De todos los colores del arco iris

El pasado 15 de marzo, la Pastoral Juvenil de la parroquia vivió una de las actividades mejor valoradas de este curso. Tuvimos la oportunidad de visitar y conocer al grupo de jóvenes de Crismhom.

Me imagino que el nombre “Crismhom” será nuevo para muchas de las personas que estén leyendo esto, así que empezaremos la historia desde el principio:

Crismhom es una asociación de cristianos LGTBI, que son las iniciales de “Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales”. Parece mucha sigla, pero se resume muy rápido: las personas LGTBI conforman un colectivo muy diverso en el que se incluye todo aquel que se sale de lo convencional y de lo socialmente “bien visto” en lo referido a su orientación sexual o a su identidad de género. Personas que muchas veces nos sentimos marginadas o discriminadas en el mundo, y por desgracia, de una forma especialmente dolorosa en la Iglesia.

Un grupo chiquitito de jóvenes de la parroquia nos sentíamos con la inquietud de poner sobre la mesa este tema. De mostrar una acogida explícita, muy necesaria para tantas personas que se sienten rechazadas por el mero hecho de ser como son.

Y en esta búsqueda de hacer visible esta realidad, como un regalo venido del cielo, nos encontramos con Crismhom. Crismhom es una asociación que nació hace más de 10 años en el barrio de Chueca. Su nombre es un acortamiento de “Cristianos de Madrid Homosexuales”, ya que en sus inicios estaba formada exclusivamente por varones homosexuales. Actualmente la conforman personas de todas las edades y variantes del cristianismo, y no solamente del colectivo LGTBI, sino que incluyen a todas las personas que se muestren interesadas en trabajar por esta realidad. Básicamente es un grupo de gente comprometida con la acogida, el acompañamiento y el anuncio de que Dios nos ama como somos. Y de que Jesús nos quiere mucho, se entrega por nosotros y siempre, siempre nos lleva de la mano. Con especial cariño a las personas que sufren, a los marginados.

Los conocimos y nos recibieron con los brazos abiertos desde el principio, invitándonos a oraciones y a las reuniones de su grupo de jóvenes. Y como nos moríamos de ganas de compartirlo con toda la pastoral, les propusimos encontrarnos con ellos. ¿Cuántas veces hablamos de salir de los muros de la parroquia? ¿Cuántas veces nos quejamos de que nos quedamos en casa, mirándonos el ombligo? ¿Cuántas veces hablamos de la importancia del encuentro, de salir, de conocer otras formas de vivir la fe y compartir la nuestra?Encuentro con la comunidad Crismhom.

La acogida que tuvo la propuesta fue buenísima. A todo el mundo le pareció una idea fenomenal, así que el 15 de marzo por la tarde, unos 30 jóvenes de la parroquia (que para que os hagáis una idea, es un exitazo) nos montamos en la línea 5 con destino Chueca. Al llegar allí se quedaron alucinados de la de gente que nos habíamos movilizado y tuvimos que apretarnos un poquito en su capilla del sótano.

Nos presentamos, compartimos todas nuestras historias. Por un momento, dejamos de ser “ellos” y “nosotros” para convertirnos en una red de gente unida por una misma fe, por una misma dignidad y por un amor muy grande, que supongo que viene de Dios. Oramos juntos, de las manos. Fue un ratazo largo, la verdad, pero os prometo que se pasó volando.

Y después compartimos una buena patata (cómo no) y los supervivientes nos quedamos un ratito más de fiesta porque la oración sin celebración se queda como a medias. Yo recuerdo que estaba alucinada de cómo, sin conocerse de nada, todo el mundo hablaba con todo el mundo y nadie se quedaba fuera. Y pensé, qué suerte estar aquí. Ojalá estuviera todo el mundo. Los que todavía tienen dudas de que la Iglesia es hogar para todos. Los que se entristecen por las personas LGTBI, sin entender que serlo no es motivo de tristeza, sino de orgullo.

Ojalá se conozca esto, ojalá se hable, ojalá se apoye a jóvenes y a mayores cuando tratan de encontrarse a sí mismos, su identidad. Ojalá los peques tengan los referentes que a mí me han faltado, ojalá los padres aprendan a querer a sus hijas e hijos LGTBI y a alegrarse por ellos, porque encuentren sus verdaderos caminos.

Ojalá muchas cosas: ojalá el día que esté enamorada de una mujer, o que un amigo mío esté enamorado de un hombre, podamos casarnos en nuestra casa que es la Iglesia. Ojalá no haya silencios cómplices cuando se cometen injusticias.

Tenemos mucho camino que recorrer. Hemos dado algunos pasos, preciosos y pequeños. Después de este encuentro les invitamos a una eucaristía en Guada. Algunos miembros de Crismhom se han pasado por misa de ocho o han preguntado por grupos o comunidades. Algunas de nosotras nos hemos acercado a sus reuniones y celebraciones. Estos días del Orgullo, nos invitan a reflexionar, orar, protestar y celebrar con ellos.

Estamos muy agradecidas a las personas de Crismhom (http://www.crismhom.com) por su implicación con nuestra parroquia. Por explicarnos tan bien todas las cosas que hacen (que son muchas) y todo el amor que ponen en este proyecto. Nos encantaría poder seguir estrechando lazos con ellos, apoyarles en aquello que podamos, abrazarles y acompañarles en su lucha, que no es suya, que es de toda la Iglesia, de todas las personas.

Este encuentro ha sido un regalo de todos los colores del arco iris. Ha sido una invitación a seguir en movimiento, a seguir saliendo de casa, a ponernos frente a las realidades dolorosas del mundo e implicarnos en ellas. Gracias a Crismhom, gracias a los jóvenes de Guadalupe, gracias a Oziel por acompañarnos siempre, gracias a Dios por estos pequeños milagros.