Editorial

El final de curso siempre trae consigo un intento de reflexión, de análisis, de autoevaluación de nuestra actividad; la personal y la de nuestro grupo, nuestra comunidad, nuestros compromisos de servicio… Termina otro curso y, quizá, lo más importante que tengamos que revisar en esta ocasión sea si hemos conseguido o no transformar el amor de aquel que nos une, de quien nos convoca, en alegría. Ese fue nuestro propósito al comenzarlo. El lema que hemos pretendido que guiara nuestros pasos durante estos meses: “Tu Amor, nuestra alegría”.

Seguro que ha sido un curso rebosante de trabajo compartido, de compromiso mutuo, de vida entregada. Ojalá haya sido también desbordante de alegría.

Y si no, aún estamos a tiempo. Corramos a hacer las maletas con toda la ilusión de que seamos capaces y dispongamos bien el espacio: aquí, todo lo que hemos aprendido este curso para poder madurarlo tranquilamente; al lado, unas antenas grandes para no perdernos nada; hay que dejar sitio para una buena dosis de capacidad de asombro, que seguro que nos vendrá bien; no olvidemos el espíritu aventurero, la capacidad de escucha, los pulmones gastados para poder hincharlos a tope de aire puro, las pilas para recargar…

¡Ya estamos listos! Solo queda lanzarnos a disfrutar de todas las oportunidades que nos brinda el verano. Aquí, allí, qué más da… Será un paraíso si nosotros lo decidimos.

¡Feliz verano!

ECO (Equipo de Comunicación)