Camboya

Nos presentamos, somos Enrique Piqueras y Jorge Vera, del grupo de la Pastoral Juvenil IC3. En este espacio que nos brinda el Equipo de Comunicación vamos a contaros, si nos acompañáis, la experiencia de voluntariado que tuvimos este verano en la Prefectura Apostólica de Battambang, Camboya, gracias a Monseñor Kike Figaredo y a su ONG aquí en España, SAUCE.Enrique y Jorge

Para empezar a contar esta historia hay que remontarse al momento en el que –soy Quique- al volver de una experiencia de dos semanas de voluntariado en Melilla el verano pasado, me pregunta mi tío (José María Rodríguez Olaizola, sj), tras comprobar lo encantado que venía con la experiencia vivida, si me apetecía irme el verano siguiente a Camboya. Sin saber siquiera qué iba a hacer, mi respuesta fue un rotundo ‘sí’. Fue en ese momento en el que surgió la semilla de esta experiencia. Esta semilla difícilmente crecería sola, y no lo hizo, pues unos meses después tras una reunión de nuestro grupo de fe (por entonces IC2), nos quedamos a tomar algo cerca de la parroquia y tuvimos una conversación Jorge y yo que fue más o menos así:

+ Oye, estas vacaciones en una reunión familiar, mi tío se enteró de que el verano pasado fui a un voluntariado en Melilla, y me dijo “pues nada entonces el que viene a Camboya”. Me mola mucho la idea, pero no tengo todavía nadie con quien ir, sé que tú también tenías interés en hacer algo similar, ¿te apuntas? (a Jorge).

– Pues la verdad es que me encantaría hacerlo. Venga, ¿por qué no?

Tras las debidas conversaciones con nuestras familias y tras tener su permiso, y también un poco de su preocupación, para qué engañarnos, la idea de irnos de voluntariado comenzó a tomar más y más fuerza, la semilla echaba sus primeras raíces.

Después de un proceso de selección, una recaudación de fondos (que no hubiese sido posible sin la ayuda de la Parroquia, que nos permitió montar un mercadillo solidario), y mucho esfuerzo por parte de muchas personas para sacar el proyecto adelante, llegamos a Camboya. Nos plantamos allí unos días antes para aclimatarnos un poco antes del comienzo de la experiencia; al tiempo, a la tranquilidad camboyana y al calor. Visitamos Kampot (una ciudad al sur, en la costa casi), y un poquito de Phnom Penh.

Nos reunimos en Phnom Penh el 31 de julio junto con el resto del grupo, y al llegar algo antes que el resto de voluntarios, les recibimos en el aeropuerto. Reconocimos algunas caras de las dos reuniones previas que tuvimos, y poco después nos fuimos a dormir ya que al día siguiente saldríamos a primerísima hora de la mañana a la provincia de Pursat, en el oeste de Camboya. La experiencia comenzaba.Camboya. Dos niños

Fuimos en autobús a un sitio llamado CROAP, que significa ‘semilla’ en camboyano y responde también a las siglas de Centre for Research on Optimal Agricultural Practices. Es una comunidad experimental, impulsada por la Prefectura Apostólica de Battambang (el equivalente a Diócesis de Battambang), en la que se desarrollan diferentes proyectos, como mejoras en las plantaciones de arroz, ayuda a las comunidades que viven en el entorno o un modelo educativo diferente al que podría encontrarse en cualquier escuela camboyana. Durante una semana tuvimos la oportunidad de estar con la gente que allí vivía, conocer sus historias, jugar con ellos y ayudarles en lo que buenamente podíamos. La dinámica diaria consistía en lo siguiente: desayuno todos juntos, la tarea del día,  que bien podía ser pintar unas casas, plantar arroz o cualquier otra actividad que, además, estaba generalmente ligada a un proyecto en concreto, por lo que se aprovechaba para hablar sobre dicho proyecto y para que los voluntarios fuésemos conociendo qué se hacía allí, quien participaba y demás. Tras esto, en torno a las 11-12 comíamos todos juntos y, tras un tiempo de descanso, comenzábamos de nuevo con la siguiente actividad; alrededor de  las seis de la tarde cenábamos todos juntos y nos íbamos posteriormente a  descansar. Durante los días que estuvimos en esta comunidad pudimos escuchar de primera mano las historias que nos contaban la gente, granjeros, profesores, niños. Todos ellos nos mostraron sus vidas siempre con una sonrisa en la cara, una sonrisa que pronto nos dimos cuenta de que nos acompañaría durante todo nuestro tiempo allí.

Tras esta primera semana,  tomamos rumbo a la Prefectura Apostólica de Battambang, “centro de operaciones” de los distintos proyectos que Kike Figaredo lleva a cabo en Camboya desde hace décadas. Entre allí y la Parroquia de Tahen (centro de acogida de niños huérfanos o con situación familiar complicada, en el cual se garantiza su educación, higiene, asistencia al colegio… ) estuvimos otras dos semanas, pudiendo conocer más de cerca proyectos como:

Quique con tres niñas.ANATHA, que tiene por misión ayudar en la educación de muchos jóvenes camboyanos a través de un sistema de becas, pudiendo así ir al colegio y a la universidad en lugar de tener que trabajar en el campo y posteriormente tener un mejor trabajo, un mayor nivel de vida y así hacer progresar a su familia y a la comunidad. OBRUM, que centraba sus esfuerzos en contactar a escuelas en zonas remotas, o directamente construirlas, para intentar mejorar la calidad del nivel educativo a través de ayudas directas, seguimiento, cursos de formación, etc. Estos proyectos y otros como OUTREACH (contacto y asistencia a comunidades remotas en el noroeste de Camboya), o los que se llevan a cabo desde la Parroquia de Tahen, en los Centros de Salud y de Rehabilitación o en ARRUPE, tienen como propósito contribuir al desarrollo de las personas, sin importar su situación familiar, credo, etnia, sexo o condición, mediante pilares tan fundamentales para el buen hacer de un país como son la educación, la sanidad o el emprendimiento personal, y que así poco a poco algún día el pueblo camboyano pueda salir del pozo a la luz por sí mismo.

EnriqueLlegamos a la mitad aproximadamente de nuestra experiencia en Camboya, y nos dividieron a los 30 voluntarios que habíamos ido ese verano en tres grupos de trabajo diferentes. Cada uno de ellos sería asignado a destinos diferentes, y tendría por misión, con la ayuda de voluntarios camboyanos, la realización de un campamento de verano (o SUMMERCAMP, como se llama el proyecto) para los niños de una parroquia o centro con el cual la prefectura tiene cierta relación. Gracias a estos campamentos los niños continuaban un poco más en un entorno seguro y adecuado para ellos –tras la finalización del año escolar- en vez de estar trabajando con sus familias en el campo de arroz, o rebuscando plásticos en el vertedero para volverlos a vender… Dichas familias eran provistas de alimento para poder suplir la aportación que el niño o niña hubiese hecho, y además se le daba de desayunar, comer y cenar, se le lavaba, vestía y cuidaba durante esos días. Pasábamos de conocer los proyectos y colaborar en lo que podíamos a llevar el nuestro a cabo en ocho poblaciones entre las que se encuentran Battambang, Pailin, Kompong Lueng, Kampong Chnnang, Tahen, Chomnaom…  Cada uno de nosotros podría contar mil cosas sobre cómo vivimos este tiempo y cómo nos reuníamos en los fines de semana y compartíamos lo vivido, pero de la misma forma que pasaba entonces pasaría ahora, y es que no hay palabras que puedan recoger los tantísimos sentimientos y tan fuertes que vivimos, intentar explicar lo que se piensa al conocer la vida en la frontera con Tailandia, cerca de campos que a día de hoy siguen minados o en un poblado flotante en el lago Tonlé Sap;  se convierte en una tarea prácticamente imposible. Basta con decir que esa semilla que plantamos se arraigó fuertemente en nosotros y comenzó a dar brotes.Jorge jugando con los niños

Tras todo esto cerramos la experiencia con una feria en la prefectura, en donde se dio cita a los niños y voluntarios de las parroquias en las que habíamos celebrado los campamentos como broche final de una experiencia vital que no podemos sino recomendaros vivir por vosotros mismos. Por último, no podemos despedirnos sin agradecer al resto de compañeros, a los voluntarios fijos, a Kike, y a los camboyanos que lo hicieron posible: ES UN HONOR Y UNA SUERTE. Esperamos que la semilla que ha ido haciéndose fuerte en nuestros corazones siga creciendo y podamos seguir vinculados a la labor de Kike Figaredo en Camboya, que hoy os hemos querido presentar y ofrecer. Okun charang.