Canonización de Pablo VI y Oscar Romero

Sin restarles ninguna importancia a los otros cinco beatos que serán canonizados este 14 de octubre, queremos referirnos a Pablo VI y Romero. Quizás porque tienen que ver un poco más directamente con nosotros en nuestras comunidades, pero también por lo que significa para todos nosotros este evento tan esperado. Todos los que son canonizados son reconocidos universalmente. Ya Pablo VI lo era, por haber sido el Papa del diálogo y de la renovación conciliar; Romero se ha venido conociendo a lo largo y ancho del mundo por su testimonio de ofrenda y entrega de su vida por los pobres y excluidos de la sociedad.

Ciertamente que ambos han vivido de manera heroica las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad; así como otras virtudes cristianas y humanas. Pero quisiéramos destacar tres características que les son comunes a estos dos nuevos santos de la Iglesia: su preocupación por el ser humano, su fidelidad a la Iglesia en la fe y en el amor de Dios y su mística de la soledad.

Cuando uno lee los escritos de Pablo VI, desde antes de ser Papa inclusive, uno descubre que una de sus más grandes preocupaciones apostólicas es el ser humano. Se sintió siempre atraído por la defensa del ser humano y de su dignidad. Con sus estudiantes de la FUCI hasta los pobres de Bombay y Colombia (dos de sus viajes apostólicos), Montini demostró su sensibilidad por el ser humano: por sus riquezas y miserias, por su caminar en la historia y por su papel en la edificación del reino de Dios. Esto lo llevó a promover el diálogo con la humanidad y el mundo, a plantear la urgencia del desarrollo integral de la humanidad y a defender a los más pobres, a quienes identificó como “sacramento de Cristo”. Esa preocupación por el ser humano se manifestó en gestos concretos: desde su austeridad hasta su gentileza en el trato con todos. Y eso le costó muchísimas incomprensiones de parte de los que estaban cerca de él. Asimismo podemos encontrar en Romero su preocupación cierta por el ser humano: durante toda su vida, con delicadeza, no sólo supo tratar a todos los seres humanos con el respeto que se merecían por ser hijos de Dios, sino también demostró que no estaba alejado de ellos. Era un hombre de pueblo y esto nunca se dejó de sentir. Su preocupación por los más pobres y por los que sufrían lo llevó al martirio: no dudó en levantar su voz ante los atropellos de quienes se creían los dueños de la vida y de la libertad humana. Y no tuvo miedo de las incomprensiones y hasta persecuciones que tuvo que soportar. Por eso, se les puede recordar a ambos como santos de la humanidad.

En ambos podemos conseguir un ejemplo firme de lo que significa la fidelidad y el amor a la Iglesia. No era algo que debían hacer por mero compromiso, sino que salía y brotaba desde lo más íntimo de su vida espiritual. Pablo VI no dudó en continuar el Concilio e impulsar la renovación de la Iglesia. Corrió los riesgos que eso suponía. Pero, a la vez, se mantuvo firme con el coraje del Espíritu Santo para hacer llegar la voz de la Iglesia, la acción de la misma y la fuerza de su misión por todos los sitios del mundo. Con su EVANGELII NUNTIANDI enfatizó la tarea esencial e irrenunciable de la Iglesia. Y ante las incomprensiones y críticas, soportadas en su soledad, no se quebró, sino que se mantuvo fiel y confiado en el compromiso de su ministerio eclesial. Hombre de Iglesia por ser hombre de fe en el Señor Jesús. Lo mismo podemos decir de Romero: hubiera podido haber renunciado a tomar posiciones que muchos consideraban peligrosas y hasta contrarias, pudo haberse escondido en las seguridades de los privilegios o en las necesidades de las connivencias… sin embargo, desde siempre fue un hombre de fidelidad a una Iglesia de la que se sintió servidor. Era firme en sus ideas y capaz de corregir actitudes, como de hecho lo hizo. Esto le llevó a sentirse aislado en no pocas ocasiones y hasta ser mal visto en muchos sectores, incluso eclesiales. En ambos la fidelidad a la Iglesia, prueba de su amor a ella, se vivió de manera ciertamente heroica.

Por otro lado, en ambos podemos comprobar la mística de la soledad. Parece extraña esta expresión. Aunque eran personas capaces de establecer relaciones con muchísimas personas y comunidades, ellos vivieron la soledad institucional. Los principales adversarios de Pablo VI, aún después de su muerte, se encontraban dentro de la misma Iglesia: unos porque le acusaban de destruir la unidad, otros porque  le recriminaban que no iba adelante en la reforma de la Iglesia. En esa soledad, su único refugio fue Dios. Y como lo manifestaría en varias ocasiones, sólo aferrado a la cruz –la máxima expresión de la soledad- podría vencer  las tentaciones y los dolores espirituales de esa soledad. Pero supo encontrar en ella la luz en la oscuridad y de la transfiguración: su oración, su espiritualidad, su caridad asó lo demuestran. Romero experimentó lo mismo: sus mayores adversarios salían de las filas de la misma Iglesia, incluso luego de su muerte. Se sintió solo en el acompañar al pueblo necesitado de su amor pastoral. Soledad institucional, como se suele decir; pero espacio para la mística de un hombre que supo convertir esa soledad en especio de encuentro con Dios y testimonio de comprensión y caridad para con los demás. Una de las consecuencias de esa soledad en ambos fue el desconocimiento de su pensamiento y de su obra. Ha habido quien ha querido malponer a la historia contra estos dos santos; no ha faltado quien ha querido prescindir de las riquezas de su pensamiento; y también encontramos quienes han hablado y actuado en contra de su mística. Son dos grandes desconocidos –aún cuando se les conoce por sus realizaciones y testimonio en amplios sectores de la humanidad- que comienzan a ser descubiertos. Leer sus escritos y meditar sus vidas ayudará a muchas personas a re-encontrarse con lo que significa ser santos en un mundo adverso y con gente que se supone podrían ser considerados hermanos.

Damos gracias a Dios, porque Francisco los reconoce como santos para toda la Iglesia. Es un reconocimiento a la acción del Espíritu Santo por medio de hombres frágiles que no se doblegaron y que supieron dar testimonio de fe, caridad y esperanza; de vida eclesial y de entrega a Cristo a favor de los hermanos. Damos gracias a Dios por San Pablo VI de la humanidad y por San Romero de América.

 

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

 

Encuentro Parroquial 2018

Nuestro Encuentro Parroquial del nuevo curso 2018-2019 lo comenzamos hacia las 10:30, con una concurrida participación, ya no sólo de adultos, sino también de jóvenes y peques, pertenecientes a las distintas pastorales de nuestra parroquia.

La agenda de la mañana la inició nuestro párroco Fernando Artigas, presentando el contenido de nuestra asamblea parroquial a partir del lema para este curso “Escucha, Ora, Transforma”, y de los tres objetivos de la Planeación Estratégica, como orientación de nuestra misión como parroquia para los próximos tres años:

– Hacer énfasis en Jesús Sacerdote, contemplativo y solidario, en los procesos evangelizadores, para promover una profunda experiencia de fe.

– Participar en diferentes instancias eclesiales y sociales para crear comunión.

– Provocar una conciencia social que nos impulse a realizar acciones transformadoras en lo ecológico, político, económico, cultural y religioso.

Y como consecuencia de estos objetivos, para este curso, se nos proponen cuatro acciones muy concretas a las que Fernando nos invita a participar como comunidad parroquial:

  1. Con motivo de la beatificación de Conchita, se ha creado un grupo de reflexión para profundizar y actualizar su mensaje.
  2. Invitar a otras parroquias de nuestro Arciprestazgo a una OTE.
  3. Promover un equipo que nos convoque y promueva nuestra participación en la manifestación del Día de la Mujer.
  4. Convocar una charla sobre la Doctrina Social de la Iglesia, y un taller sobre ecología y reciclaje, como concienciación en nuestras comunidades. El equipo de ECO se dedicará durante el curso a movilizar y promover la concienciación ecológica en nuestra parroquia.

Una vez acabada la intervención de Fernando, Víctor Mojarrieta, de la comunidad de Epheta, nos animó a hacer oración a través de la lectura de un bonito cuento, “Lucía y el silencio”.

Seguidamente, aún reflexionando sobre el texto que nos había leído Víctor, y quizás algo dormidos algunos, apareció como un torbellino nuestro amigo Migueli, zamarreándonos, animándonos a orar, a reír, a cantar y a bailar con él, al son de sus chistes, chascarrillos y canciones con estribillos sugerentes…“como arenas del desierto vienen, como arenas del desierto van…”; “el corazón del mundo… ioe ie ie ie ie ie…”; “extranjero, qué será eso de extranjero…”; “el amor lo arregla todo, la gasolina siempre es amar…”; “cuida la tierra preciosa, cuídala…”; “tiro de la vida nueva, ah ah ah…”; “y ya no puedo vivir sin ti, hey hey,…”; “yendo contigo nada me inquieta, cada mañana es nueva,…”; “y dije, hágase, en Dios confío, todo irá muy bien…”

Vamos, que Migueli nos “puso las pilas” a grandes y pequeños, y nos lo pasamos fenomenal  con él.

Después de un breve descanso, y mientras los peques se divertían y quedaban asombrados con los trucos de magia del mago Raúl Cancela, pasadas las 12,30 horas, Luis Arancibia nos hizo disfrutar de una magnífica charla cuyo título era “Migrantes y Refugiados, entre la hostilidad y la hospitalidad”.

Comenzó invitándonos a afinar nuestra mirada, a saber interpretar e interiorizar, a conectar nuestro interior con la realidad que nos rodea, porque necesitamos transformarla, actuando en esas “grietas” de la realidad. Y a partir de ahí, enlazando con nuestro lema parroquial, Luis nos fue llevando a reflexionar sobre Migrantes y Refugiados. Aquí dejamos algunas notas para que nos sirvan como recordatorio y a su vez de reflexión en todo ello.

1.- Desde la ESCUCHA (Contempla).

Las migraciones son una realidad histórica y global, la movilidad de los pueblos ha sido una constante en la historia de la humanidad. Todos somos hijos de migrantes.

Se nos dice que Europa es asediada por las migraciones, pero África y Asia son las geografías del planeta donde más movimientos migratorios se producen. Se estima que 1 de cada 10 personas vive en un lugar diferente de donde nació, y 1 de cada 30 abandonaron su país trasladándose a otra nación.

El migrante forzoso (el refugiado pertenece a este colectivo) es aquel individuo que se ve obligado a huir de su hábitat, como consecuencia de la violencia de mafias o por guerras, por la desigualdad y la pobreza, por persecuciones, por razones de género, religiosas o políticas. También los migrantes se desplazan por el crecimiento demográfico y por razones medioambientales (sequías, desertificación…). Los migrantes-refugiados, unos 25 millones de personas en todo el mundo, no suelen ser los más pobres, sino todo lo contrario, tienen conocimientos y capacidad para dar el salto y cambiar su vida en otro país.

El camino del migrante es muy duro y penoso, siempre a merced de las mafias, expuesto a ser agredido por su vulnerabilidad, y llegando a ser víctima de trata (8 de cada 10 han sufrido agresiones).

Las fronteras del 1er mundo están llenas de vallas y de impedimentos para el paso de migrantes a sus territorios. Estamos viviendo en estos días noticias escalofriantes con la caravana migrante de centroamericanos hacia la frontera de EEUU pasando por México. Otro caso sangrante es el de la Unión Europea, que acordó con Turquía, previo pago de importantes cantidades de dinero, que sea la frontera que frene la entrada de millones de sirios y afganos que huyen de la guerra hacia los países europeos. Un caso distinto es el de Líbano, que es considerado el país más acogedor y hospitalario del mundo, porque 1 de cada 6 de sus habitantes son refugiados.

España es la frontera sur de Europa, y nuestra actuación no es muy distinta a los países del 1er mundo. Marruecos recibe dinero periódicamente de la Unión Europea, a instancias españolas, para controlar los flujos migratorios procedentes del África subsahariana. La llegada de migrantes a España se ha multiplicado, pasando de las 500.000 personas allá en el año 2000, a los 5 millones en 2015. Sin embargo, no somos el peor destino para los migrantes, ni mucho menos. El proceso de integración de estas personas ha funcionado mejor que en otros países, porque se facilita al migrante el acceso a una sanidad y una educación gratuitas, y pueden conseguir la residencia en España, por arraigo, en 3 años. Pero hay que reconocer que los CIE (Centros de internamiento de extranjeros) no funcionan bien y los organismos para la tramitación de solicitudes de asilo están colapsados, por problemas administrativos internos principalmente, con más de 35.000 de potenciales refugiados esperando a que se resuelva su expediente y reciban la tarjeta roja que les permita regularizar su situación y poder establecerse en nuestro país.

2.- Desde el ORA (Profundiza).

Luis nos invitó a profundizar mediante dos reflexiones.

Primero, una reflexión teológica a través de 3 imágenes:

  • Un cuadro de Fray Angélico (la huida a Egipto). Jesús huyó y fue refugiado. Debemos estar próximos a los migrantes. Dios es movimiento, se desplaza allá donde está el sufrimiento, y desde ahí nos atrae, va por delante de nosotros.
  • Un icono sobre la Trinidad. Es la hospitalidad y la acogida del débil. Como cristianos nos toca porque, de alguna manera, todos hemos sido acogidos al venir a este mundo. Es la oportunidad del encuentro con Dios.
  • Un mosaico de Pentecostés. Todos somos hijos de migrantes, es lo que nos hace iguales, descendientes de aquél que acoge.

Segundo, una reflexión política a través de 3 preguntas:

  • ¿Podrán tener los migrantes un lugar para vivir?
  • ¿Podemos vivir todos juntos?
  • ¿Habrá quienes sostengan la solidaridad y la fe?

3.- Desde el TRANSFORMA.

– Acompañar: ser cercano y afectivo con el otro.

– Servir: generar comunidades de hospitalidad para demostrar que la acogida es factible.

– Defender: hay que estar presentes en el debate político y participar.

Finalmente, y después de mostrarnos algunos videos con testimonios reales, Luis Arancibia nos invitó a participar a través de la web visibles.org, sobre la problemática de las empleadas del hogar que son migrantes.

Acabamos el Encuentro Parroquial compartiendo todos lo que habíamos traído de picoteo.

En fin, esperamos que con la lectura de este artículo, hayamos trasladado lo vivido intensamente en este Encuentro Parroquial, y que sirva para animaros a aquellos que no vinisteis a que penséis que el próximo año sobre estas fechas, habrá otro Encuentro Parroquial al cual desde ya os invitamos a participar y disfrutar.

Javier Hernán – ECo

Fe a ritmo de Djembé

Tras un largo y rico camino que para algunos de nosotros empezaba en precomunión, el pasado 29 de septiembre celebramos llenos de alegría que ¡ya somos comunidad! Fue una celebración sencilla y cargada de humildad, en la que recordamos cómo ha sido nuestro camino como grupo y cuáles son nuestras señas de identidad. La quisimos compartir con todas y cada una de las personas que nos han acompañado en este proceso, tanto las que pudieron asistir como las que no. ¡A todos os tuvimos muy presentes!

En nuestro crecimiento en la fe y como grupo ha tenido mucho que ver todo el proceso pastoral de Guadalupe, desde Génesis, donde empezaron nuestros miembros más veteranos, hasta la Juvenil, pasando por las primeras tribus que tuvo Éxodo: José, de los sueños, y Benjamín, de la ternura; ambos, valores que nos han ido acompañando durante nuestra trayectoria.

Dos años han pasado ya desde nuestras incorporaciones más recientes, que nos han convertido en una comunidad diversa en caracteres y carismas. Qué suerte que eso, lejos de marcar distancias entre nosotros, enriquece nuestro grupo y nuestra fe compartida. Porque así queremos vivir nuestra fe, compartiéndola en el seno de nuestra comunidad, y también en nuestra parroquia, cuya propuesta de fe viva y activa nos ha cautivado desde el principio de nuestro proceso. Y, especialmente, llevándola más allá de las paredes de Guadalupe, para que no se aísle del mundo y pueda crecer cada día un poco más. Esto es lo que nos llevó a los once que hoy formamos Djembé a decidir formar comunidad.

El servicio y el encuentro con los demás han calado hondo en nuestra esencia comunitaria desde el principio. Tras nuestra primera experiencia como grupo en una de las casas del Cottolengo del Padre Alegre, quisimos seguir construyendo Reino como comunidad, prestando nuestro servicio dentro de Guadalupe y también conociendo otras realidades fuera. Precisamente, una de las experiencias más enriquecedoras para nosotros fue en Ceuta este mismo año, donde tuvimos la oportunidad de acercarnos a una realidad tan dura como la de los migrantes que lo dejan todo en sus hogares con la esperanza de conseguir un futuro del que se les había privado. Como ya escribimos en «Boza, el grito que derriba los muros», volvimos removidos y con la certeza de hacer de la acción social,  imprescindible en nuestra Iglesia, un pilar de nuestra comunidad.

Este y otros encuentros con África terminaron motivando nuestro nombre, Djembé (se pronuncia «yembé»), que resume lo que nos caracteriza como grupo, como comunidad: el encuentro cálido, la entrega sencilla, la fe viva.

¿Y por qué Djembé? Un djembé es un instrumento de percusión de origen africano.  Su sonido nos recuerda que no queremos vivir una fe estática, pasiva, sino que queremos actuar, denunciar, acompañar desde la fe tantas realidades que, como la de los migrantes africanos, sacuden a nuestro mundo. Y no solo con quien nos resulta fácil o cómodo, sino también con aquellos con quien nos supone un desafío.

Queremos que este nombre vaya más allá de la cultura africana, pues un djembé es música, es encuentro cálido, es fiesta. Queremos que nuestra comunidad sea lugar de encuentro, abrazo del Padre, entrega a los demás. Porque nuestra fe no existe ajena al mundo en que vivimos, sino que, con la fuerza del Espíritu, se une a él para dar hasta la última percusión.

Damos gracias al Padre por habernos convertido en una comunidad de jóvenes cristianos ilusionada, soñadora y en búsqueda. Él es nuestro centro, y su Espíritu nos lleva a compartir la vida como hermanos y a sentar una base fuerte sobre la que construir Reino. Queremos ser sus manos y sus pies; luz del mundo y sal de la Tierra.

Creemos en un Dios que está en el mundo que nos rodea, en las personas que lo forman. Y sois tantos y tantas los que, de innumerables formas, habéis ido aportándonos distintos matices a nuestra identidad comunitaria: nuestras familias, todos quienes habéis pasado por nuestro grupo, los Misioneros y, por supuesto, todos nuestros acompañantes en la pastoral de Guadalupe. Esta comunidad es fruto de las plantitas que habéis ido regando con vuestro tiempo, cuestionamiento, apoyo, comprensión, tirones de orejas y ocio y vida compartida. Solo podemos sentir agradecimiento y seguir celebrando nuestra andanza como comunidad.

¡Gracias por hacer de Djembé lo que hoy somos!

La nueva comunidad Djembé

 

Unas vacaciones diferentes

Nuestro viaje empezó como suelen empezar muchos viajes: la llegada al aeropuerto, la ansiedad de llegar al destino aún antes de haber despegado, la larga cola para facturar… Nada parecía indicar que estábamos a punto de emprender unas vacaciones distintas, una experiencia que, a muchos, nos iba a cambiar. ¿O tal vez sí? La verdad es que las maletas que llevábamos no eran para nada normales. Tres o cuatro de nosotros podríamos haber cabido dentro de los bolsones negros que transportaban casi 500kgs de materiales y ropa para niños. Bueno, y de nosotros ni hablar: 17 voluntarios de lo más variado – 4 familias con hijos entre los 12 y los 24 años y 4 universitarias con más energía que un niño de 8 años – acompañados por Chelo, una de las dos almas fundadoras de Kelele y del proyecto de la eco-escuela Kumwenya, en Uganda. Todos dispuestos a dedicar un pellizquito de nuestra vida.

Y 14 horas después de despegar, a las 05:00 am de Uganda, llegamos a Kampala, capital de Uganda y tuvimos la oportunidad de presenciar el despertar de la ciudad, que nada tiene que ver con los amaneceres en la sabana que se ven en los documentales. En Kampala miles de niños y niñas caminaban solos por los arcenes, con una mochilita a la espalda y los zapatos destrozados, para poder llegar al colegio puntuales, mientras que otros tantos miles de coches pasaban como rayos a escasos centímetros de ellos.

A eso de las 7 de la mañana amaneció Kumwenya. Recuerdo bajar las escaleras de la cabaña, atraído por los gritos de niños y niñas y verlos jugando y bailando en medio del patio. Esta imagen, acompañada por los sonidos de la naturaleza y el sol brillando ya alto en el cielo, me generó una sensación de paz, felicidad, armonía con la naturaleza.

Cogimos fuerzas con un maravilloso desayuno, y nos pusimos manos a la obra a organizar las actividades que íbamos a llevar a cabo durante nuestra estancia en el colegio, que eran de lo más variopintas: hacer una segunda portería de futbol, montar dos campos de vóley, restaurar el cartel de entrada al colegio, talleres de futbol, vóley, informática, arteterapia, origami, tejido, teatro, club del libro, reciclaje de papel, aceite de aguacate y hasta construir un invernadero “piloto” para poder seguir cultivando en las épocas de lluvias…. Cada cual se involucraba donde veía que podía aportar más en función de sus habilidades, y siempre coordinados con el programa del colegio.

Y antes de que pudiéramos darnos cuenta, ya estaban los niños otra vez gritando, corriendo y riendo en el patio: la hora del recreo. Dejamos nuestros quehaceres para después y fuimos con los niños. Nada más pisar el campo de futbol, fuimos arrollados por los pequeños. Y con arrollados quiero decir arrollados. Se nos colgaban de los brazos, nos agarraban las piernas, no nos dejaban caminar. ¡Éramos la nueva atracción! Nos reíamos, gritábamos y corríamos con ellos tras el balón como posesos, para acabar tirados en el suelo pidiendo un descanso. Pusimos música en el altavoz y empezamos a bailar sin ninguna vergüenza hasta que ésta dejó de escucharse a causa de las risas burlonas de los niños de P1 (primero de primaria).

Tras una media hora, los niños volvieron a clase. Nosotros estábamos agotadísimos. Si hubiésemos dicho que acabábamos de volver de una batalla, nadie habría puesto objeciones. Pero la sonrisa de oreja a oreja no nos la quitaba nadie. Estando con los pequeños nos habíamos vuelto a sentir niños. Nos habíamos dado cuenta de que con una sonrisa o con un «choca los cinco” podías hacer reír a decenas de niños. A unos niños que, día tras día, volvían con ilusión a Kumwenya, no sólo a aprender a leer o a sumar y restar o a cuidar de las gallinas-sí, en Kumwenya hay un gallinero-, sino a recibir también una enseñanza de modales y valores imprescindibles como lavarse las manos y los dientes, respetar al prójimo, compartir con los más desfavorecidos, trabajar en grupo y saber mediar en conflictos.

Por las tardes veíamos a los niños que por la mañana estudiaban en el colegio cargando agua y leña, trabajando para ayudar a mantener a sus familias. Los mismos niños, que en numerosas ocasiones, preferían quedarse a jugar con nosotros por las tardes en vez de regresar a sus hogares, arriesgándose así a llevarse una buena regañina de sus padres.

Pasaron los días sin que nos diéramos cuenta, días intensos de trabajo de sol a sol, pero que terminábamos siempre con la felicidad visible en nuestros rostros.

Todos en Kumwenya se mostraron inmensamente agradecidos. De hecho, uno de los últimos días, organizaron una actuación y nos presentaron unos hermosos bailes locales que habían aprendido para darnos las gracias. Sin embargo, fuimos nosotros los que teníamos que haber dado las gracias, fuimos nosotros los que más aprendimos y ellos los que consiguieron enseñarnos a ver la vida de otra manera.

Aprendimos que siempre existe la posibilidad de escapar de la rutina, del estrés, de los problemas y volver a ser un niño. Que estos niños, por muchas dificultades que tengan en sus vidas, no pierden su sonrisa siempre y cuando puedan seguir yendo al colegio a aprender y a jugar.

Aprendimos que se puede ser feliz con muy poco. Que una sonrisa o un “¿Cómo estás?” eran gestos importantes para los niños.

Con Deo, un chico de 8 años de P1 establecí un vínculo muy especial. Cuando le dije que nos teníamos que volver a España, rompió a llorar. Su madre me explicó que en casa había hecho huelga de hambre, que no quería que me fuera. Verle llorar, abrazándome y deseándome lo mejor, me hizo ver lo mucho que deseaba volver aún antes de haberme ido, lo importante que es para mí ayudar y aprender de estos niños. Ahora tengo claro que quiero volver.

Volvimos a Madrid con menos y a la vez con más. El equipaje pesaba menos, después de haber dejado bastantes cosas en Kumwenya, pero el corazón, nuestro corazón pesaba mucho más.

Despedida a Ramón

EXTRAÍDO DE LA EUCARISTÍA ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VIDA DE RAMÓN
(Parroquia Ntra. Sra. de Guadalupe, 18 septiembre 2018)

Bienvenida.

Hoy nos reunimos para dar gracias por la vida de Ramón que, de ruta en ruta, se ha ido colando en nuestras vidas hasta ser una parte importante de ellas. Queremos tenerle presente con su radio, su fuente de información continua e, indirectamente, origen de los buenos momentos que hemos pasado con él.

Acción de Gracias.

Todos los que hemos conocido a Ramón  estamos agradecidos a la Vida por haber tenido la oportunidad de ponerle en nuestro camino.

A Ramón nada le era indiferente. Nos parábamos a las puertas del lugar donde vivía desde hacía cuatro años, entre contenedores de basura y algunos cartones, en el subterráneo de Pza. Castilla; allí descansaba y repasábamos la actualidad aprovechando su sentido crítico, su lucidez y su buen humor.

Con el tiempo, fuimos ampliando los temas y Ramón se fue interesando por nosotros los voluntarios, por nuestras vidas. Sabía de nuestra familia, de nuestras relaciones, incluso actuaba de consejero en algunos casos. Y poco a poco nos fue ganando a todos los que le conocimos. Ramón nos decía últimamente: “Ya sabéis lo que os quiero”. Ese cariño era mutuo.

La desaparición repentina de un ser querido siempre nos deja sin saber cómo reaccionar. Más tarde, nos damos cuenta que lo importante es no olvidarles.

Hoy hemos querido tener este gesto en recuerdo de nuestro amigo tal y como lo hemos conocido: compartiendo una cena frugal, escuchando en el silencio su voz, a pesar del ruido de la calle, haciéndole presente en medio de nosotros.

En la oscuridad de su ausencia deja una claridad que siempre vivió y quiso comunicar.

Gracias a la Vida por la vida de Ramón que nos une aquí esta noche.

(Voluntariado de la Parroquia Ntra. Sra. de Guadalupe, que se ocupa de los “Encuentros con Personas sin Hogar”, los viernes por la noche).