Revuelta de mujeres en la Iglesia

El pasado 1 de marzo unas 500 personas nos uníamos delante de la Catedral de la Almudena en torno a  la “Revuelta de las mujeres en la Iglesia, hasta que la igualdad se haga costumbre”, manifestando nuestro deseo de una Iglesia que sea más comunidad de iguales, más parecida a lo que propuso y vivió Jesús de Nazaret.

Este deseo no es nuevo en la Iglesia. Muchas mujeres creyentes se han “revuelto” antes. En España, en el año 2000 hubo una primera concentración también frente a la catedral de Madrid para manifestar este deseo. Otro hito fue la huelga feminista de un grupo de religiosas el 8 de marzo de 2019 movidas por alcanzar “el fin de la violencia y contra la pobreza de las mujeres dentro y fuera de la Iglesia”. En Alemania nació el movimiento María 2.0, que, el año pasado, celebró una Misa fuera del templo, visibilizando así la marginación de la mujer en el seno de la Iglesia. A nivel internacional seguimos los pasos del movimiento internacional de mujeres creyentes y feministas Voices of Faith, muy activo en los seis continentes con sus lemas “alcemos la voz”,  “rompamos el silencio”, “iguales ante Dios, desiguales en la Iglesia”.

Nos sentimos hijas y herederas de tantas mujeres que a lo largo de la historia nos han precedido, pagando incluso con su vida esta búsqueda de la igualdad en la iglesia.  Nos sentimos hijas, en primer lugar, de María de Nazaret, profeta, discípula y madre de Jesús. Su Sí a Dios sin reservas la abocó a una maternidad transgresora que históricamente se ha deformado para legitimar la sumisión de las mujeres. Desde su potente sencillez se ha erigido en icono de liberación de pobres y humildes frente a toda forma de soberbia y prepotencia. Seguimos también a Teresa de Jesús (1515), mística y reformadora de la Iglesia, acompañante y consejera, fue sospechosa de herejía por la Inquisición de su tiempo y hoy la reconocemos como Santa y Doctora de la Iglesia. Seguimos a Clara de Asís (1194), reformadora de la iglesia, que reivindicó un estilo de vida mendicante para las mujeres al modo de Francisco de Asís, pero la estructura clerical le impuso la clausura. Junto con sus hermanas de comunidad llevó a cabo una huelga de hambre de mujeres en la iglesia (ayuno y oración) para que el papa escuchara su petición de una forma de vida mendicante en los caminos y no en clausura. Más desconocida es Febe (siglo I), misionera, predicadora en las primeras comunidades cristianas, experta en inculturación. Una de las mujeres reconocidas públicamente por Pablo como “Diakono”.  Su liderazgo ministerial la llevó a acompañar con vigor y misericordia a la comunidad de Roma en una situación de mucho conflicto. Seguimos a María Magdalena, que formó parte del grupo de los 12. El encuentro con Jesús dio un sentido nuevo a su vida más allá de los roles establecidos para las mujeres de su época. Acompañó a Jesús hasta su muerte siendo la primera testigo de su Resurrección. Nunca fue prostituta y lideró la comunidad desde antes de Pentecostés. Junto con ellas hemos celebrado y recordado la vida de Hildegarda de Bingen, Mary Ward, Margarita Porete (quemada por la inquisición), Josefina Bakhita, Edit Stein, Dorothy Day, Simone Weil… y tantas otras mujeres de la Iglesia que nos preceden y animan con su testimonio de vida entregada.

¿Quiénes somos? Somos mujeres creyentes, que intentamos seguir a Jesús desde la autenticidad, la sencillez y el compromiso con quien camina a nuestro lado.  Formamos parte de la Iglesia desde distintos ministerios y vocaciones: consagradas, laicas, pastoralistas, catequistas, líderes de movimientos laicos, miembros de comunidades cristianas… La misma coherencia, que nos ha llevado a defender a las personas vulnerables, a compartir o acompañar el dolor, la soledad o la desigualdad y a levantar la voz por aquellas que no la tienen, es la que nos interpela e impulsa a promover la igualdad dentro de la Iglesia, convencidas de que sin nuestras voces se pierde la mitad de la riqueza de la Iglesia.

¿Qué queremos? Formar parte, de pleno derecho, de la Iglesia por la que nos movemos y en la que creemos. Queremos sumar nuestros carismas, aportar nuestra forma de trabajar, cuidar, sentir y vivir aquello a lo que nos llama el Evangelio de una forma global para alcanzar una comunidad eclesial nueva, igualitaria, sensible y feminizada. No queremos seguir especializándonos en tareas concretas “propias de nuestro sexo”, como se decía hace ya tantos años…Estamos honestamente convencidas de que podemos y debemos aportar más a la comunidad, enriqueciendo la realidad con nuestra mirada y nuestro corazón de mujer. Ya lo venimos haciendo desde nuestras familias, nuestros roles profesionales o nuestra participación en el voluntariado dentro y fuera de la Iglesia. Denunciamos la necesidad urgente de abordar cambios en la organización de la Iglesia para responder a los signos de los tiempos: tantas comunidades que quedan sin atender, sin sacramentos, y podrían ser atendidas si las mujeres tuvieran acceso al presbiterado y al diaconado. Tantas teólogas que podrían aportar su riqueza, su preparación y visión en los espacios de formación y decisión dentro de la Iglesia.

La experiencia personal de esta revuelta. Nos vivimos convocadas por Jesús y, desde nuestra diversidad, hemos sabido escucharnos y acogernos unas a otras apartando egos y protagonismos. Vamos a seguir caminando juntas hasta que la igualdad se haga costumbre. Hemos sido capaces de tejer una sola red en la que no se enriquezcan nuestras individualidades, construyendo una red de sabiduría teológica y espiritual, de sentido común, de entusiasmo y energía, de capacidad de acción, de creatividad y de entrega.

Estamos impactadas por la acogida que ha tenido esta Revuelta. Como el grano de mostaza, se ha extendido por muchos países y la respuesta ha sido abrumadora tanto en las redes y medios de comunicación que se han hecho eco, como en reuniones, grupos, parroquias y movimientos cristianos. Se ha replicado esta revuelta en más de 15 ciudades de España y en muchas ciudades de Latinoamérica.

Queremos compartir con vosotras y vosotros, nuestra comunidad parroquial, que, dentro del pequeño grupo que lideró esta Revuelta participamos 6 mujeres de Guadalupe. A título personal, por supuesto. Nuestra diversidad de edades y experiencias vitales es una pequeña muestra de la unión de corazones y deseos que caracteriza a nuestra Parroquia. Ha sido una experiencia de encuentro y comunión que ha llenado nuestros espíritus y nos ha hecho más hermanas.