Boza, el grito que derriba los muros

El día 28 del pasado mes de marzo, nueve integrantes de la comunidad Djembé partimos con mucha ilusión hacia la ciudad de Ceuta para compartir y celebrar una Pascua muy especial, una Pascua de encuentro con todos aquellos que esperan en la frontera entre África y Europa.

La comunidad de las Carmelitas Vedrunas nos abrió sus puertas, como hace día a día con las personas que consiguen cruzar la valla o llegar a la ciudad por el mar. Paula, Cande y Teo, las tres hermanas, son el timón de la Asociación Elín, cuya intención es la de ser un oasis, como el que lleva el mismo nombre en el libro del Éxodo, para los migrantes llegados a Ceuta que persiguen sus sueños hacia una vida mejor. Todos ellos se ven retenidos allí, alojados en el centro de inmigrantes (CETI), hasta que el gobierno decide dejarlos pasar en pequeños grupos a la península, o, en el peor de los casos, los devuelve a su país de origen.

El primer día que tuvimos ocasión de conocerlos fue el Jueves Santo, cuando nos acercamos hasta el CETI para invitarles a participar con nosotros de la «Fiesta del amor de Dios». Cada uno llevamos cuatro invitaciones con sus nombres, que fuimos repartiendo. Esa misma tarde daba comienzo la fiesta del amor, con un lavatorio de manos al que asistieron por lo menos 50 ó 60, más todos los que habíamos viajado hasta Ceuta para acompañarlos, que éramos unas 30 personas. Cantamos, lavamos las manos y nos dejamos lavar, y terminamos bailando todos juntos en una gran fiesta. Esa noche hicimos el Getsemaní en el monte, durante una hora, viendo la valla desde arriba, acompañados de un fuerte viento que helaba los huesos.

El Viernes Santo empezamos la mañana con unos impactantes vídeos sobre la dura situación de los migrantes escondidos en el monte del Gourougu, en Melilla. Después, comenzamos el vía crucis por las calles de Ceuta. Recogimos a unos cuantos migrantes en el CETI, bajo la lluvia, y fuimos en bus hasta la frontera occidental, en la playa de Benzú. Muchos de los migrantes que estaban con nosotros en ese momento habían cruzado por aquel lugar, y fueron unos instantes de intensa oración y emoción. Recordamos y rezamos, tanto en francés como en español, por cada uno de los 14 inmigrantes muertos encontrados en la frontera oriental, en la playa del Tarajal, hace cuatro años. Justo al acabar, tuvimos que correr a la parada del bus ante la lluvia torrencial, que comenzó justo en el momento en que terminamos de rezar. Ese día compartimos comida, sobremesa y cinefórum de la película «14 kilómetros» con los migrantes.

Ellos compartieron su lucha, su ánimo de perseguir sus sueños, de no querer que su continente ni sus países se desangren y, a la vez, de la injusticia que supone tener que realizar un viaje en el que se les trata de forma tan inhumana, solo por el hecho de querer tener las mismas oportunidades que nosotros de una vida mejor. Cuando se marcharon, tuvimos una celebración comunitaria de la penitencia y, tras esto, hicimos la adoración de la Cruz.

El sábado vivimos el desierto cruzando la frontera con Marruecos, divididos en pequeños grupos, y haciendo el camino contrario al que los migrantes realizan desde el bosque hacia la frontera, cuando intentan cruzar. Durante la subida hacia el monte, desde el que se divisa el bosque donde se esconden, nos encontramos con varios, y nos paramos a hablar con cada uno de ellos. Algunos habían intentado saltar la valla alguna vez, otros estaban algo desanimados y algunos de ellos tenían miedo de que apareciera la policía y miraban a todos lados. Aun así, nos despedimos de todos ellos con un «nos veremos al otro lado de la valla» que destilaba esperanza, valentía y mucha fe, ante todo. Al llegar a la cima del monte, tuvimos momentos de reflexión individual seguidos de un compartir sobre los momentos más impactantes de la Pascua y sobre nuestro compromiso futuro de dar a conocer esta situación.

Volvimos a Ceuta caminando, y llegamos por la tarde a Elín. Tras la cena, iniciamos la celebración de la Vigilia, a la que también asistieron varios de los migrantes con los que habíamos estado compartiendo los días anteriores. Celebramos el rito de la luz con ellos, leímos los tres primeros artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y tiraron, de forma simbólica, y casi al instante, una valla que habíamos pintado y colocado en Elín. Celebramos con ellos ese momento, abrazándonos, bailando, comiendo y gritando todos juntos «¡boza, boza!» (pronunciado bosa), una expresión de júbilo que significa algo parecido a «renacer» o «¡victoria!», y que ellos corean cuando consiguen pasar la frontera. Este grito que derriba los muros está también en la base de su filosofía de vida, y aparece en sus canciones de forma repetida: «découragement n’est pas africaine, maman» (el desánimo no es africano, mamá), «tchoko, tchoko, ça va aller, ça va aller» (de alguna manera, todo saldrá bien).

Muchos de ellos se despidieron de nosotros antes de terminar la celebración, pues el CETI tiene toque de queda a las 11:30 de la noche, aunque algunos se quedaron al resto de la Vigilia, a sabiendas de que no podrían regresar hasta las 7 de la mañana del día siguiente.

Acabamos la celebración casi a las 2 de la mañana, y después, continuamos con la fiesta, el baile, y el celebrar la Resurrección de Jesús en nuestras vidas.

Volvimos a Madrid al día siguiente, pero una parte de nuestros corazones se quedó en Ceuta, con Malik, Michel, Isabella, Blanche, Boubakar, Mamadou, Mohammed, Big Joe y todas las personas con las que compartimos esos días.

Con el corazón en África y la mente removida, esperamos haberos acercado esta realidad, muchas veces invisible, y que sirva para sensibilizar y dar nombre propio a esas personas, que dejen de ser un general olvidado.

Muchas gracias a nuestra acompañante Paloma por darnos la oportunidad de vivir esta experiencia y animarnos fervientemente a ir. Por supuesto, gracias a la Asociación Elín, por amar hasta el extremo, acercando el Reino de Dios a sus favoritos, los marginados y los pobres.

Y, ante todo, gracias al Padre por habernos salido al encuentro en las vidas de tantas personas maravillosas, cuyas vidas habrían sido bien diferentes de haber nacido a 14 kilómetros al norte de África.

La comunidad de Djembé

Conscientes y compasivos como Jesús

Nuestro querido Toño Kuri MSpS, ha publicado libro. Os dejamos una reseña.

Este es un libro no solo para leer, sino también para ejercitarse y practicar el arte del conocimiento personal, de la no violencia y de la compasión. En definitiva, para practicar el camino espiritual que nos dejó abierto Jesús de Nazaret.

El conocimiento interior no es fácil. Son muchos los oscuros rincones del corazón donde se ocultan secretas intenciones que pasan desapercibidas a nuestra conciencia diaria. Normalmente nuestra mirada se queda en lo superficial, en los comportamientos, sin llegar a ver nuestros anhelos y aspiraciones profundas.

El relacionarnos de una forma compasiva es un gran reto también. Muchas veces nos protegemos y actuamos con violencia contra nosotros mismos o violentamos a los demás. Para el autor, violencia no es solo aquello que hace un daño evidente, sino también todo aquello que provoca distanciamiento y desconexión.

Andar por el camino espiritual de Jesús implica conocimiento interior y compasión. Implica hacer lo que hacía Jesús: desactivar la violencia, desarrollar una nueva conciencia y favorecer la conexión profunda. Para ser libres como Jesús, hay que ver con claridad, sondear el corazón arraigados en el amor y aprender a pedir. Relacionarnos como Jesús es practicar la autoconexión, la expresión auténtica y la escucha empática.

Editado por Editorial Verbo Divino, 2018.

Podéis leer las primeras páginas del libro aquí.

Cuéntame cómo pasó (Comunidad Talitha)

Hace bastantes años (¡vaya eufemismo! sí, porque no son bastantes: son muchos años, ya que son treinta y cinco), se habían formados dos grupos de matrimonios, integrados en la Pastoral Familiar de la Parroquia de Guadalupe.

Sus nombres eran BETANIA y HOSANNA. Formados por seis y cinco matrimonios respectivamente, estuvieron juntos más de diez años. Por diversas circunstancias de la vida, hubo un momento en que llegaron a su fin.

Pero sucedió que dos matrimonios de cada grupo deseaban vivamente seguir su andadura en la Parroquia. Se conocían de múltiples actos realizados en Guadalupe compartiendo buena parte de sus vidas. Hablaron y decidieron seguir caminando juntos. De Betania fueron Angelines y Antonio Buil y Charo y Carlos Cortés. De Hosanna, Josefina y Fernando Arnaldo junto a Rosa y Joaquín Insa. Queríamos recuperar el ánimo que quizás se había resentido al dejar nuestros anteriores grupos. Necesitábamos desembarazarnos del desánimo y empezar de nuevo. Hicimos nuestras las palabras de Jesús invitándonos a levantarnos y a salir.

Por eso elegimos, después de pensar y debatir diversos nombres, el mandato de: “TALITHA KUMI”, que significa “LEVÁNTATE NIÑA”.

Nos motivó y nos reanimó. Fue un mensaje de ánimo para el nuevo grupo. Era para nosotros un mensaje ilusionante para proseguir el camino. Y así nació nuestra NIÑA. Y se LEVANTÓ.

Como es norma de vida, la niña (el grupo), creció y se incorporaron Piluca y Pepe Pardos. Vinieron a enriquecer el grupo con las aportaciones de su amistad y vida.

A lo largo de tantos años de compartir fe, vida y compromiso, en los que hemos intentado llevar a nuestras vidas los lemas de nuestra parroquia y así hacer más presente a Jesús en nuestras vidas, también han existido multitud de ocasiones en las que hemos caído; cantidad de obstáculos y tropiezos que nos da la vida.

Pero hemos oído siempre “TALITHA KUMI” y, con dificultades, nos hemos ido levantando. Unas veces poco a poco. Otras rápidamente. Caer y levantarnos. Lo seguimos intentando cada día.

En realidad, cada uno de los miembros del grupo nos sentimos pequeñas gotas de agua, sin importancia y sin aparente valor, pero cuando están juntas se aprecia su belleza interior y fluyen unas al lado de las otras para desembocar en un gran río. Un río que formamos junto con el resto de grupos y comunidades, y que con la ayuda de Guadalupe sigue su curso al encuentro del infinito amor de Jesús.

El Pardo 2018. Tu Amor, Nuestra Alegría

Un año más hemos recibido el regalo de poder participar en los ejercicios espirituales organizados por la Parroquia. El lugar, El Pardo, para quien no lo conozca, la casa que está anexa a la Iglesia del Cristo del Pardo y que regentan los Hermanos Menores Capuchinos, orden de la familia franciscana. Una casa que cuenta con la ventaja de la cercanía de Madrid y a la vez con amplias zonas para pasear y meditar tanto en el propio recinto como en la parte accesible al público del monte del Pardo, y en la que siempre nos acogen con cariño y nos hacen sentirnos como en casa.

Este año tocaba ponente “externo”, ya sabéis que para ampliar nuestros horizontes, los ejercicios alternan en su preparación entre los “mispis” y otros ponentes. Nos acompañó Andrés Huertas, que intenta con su acompañamiento ayudar a formar

“una manera diferente de mirar la vida, la Iglesia y el mundo: La vida con agudeza, la Iglesia en sentido profético y el mundo con sentido realísticamente crítico”.

Iniciamos nuestro fin de semana con una primera sesión el viernes con la presentación de la dinámica de los ejercicios, basada en ir comparando la oración de Francisco de Asís, El Cántico de las Criaturas, con la Laudato Si del Papa Francisco, e iluminando cada reflexión con la luz del Evangelio.

Esa fue la dinámica de las cinco sesiones que mantuvimos a lo largo del fin de semana, con un tiempo después de cada ponencia de reflexión personal y otro siguiente de reflexión grupal, por grupos aleatorios, que nos ayudó a conocer y compartir y enriquecernos con las aportaciones de los demás.

Muy interesante, en fin, el trabajo de estos ejercicios, la reflexión sobre cómo descubrir a Dios en todo lo que nos rodea, especialmente en la Naturaleza, en este mundo que tanto maltratamos, y el lenguaje del Canto, que puede parecer un poco farragoso o anticuado, quedó de sobra compensado con las explicaciones y la actitud cercana del ponente, que consiguió dar profundidad a las sesiones desde la sencillez y su experiencia personal.

En la tarde del sábado dedicamos también un rato a la reflexión sobre el proceso penitencial, centrado en la misericordia, esa acción concreta del amor que por el perdón cambia nuestra vida, el acercarse de Dios a nuestro corazón, a nuestros fracasos, para renovarnos, y en ese ambiente de reflexión y oración celebramos la reconciliación, en una celebración novedosa en su forma y muy motivadora, igual que lo fue la celebración de la Eucaristía del domingo.

En resumen y terminando como empezamos esta crónica, un regalo poder disfrutar en Cuaresma de un fin de semana de reflexión, oración y encuentro, y del que hay que agradecer también a las comunidades que se encargaron dela organización que todo estuviera perfecto. Para quien quiera saber más del ponente, podéis consultar su página web, donde podéis encontrar un taller de oración, taller de liturgia y un taller de teología bíblica sobre la Carta a los Hebreos.

Javier y Sole – Comunidad Caminantes

De las antípodas a los Grandes Lagos

Guadalupanos por el mundo

Viajamos hasta Canadá. Donde nos encontramos con MariCarmen, Guillermo y Victoria, quienes viven en Toronto después de su paso por Australia.

De las antípodas a los Grandes Lagos

Hola a todos los guadalupanos.

Somos MariCarmen, Guillermo y Victoria y os escribimos desde Toronto, donde vivimos desde hace unos nueve meses.

Cuando llegas a un nuevo país, realmente valoras una serie de cosas en las que no caes en la cuenta de otra manera. Es un poco como empezar de cero. Te enfrentas a un montón de incomodidades e incertidumbres que te hacen sentir vulnerable. Cualquier ayuda, en cualquier sentido, se recibe como una auténtica bendición.

Nuestra historia nómada comenzó hace casi 5 años cuando una oportunidad del trabajo de Guillermo nos llevo a Melbourne, Australia. Lo que al principio fue casi una imposición, acabo siendo una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Australia es un país impresionante en muchos sentidos: para empezar es una especie de mundo paralelo en el que gente con origen muy distinto vive en armonía. Resulta sorprendente el respeto con el que la gente se trata, desde luego algo para aprender. La naturaleza también es impresionante y ciertamente hemos podido disfrutar de auténticos paraísos. Los animales más exóticos campan por las praderas sin ningún miramiento.

A los pocos meses de aterrizar, el proyecto para el que fuimos se canceló, por lo que nos pedían volver a España. En esta ocasión decidimos dar prioridad al trabajo que había encontrado MariCamen, y nos quedamos.

Para nosotros, la familia que comenzamos cuando nos casamos es, entre otras cosas, un espacio dinámico que se va adaptando en función de las necesidades de los que la formamos, donde nadie es más importante que otro. Sin prioridades, pero con cabeza. Aunque parece trivial, lamentablemente no lo es.

Entre viaje y viaje, nació nuestra hija Victoria. Nuestra atención giró irreversiblemente hacia ella. Fue un auténtico regalo. Australiana no, española, aun sin haber pisado España. Con pelo oscuro y ojos castaños, siempre muy abiertos queriendo aprenderlo todo.

En mayo de 2017 nos despedimos de Australia con mucha pena, pero con la ilusión de afrontar un nuevo reto, asentarnos en Canadá. Hicimos una parada técnica de un par de semanas en España, en la que Fernando Artigas bautizo a Victoria en Guadalupe. La verdad es que después de tanto tiempo fuera de España, ir a Guadalupe es como volver a casa.

Canadá tiene muchas similitudes con Australia. También es un país multicultural, con muchísimas nacionalidades, idiomas y religiones. Como dicen aquí, todo el mundo tiene acento.

Al llegar, volvimos a poner todos los niveles a cero, al ser nuevo todo. Nuevos trabajos, nueva guardería, nuevas ciudades, nuevos parques naturales, nueva fauna. También el termómetro se puso a cero, bueno, en los días de calor. Hemos pasado el invierno mas frío de nuestras vidas, conviviendo con la nieve durante meses y temperaturas que no pensábamos que se podían alcanzar.

Pero se fue el invierno y llegó la primavera, y con ella un sinfín de novedades, de las cuales, muchas de ellas, ni siquiera somos conscientes aún…

¡¡Un fuerte abrazo a todos!!

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