Más horarios de verano.

MISAS:Dios y Jesús esquiando sobra agua.

Martes a Viernes: 13 h. y 20 h., ambas en Salón Parroquial
Sábados: 20 h. en la Cripta
Domingos: 12 h. y 20 h. (en Templo o Cripta)

Festivos: Por avisos parroquiales o consultando redes sociales

CONFESIONES:Después de cada Eucaristía: Solicitarlo al sacerdote celebrante.

DESPACHO PARROQUIAL: (Entrada por Puerto Rico, 1)
BODAS, BAUTIZOS y FUNERALES (Acudir o llamar a secretaría en horario de oficina)

ASISTENTE SOCIAL Y BOLSA DE EMPLEO
Martes y Jueves, de 11 a 13 h.

No hay atención social ni bolsa de empleo desde el 12 al 31 de agosto.

Se reanuda en el mes de septiembre.

RECEPCIÓN Y SECRETARÍA
Horario Oficina:
Julio: Martes a Sábado, de 10.00 a 15.00 h.
Agosto: Martes de 10.30 a 13.30 h. y Jueves de 17.00 a 20.00 h.
Septiembre: Martes a Sábado, de 10.30 a 13.30 h. y de 15.00 a 20.00 h.

Compartiendo desde la compasión 2

En este segundo “compartir” lo hacemos desde las vivencias de una voluntaria, mujer de mucha experiencia en el trabajo en favor de los hermanos y hermanas.

Dedicó un buen espacio de la entrevista a aclarar como se sitúa en el servicio a los otros. Su concepto personal de voluntaria se centra en comprenderse una creyente que no puede desentenderse de los otros/as que son sus hermanos y hermanas, hijos de Dios, “no tengo elección ante situaciones de dolor”. Enfatiza que a su alrededor hay muchas personas que, sin ser creyentes, se implican en el servicio a los demás pero que ella se implica desde la fe en Dios, que le ama y le dignifica.

Respecto al concepto de “servir al Pobre”, de manera interesante transmite que ella misma se siente pobre y que sin está conciencia le resultaría muy difícil el acercamiento a los hermanos en sufrimiento. Para ella, es indispensable mantener la conciencia de la propia pobreza para acompañar a los hermanos.

Respecto a lo más significativo que ha recibido de su servicio a los hermanos/as, esto es lo que nos relata:

  1. “La vida compartida me lleva a vivir una fe sencilla y agradecida, que también me ha llevado a compartir de lo mucho recibido: educación, cultura, amor y otras muchas cosas.
  2. Me ha provocado un cambio en la manera de comprender a Dios. Dejando de ser meramente asunto individual, lleno de reglas fijas e intimista. Ahora, es el Dios de Jesús, Padre-Madre, con quien me relaciono en incertidumbres y conflictos, infinitamente misericordioso, que me descubre como vulnerable-frágil con los otros y me lleva a acoger la fragilidad y vulnerabilidad de los otros.
  3. Me ha llevado a NO juzgar a los otros/as y aprender a descubrirlos como compartiendo una fragilidad fraterna. En esto, he recibido grandes lecciones de alegría y resiliencia, que aún son motivo de proceso de integración en mí.
  4. De pequeña me educaron en el “ver, oír y callar”. Ahora lo traduzco como ESTAR, que es para mí esencial en la tarea del voluntariado, que se une a ACOMPAÑAR, es caminar a la vez.
  5. Ver, oír y callar, es acoger a la persona, sus creencias, ideas, recorridos vitales, situaciones concretas. En un segundo momento, tolerancia, ausencia de juicio, es desarrollar la capacidad de escucha, con un sentido de humildad.”

En cuanto a las capacidades que entiende que debe tener un voluntario, de manera sintetizada nos dice: empatía y respeto a la dignidad de cada persona, capacidad de escucha, acoger en el silencio, humildad para reconocernos delante de Dios. Exige una vigilancia permanente a nosotros mismos, a sentirnos superiores o mejores para ser asertivos en el acompañamiento.

Nos comparte, también, desde su experiencia, qué es lo que sostiene a un voluntario en su servicio:

Po último, me compartió una oración que le acompaña en todo, incluso en su militancia política. Un fragmento del salmo 17:

Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
Fiada en ti, me meto en la refriega,
fiada en mi Dios, asalto la muralla.
El me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;

Hasta la próxima.

El Nabí

Basileia: 30 años caminando juntos en comunidad

Foto de Basileia

Fue en el curso 1993-1994 cuando comenzamos nuestra andadura comunitaria dentro de la Parroquia de Guadalupe. Mucho ha pasado desde entonces y han sido muchas las personas que han dado “alma” a ésta nuestra querida Basileia.

No dejamos de dar gracias a Dios por todo lo vivido y recibido durante este tiempo, tanto por las personas que han formado parte en algún momento de la comunidad y nos dejaron su huella, como por aquellas que nos han acompañado e iluminado tantas y tantas veces.

Nuestro nombre de comunidad, Basileia, el Reino, nos ayuda a colocarnos en nuestro mundo como un granito de mostaza. Somos un pequeño signo que Dios desea hacer fructificar de manera muy sencilla allí donde Él nos coloque.
Guadalupe es nuestra casa, y por eso queremos compartir con todos los que conformamos este espacio, nuestra inmensa alegría por estos 30 años de andadura… y seguimos en camino….

Compartiendo desde la compasión

Me lanzo a abrir una nueva sección de nuestra página parroquial con el objeto de recuperar y compartir el paso de Dios entre nosotros.

En el último año, he podido comprobar que los hermanos y hermanas que se vinculan a un voluntariado, sea del tipo que sea, viven un desgaste o erosión espiritual que han compartido conmigo en varias ocasiones y, por ello, he decidido convertirme en “reportero de lo social”.

No es mi pretensión promover héroes o heroínas, busco hacer justicia a la presencia del Espíritu Santo que actúa en medio de nosotros. Por ello, los entrevistados mantendrán el anonimato y solo me referiré a ellos y ellas por el género, respetando su testimonio y aportando algún comentario propio que creo puede ser útil para todos aquellos que se sientan llamados al voluntariado.

La primera persona con la que he mantenido un encuentro, es un varón que ha vivido un largo proceso de búsqueda y seguimiento de Jesús. Nos ha compartido que, lo más significativo que le ha dejado su servicio con marginados, ha sido un “cambio de mirada”; como si antes estuviese ciego y no pudiera sentir y vibrar con el sufrimiento de otros.

Me hizo recordar que un personaje recurrente en los evangelios son los ciegos (Mc 10,46-52; Jn 9,1-41) y tiene toda su lógica porque, en la mía propia, he podido comprobar que toda nuestra vida es un aprender a ver o a quitarnos cegueras. Por ello, creo que una de las tareas fundamentales del voluntario es atender sus cegueras, porque no podemos asumir el amor al prójimo y comprender su sufrimiento sin trabajar nuestras cegueras.

Cuidar nuestras cegueras purifica nuestras empatías, nuestros acercamientos al otro u otra y acrecienta nuestra capacidad de escucha sin juicio y con humildad.

Nuestro entrevistado nos pone también en alerta sobre las motivaciones de nuestro voluntariado: tener motivaciones torcidas en un servicio o, simplemente, no tenerlas claras, puede hacernos caer en el activismo, que no es servicio cristiano.

Por último, nuestro primer voluntario recomienda dos mediaciones fundamentales para sostener el servicio al sufriente: primero, una lectura meditada del evangelio de cada día en primera persona, buscando en ella la llamada a hacer presente el Reino. Y, en segundo lugar, perseverar en un proceso de comunidad, convencido de que la fe se fortalece en compañía de hermanos y hermanas con los que se comparte la propia fe, la vida y el compromiso.

Es posible que lo aquí compartido no aporte grandes novedades, sin embargo, creo que es necesario evidenciar que tenemos hermanos y hermanas que buscan seguir a Jesús desde lo cotidiano, asumiendo sus responsabilidades de manera sencilla y perseverante.

Hasta la próxima.

El Nabí