ITACA -DIEM nació en el año 2000 de la unión de dos comunidades de Pastoral Juvenil, Ítaca, creada en 1992 y Carpe-Diem, creada en 1990. En aquellos días ambas comunidades pasaban por momentos de crisis por varios abandonos. Éramos un grupo de tres y otro de cinco. Nuestro cura de referencia entonces, Charlie, nos propuso conocernos para unir fuerzas y destinos. Y así empezó esta historia que dura ya 21 años de amor, de fe y de vida. Durante estos 21 años hemos llegado a ser 22 personas; en la actualidad formamos la comunidad nueve personas de entre 47 y 53 años.
El nombre compuesto es una llamada del Espíritu Santo: por un lado, para ser lo que fue Ítaca para Ulises, el destino tras un viaje animado por la esperanza y, por otro, en alusión al famoso Carpe diem, para disfrutar de ese trayecto acompañándonos con lo que la vida disponga.
Acompañar la vida es algo característico de nuestra comunidad. Hay solteros y casados, y estos, con hijos y durante todos estos años hemos aprovechado sacramentos que han jalonado la vida de los hijos de algunos de nosotros (bautismos, comuniones, confirmaciones… ) para vivir y celebrar esos momentos relevantes todos juntos. Nos hemos acompañado cuando hemos tenidos que discernir para tomar decisiones importantes tanto en el plano personal como profesional. Y en esos discernimientos la oración ha sido determinante: la oración a María y a Jesús para que nos iluminaran y tomaramos decisiones que contribuyeran a la construcción del Reino.
Hemos tenido reuniones semanales unos 15 años, y luego pasamos a quincenales, siempre en fin de semana, sobre todo los domingos, aunque últimamente alternamos viernes y domingos. Siempre comenzamos nuestras reuniones con una oración.
¿Y cómo preparamos las reuniones? Hemos tenido años en los que las organizábamos de 2 en dos y otros por grupos de 4 o 5 personas. También ha habido momentos en que era un quien las preparaba Nos funciona bien el poner roles delegados, por ejemplo: la/s persona/s encargada/s de economía, de eventos, de la relación con parroquia, padrinos para los que entraban en la comu, parejas de acompañamiento vital…
Para compartir la vida nos ha funcionado muy bien tener reuniones trimestrales en casa de alguno de nosotros al tiempo que compartíamos una cena.
Con respecto al contenido de las reuniones, hemos utilizado distintas herramientas y recursos. Hicimos un taller allá por 2003 con Nino Movilla sobre cómo hacer el proyecto comunitario que fue muy revelador. Otros años hemos seguido el ciclo de talleres sobre Las bienaventuranzas que se hizo en Guadalupe, y a veces, hemos seguido capítulos de un libro, por ejemplo, La vida iluminada DE Joan Chittister.
Varias personas de la comunidad trabajan en ONGs y Asociaciones de lucha por los Derechos Humanos y la mejora de condiciones sociales de gente desfavorecida. Durante estos años hemos colaborado económicamente con algunas de esas asociaciones con un fondo comunitario en el que cada uno aportaba según su situación económica.
Participamos en la vida de Guadalupe (algunos colaboramos en algún servicio pastoral como es el CPM); intentamos que uno de nosotros siempre acuda a las ORES (oración al ritmo del Espíritu); nuestra representante asiste a la reunión de representantes de comunidades de la Pastoral de adultos; etc.
Todos los años, en Navidad, organizamos un encuentro con nuestras familias al que invitamos a los antiguos miembros de la comu. Y celebramos el nacimiento de Jesús cantando villancicos y compartiendo turrones y polvorones.
Hemos vivido las Pascuas de varias maneras. En general, al tener niños, solemos incorporarnos a las celebraciones de la parroquia en la medida de lo posible y hacemos esfuerzo para ir todos los que podemos a la celebración de la Pascua de Resurrección y también intentamos acudir a los Ejercicios Espirituales de Guadalupe; cuantos más de nosotros mejor, y siempre que podemos, juntos.
Antes del confinamiento, hacíamos una convivencia en verano con familias para compartir vida y fe. Esa convivencia servía de cierre del curso y previsión del siguiente. Normalmente íbamos a casas de espiritualidad en la sierra madrileña.
Actualmente estamos en un momento de revisión. Al comienzo de este texto comentábamos que somos 9; éramos 12 , pero al inicio de este curso 3 miembros de la comunidad han decidido no continuar. Por ello, estamos de nuevo en un momento de discernimiento junto con Fernando, que nos ayuda a reflexionar sobre cómo seguir creciendo, cómo actualizar nuestra misión, visión y valores y qué aprendemos de lo vivido en este tiempo de pandemia para no caer en los fallos que nos han debilitado.
Estamos abiertos como comunidad nuevas incorporaciones y, tratamos de ser flexibles para que todo el que esté se sienta a gusto y pueda conciliar la vida en comunidad con otros aspectos de su vida. Quizás esta característica ha jugado a favor y en contra de la comu. Por un lado, ha permitido estar a gente que apenas podía compartir tiempo y presencialidad, pero a la vez esto hacía más lento el compartir vida y el tomar decisiones de comunidad.
Somos alegres y acogedores; flexibles y reflexivos (tal vez también un poco lentos) en la toma de decisiones; cumplidores y organizados (siempre tenemos calendario de reuniones compartido en Gcalendar). Somos también cariñosos y detallistas: siempre nos felicitamos los cumples, santos y aniversarios.
Usamos las redes sociales y las apps para sentirnos cerca y compartir más fácilmente aspectos de fe, vida y compromiso.
El futuro nos preocupa e ilusiona a partes iguales. Creemos que El Espíritu Santo sopla y estamos escuchando lo que tiene que decirnos junto a los Misioneros del Espíritu Santo. Son tiempos difíciles y al tiempo, estimulantes. Seguimos caminando hacia Ítaca disfrutando el día a día con actitud Carpe diem.
Y, como nos dijo Dolores Aleixandre en una ocasión, entendemos y vivimos la Comunidad como un lugar hogareño en el que estar en pantuflas.