La covid-19 no paró al GAS

Nos confinaron de repente, pero la creatividad, la generosidad y la solidaridad no se confinaron.

En los primeros quince días, tras el repentino estado de alarma y el confinamiento domiciliario estricto, entramos en estado de shock y durante ese periodo todo estuvo más o menos tranquilo.

Pero poco tiempo duró la tranquilidad y comenzó la movilización. El teléfono empezó a sonar continuamente… petición por aquí y por allá…

La Atención Social Primaria de la parroquia se puso en marcha con inmediatez, y a la solicitud de peticiones de ayuda, empezaron las respuestas.

Teníamos a nuestra disposición un teléfono fijo y otro móvil asociados, un par de direcciones de correo electrónico y la Base de Datos de Cáritas. Todas estas herramientas se divulgaron por los diferentes canales, y coordinándonos con Cáritas Vicaría-1 y con los Servicios Sociales Municipales de nuestro distrito de Chamartín, desde donde también nos llegaban las peticiones de ayuda, principalmente para alimentos.

Algunas de las parroquias del Arciprestazgo de San Miguel de Chamartín (al que pertenecemos), no tuvieron capacidad para ponerse en marcha. Diferentes circunstancias personales y estructurales se lo impidieron.

Cuando desde Cáritas Vicaría-1 (a la que pertenecemos territorialmente), nos preguntaron si Guadalupe podría asumir la ayuda a familias de estas parroquias que estaban necesitándola, hablamos con Fernando MSpS, nuestro párroco, que por supuesto dijo que sí.

Es así como comenzó la ayuda y el acompañamiento a las alrededor de 30 familias que durante el confinamiento lo solicitaron.

A su disposición pusimos la escucha, la atención y disponibilidad telefónica “casi absoluta”, los/as voluntarios/as, los sacerdotes, y el fondo económico (incrementado para la ocasión) del que disponemos en la parroquia para atender las necesidades básicas de personas que, de forma continuada o puntual, acuden al despacho de Trabajo Social.

Comenzamos dando ayuda económica en metálico para que estas personas hiciesen la compra y luego nos aportaban los tickets del supermercado. Vimos que no era buen método porque, aunque la cesta de la compra contenía alimentos de primera necesidad, algunos eran de alto coste económico, y el dinero era mal rentabilizado.

También hicimos algún ingreso económico, pero nos encontramos con el problema de que algunas de las familias eran deudoras en el banco, y según se ingresó el dinero, automáticamente el banco se lo quedó.

Así que se nos ocurrió movilizar a voluntarios/as que acompañasen a las familias al supermercado. Disponían de una cantidad económica entre 30 y 35 € por miembro familiar. Se encontraban en la puerta del supermercado y, tras hacer la familia la compra, en la línea de caja, el/la voluntario/a supervisaba que contuviese alimentos básicos y necesarios (hay alguna buena anécdota al respecto) y pagaba.

Las compras se hacían una vez al mes y, en algún caso, cada 15 días.

También nos pidieron llevar medicamentos y compras a algunas personas mayores, pero generalmente se trataba de familias con hijos menores, inmigrantes mayoritariamente, algunas con permiso de trabajo y de residencia, otras en situación irregular, y también alguna familia nacional.

A nivel de las asociaciones con las que colaboramos en el GAS, los miembros del equipo contactaron telefónicamente con ellas, para interesarse por cómo estaban viviendo esta situación. Desde la parroquia también se les aportó la parte proporcional del presupuesto anual asignado.

Así fue como la parroquia, a través del GAS, estuvimos presentes en la primera ola de la pandemia, contribuyendo a mejorar la situación de estas familias.