasiones nos relacionamos con las personas como si fueran objetos que en un momento dado nos dejan de interesar porque pensamos que no aportan nada a la sociedad de consumo.  Ocurre por ejemplo con las personas mayores, con los enfermos, con los parados…con todos aquellos que no están en disposición de producir y que acaban siendo un estorbo para el capitalismo. Al otro lado están los productores y consumidores que compran ropa de forma compulsiva, dejan correr el agua del grifo o tiran restos de comida a la basura sin plantearse el daño que esta forma de vivir provoca en el medio ambiente, en otras especies de animales y en sus hermanos más débiles.  Porque yo, como Madre Tierra, soy la casa de todos, pero esta falta de conciencia hace que en esta misma casa unos vivan cómodamente a costa de otros, que suelen ser los más pobres. – Por lo que dice, el cuidado del medio ambiente y el cristianismo están íntimamente relacionados. No parece, por lo tanto, que sea una moda de ahora. Así es, estoy muy satisfecha porque el Papa actual, Francisco, ha vuelto a poner en el centro del debate un tema que es muy de Dios. Nada más empezar a leer la Biblia entramos en contacto con el Dios creador, ese Dios que soñó y modeló con sus manos el mundo como regalo para sus hijos amados.  Yo agradezco infinitamente al Padre que me haya encomendado como Madre Tierra esta misión tan bonita y no espero gran cosa a cambio.  Tan sólo deseo que los seres humanos cuidéis de mí para que pueda seguir maravillando con mis mares, ríos, selvas, glaciares y especies infinitas a los que están por venir, y que siga siendo fuente de alimento, abrigo y refugio para todos.  Por eso entiendo que el cuidado del medio ambiente es una cuestión básica de justicia, ya que la Madre Tierra que disfrutáis ahora pertenece también a las generaciones del futuro

  • ¿Y qué podemos hacer ahora? ¿dejar de consumir determinados recursos?

No es cuestión de volver a la época de las cavernas, pero sí de poner freno a este ritmo frenético de producción y de consumo.  Hay muchos hombres y mujeres de buena voluntad con ganas de cambiar el mundo que se angustian al comprobar la dificultad de conseguirlo porque encuentran demasiadas barreras en su camino, empezando por ellos mismos. Y es que hay hábitos muy interiorizados y formas de actuar muy extendidas en nuestro entorno que ni siquiera nos cuestionamos.   A pesar de ello, os animo a repensar vuestras vidas para ser conscientes de cómo interactuáis con el medio que os rodea y, a continuación, tratar de ir introduciendo cambios poco a poco.  El lugar donde hacéis la compra, el banco donde tenéis vuestros ahorros, el uso que hacéis de la energía en vuestros hogares…cada detalle cuenta porque por pequeño que parezca tiene repercusión en la naturaleza y en la vida de otras personas. Dicen que las crisis son momentos de oportunidad y en este caso la crisis ecológica es una llamada a una profunda conversión interior.  Os animo a practicar la máxima de “menos es más”, más aún en vuestro caso, ya que como cristianos la sencillez y la sobriedad son fuente de libertad, justicia y alegría. Gran parte de las reflexiones incluidas en esta entrevista ficticia a la Madre Tierra están extraídas de la carta encíclica del Papa Francisco ‘Laudato si.  Sobre el cuidado de la casa común’.

Abrazar la diferencia y así crecer

Debo confesarlo: cuando leí el lema por primera vez, pensé… ¡Qué difícil eso de abrazar la diferencia y acompañar al hermano! Porque, por lo general, a todos  nos es mucho más fácil rodearnos de gente que es parecida a nosotros, que comparte nuestra forma de ver la vida, nuestros valores, que son nuestros amigos, nuestra familia… Que, si son diferentes a nosotros, nos une el lazo familiar o de amistad… Pero acompañar y abrazar al que, a priori pensamos que es diferente, al que no conocemos y tal vez nos da miedo conocer, al que nos hace replantearnos muchas de nuestras ideas y prejuicios, al que nos obliga a abrir la mente y el corazón… Eso es difícil… Casi imposible si no contamos con Dios…

Y me puse a pensar… ¿Qué hizo Jesús siempre? No discriminar, mirar con ternura, ver más allá, valorar a la persona sin importar su condición sexual, económica, religiosa, laboral…

Y pensé también…  Qué diferentes, a pesar de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios somos de Él y ¿qué hace Dios con nosotros? Amarnos, respetarnos, valorarnos, hacernos crecer, devolvernos dignidad… Y nos recuerda que lo importante es amar, que el amor es la respuesta… Y nos quita miedos.  Y nos invita a acompañar al hermano y a abrazar la diferencia, tal y como Él hizo con la samaritana, con los apóstoles, con tantos enfermos que se acercaban a Él, con la mujer adúltera, con los leprosos, con los soldados romanos, con sus enemigos y con tantos otros… Y nos impulsa a amar a los demás y a abrazar la diferencia para así crecer.

Y eso es lo que he querido plasmar en la letra y la música de la canción inspirada en el lema de este año que, gracias a los arreglos y la guitarra de Nico Santos, suena tal y como podéis escuchar.

Ojalá su amor nos impulse a abrazar la diferencia y acompañar a nuestros hermanos, esos que nos ponen frente a la diferencia, pero que nos enriquecen tanto precisamente por ello.

 

Mamen Serrano

(La otra mitad del dúo Berit)