Comunidad Basileia

Ha habido suerte, cuando nos ha pedido la revista una foto de la “comu”, empezamos a buscar y, sí, tenemos una foto reciente de todos, excepto la Delegada que tenemos en Badajoz. Es de la celebración de Reyes de este año.
Poniéndonos históricos hay que decir que la “comu” empezó a rodar en la convocatoria del, entonces, Catecumenado del curso 1993-94, empezando a reunirnos en octubre de 1993. No tenéis más que tirar de calculadora para saber los años que llevamos calentando sillas en Guadalupe. Durante unas pocas reuniones llegamos a ser 40 personas. Se fue reduciendo el número y con subidas y bajadas, entradas y salidas, ahora somos 14, más la Delegada que por razones de trabajo y familia volvió a su tierra.

De los 15 totales, 7 estamos desde el principio, los demás son felices encuentros que nos han ido aportando luz y sal a la comunidad y sin los que hoy no nos entenderíamos. Comunidad Basileia

En los años iniciales con el acompañamiento de Cecilia, Juan Mojarrieta, Domi, el entonces MSpS Gerardo y otros, vimos el significado y la importancia de nuestra colaboración en la presencia del Reino de Dios en este mundo. Por eso cuando propusimos nombres para la comunidad, elegimos BASILEIA, que es la palabra griega con que aparece el Reino en las Escrituras. Es un nombre con el que, realmente, nos encontramos muy a gusto.

Durante los primeros años nos ocupamos de consolidar el grupo con actividades conjuntas, fines de semana de trabajo y ocio, vacaciones comunitarias, etc.; todo esto nos ayudó a conocernos, valorarnos y unirnos.

Siempre hemos sido una comunidad muy heterogénea: en situaciones personales, edades y talantes; y siempre lo hemos querido ver como una oportunidad de crecimiento personal y comunitario, más que como un inconveniente. Con todo ello, claro que ha habido conflictos y nos han servido para ser más tolerantes y comprensivos, sintiendo profundamente la marcha de los que se fueron, a los que deseamos lo mejor.

En cuanto a nuestro funcionamiento destacamos algunos momentos. Al principio del curso hacemos una programación en la que consensuamos, generalmente, 2 temas, a desarrollar en los dos cuatrimestres en que dividimos el curso. Nos reunimos todos los jueves por la tarde, salvo que haya una previsión de una asistencia muy minoritaria. Solemos empezar con media hora de oración, para seguir con el tema que estemos desarrollando o algún otro que sea necesario tratar en ese momento. Dedicamos especial atención a los tiempos litúrgicos de Adviento y Pascua con una reunión específica. Procuramos asistir en un número significativo a alguna de las tandas de los ejercicios parroquiales.
Como señas de identidad destacamos:

– Como eje central en el que se apoya nuestra marcha comunitaria, una identificación plena con el objetivo general de las comunidades de compartir Fe, Vida y Compromiso; como camino para facilitar lo que entendemos que es el fin último de la comunidad: el encuentro personal con Jesús, cada vez más profundo y transformador.

Seguimiento de Jesús y apertura al Espíritu. Como no podía ser de otra manera, Jesús y sus enseñanzas a través de las Escrituras y otros textos, es la permanente referencia para nuestros comentarios, posiciones y actuaciones. Mejor decirlo con palabras de Jesús: es el camino, la verdad y la vida, pretendiendo ser un signo de su presencia en un mundo generalmente contrario a sus valores, aunque estos barnicen muchas actitudes y costumbres de nuestras tradiciones y consensos populares.

Perseverancia. En los momentos más bajos de ánimo, por varias salidas de la comunidad u otras circunstancias, contemplamos la necesidad de recurrir a un “ ojo externo ” y así lo hemos hecho. Resumiendo en una frase su aportación ha sido la de RECONOCER LA REALIDAD, como la más potente palanca de cambio en lo individual y grupal. Fue muy útil y supuso un debate y discernimiento comunitario. El primer resultado del debate ha sido la decisión de perseverar y mantener el esfuerzo comunitario, reconociendo lo que nos enriquece a cada uno. El resultado es nuestra permanencia, ya, un tanto larga.

Comunidad acogedora. El otro resultado del discernimiento comunitario ha sido una clara decisión de apertura, como expresión de nuestro sentir fraterno y solidario con quienes quieran acercarse a nosotros. Dejamos que la realidad del entorno transforme la comunidad.
Y la ha transformado, nos ha transformado, positivamente, con la incorporación de personas que han aportado y aportan nuevas visiones, profundidad de planteamientos y una reducción en la media de edad. Todo ello bueno para la marcha de la comunidad y potenciador de un sentido afectivo y sano de pertenencia, lejos de exclusivismos.

Comunidad viva. Nos olvidamos de rigideces en los temas que tratamos y estamos muy atentos a lo que nos va pasando a cada uno, dejándonos afectar por las problemáticas particulares, dificultades personales o temas puntuales que sea necesario comentar. Somos celebrativos en Navidad, Reyes, cumpleaños y lo que se va presentando.

Compromiso parroquial. Bastantes de los componentes del grupo participan, o han participado, en las diferentes áreas parroquiales: Pastoral de Adultos, como responsables de la pastoral y acompañantes; Comisión de Economía, Equipos de Liturgia; miembros del Consejo Pastoral y de la Coordinadora de la P.A.; Pastoral Bautismal; C.P.M. y miembros de la directiva y socios de Dignidad y Solidaridad.

Compromiso social. Personalmente colaboramos, o hemos colaborado, en diversas ONG: Alternativa en Marcha, Amnistía Internacional, Jesús Caminante, Acope, Comunidad de Asís y Karibu. También es un signo del compromiso social comunitario el Fondo económico que anualmente vamos ajustando a los proyectos que nos llegan y a nuestras posibilidades. Preferentemente apoyamos proyectos educativos y de desarrollo en el tercer mundo y de carácter más asistencial en el cuarto mundo. No tenemos un Proyecto comunitario en que estemos todos implicados, pero sí vivimos comunitariamente los proyectos en que cada uno participamos.

Puntos débiles. Que también los hay. 1º Una cierta dispersión al tratar temas difíciles, en los que nos cuesta ser concretos y claros. 2º La veteranía del grupo, con edades entre los de 80 y 50 años y los muchos compromisos familiares y sociales que conlleva, lo que hace que la atención en la comunidad se vea un poco debilitada.

Lo mejor que se puede decir de la comunidad y de nuestra cercanía mutua, es lo que uno de nosotros dijo: “ES UN ÁMBITO EN EL QUE NO NECESITO FINGIR LO QUE NO SOY”.

Bueno, el contador de Word dice que ya estamos en las palabras adecuadas para el espacio que tenemos, así es que nos despedimos hasta que nos veamos, cualquier día, por los pasillos, salas o capillas de nuestra querida Guadalupe. Abrazos a todos.


BASILEIA.