Proyecto esperanza

Entrevista a Ana Almarza, directora del Proyecto Esperanza.

“Tenemos que buscar la igualdad de género, la libertad y la autonomía de las mujeres”.

El Proyecto Esperanza nació hace 20 años para atender a las mujeres víctimas de la trata sexual. Su directora, Ana Almarza, de la Congregación de Religiosas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, es una feminista convencida que tiene clara su misión: “buscar la igualdad de género, la libertad y la autonomía de las mujeres”.

04/06/2019 Madrid, España.
Ana Almarza. Proyecto Esperanza Adoratrices 2019. (©️Proyecto Esperanza Adoratrices/Pablo Blázquez)

El Proyecto Esperanza ha cumplido ya 20 años, ¿cómo surgió?

En 1999, en la búsqueda constante de fidelidad a la misión que llevamos las adoratrices, nos interpelaba la nueva realidad con la que nos estábamos encontrando en los entornos de prostitución en los que estábamos presentes: mujeres víctimas de la trata con fines de explotación sexual.

A raíz de esto, en Madrid se inició un proyecto piloto de acogida integral a mujeres víctimas de la trata. En diciembre de 1999 se puso en marcha el primer equipo, y así, poco a poco, dábamos los primeros pasos como congregación a esta nueva realidad sobre la que no había ningún proyecto en España.

¿Cuál es la metodología de trabajo?

Proyecto Esperanza tiene dos grandes áreas de acción.

Una, para nosotras la más importante, es la de la acogida a las mujeres supervivientes de la trata. Elaboramos un diagnóstico y, dependiendo de las prioridades y necesidades, se diseña junto con cada mujer un plan de intervención individualizado, ofreciéndole la posibilidad de acceder al servicio residencial o al centro de día especializado, además de orientación jurídica, socio-laboral, atención psicológica y mediación sanitaria.

La segunda línea de acción es la transformación social, la sensibilización y la incidencia política. Por ejemplo, en 2005 participamos activamente en la creación de la red española contra la trata, compuesta por organizaciones nacionales e internacionales con el fin de promover mejoras en las estructuras políticas, económicas, sociales y legales, así como velar por que se lleven a cabo los compromisos internacionales necesarios para garantizar la prevención de la trata de seres humanos, la sanción de delincuentes y la protección y reparación de las personas que la padecen.

¿Qué tipo de profesionales hay detrás?, ¿son todas mujeres?

Somos un equipo de 25 profesionales que trabajamos de forma coordinada e interdisciplinar, la inmensa mayoría mujeres.

Aseguran que la trata de mujeres es una forma de esclavitud moderna. ¿Cuál suele ser el perfil de las mujeres que lo padecen?

Sí, la trata de seres humanos es considerada como la esclavitud moderna del siglo XXI, las estadísticas dicen que en su gran mayoría son mujeres y niñas.

Nosotras, desde el proyecto, nos alejamos de la idea de establecer un perfil de las mujeres que son víctimas de trata porque creemos que cada mujer es única y su vivencia también, y elaborar un “perfil modelo” hace que muchas mujeres no sean identificadas si no se ajustan al perfil diseñado. Víctima de trata puede ser cualquier mujer, de cualquier edad, de cualquier nivel cultural y de cualquier nacionalidad.

Eso sí, las mujeres víctimas de la trata con las que trabajamos en el Proyecto Esperanza suelen ser mujeres inmigrantes que se encuentran en su mayoría solas, lejos de su entorno social, sin redes de apoyo, que han sufrido violencia psicológica y muchas veces también física y sexual.

Las adoratrices nacieron a mediados del siglo XIX con el compromiso de combatir la explotación sexual de la mujer, un asunto que por desgracia sigue vigente… ¿qué ha cambiado en este tiempo?

Da la sensación de que no ha cambiado mucho la situación de las mujeres y, en muchos casos, parece haber empeorado.

Queda mucho por hacer, pero creo que sí hemos avanzado. Para empezar, en 1999 no se sabía casi nada acerca de la trata y hoy ya está tipificada como delito, tenemos leyes, planes…y hay recursos de acogida especializados para atender bien a las mujeres. Sólo en Madrid en 20 años hemos atendido con el Proyecto Esperanza a 1.116 mujeres.

¿La misión de las adoratrices es común a toda la Iglesia o es necesario un mayor compromiso en este terreno?

Nosotras tenemos un carisma propio en la Iglesia: “liberar a la mujer oprimida por la prostitución y adorar a Jesús en la Eucaristía” . Y la iglesia tiene una misión, de la que nosotras desde nuestro carisma formamos parte: vivir como Jesús vivió y poner en práctica el Evangelio.

El papa Francisco nos lo recuerda constantemente en sus escritos y homilías: la Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: el pecado, el dolor, la injusticia…

¿Se considera feminista? Y la Iglesia como institución ¿lo es?

Sí, me identifica mi ser mujer, es el cuerpo con el que he venido a este mundo. Entiendo que mi cometido y llamada es desde mi ser mujer.

Además, mi congregación tiene como carisma acoger a mujeres que han sufrido violencia por el hecho de ser mujeres, y denunciar las injusticias y la violación de derechos humanos cometidos hacia ellas. Tenemos que buscar la igualdad de género, la libertad, la autonomía…

La Iglesia institución está dando pasos, lentos, desde mi punto de vista, pero también es verdad que el papa Francisco está promoviendo la igualdad, está fomentando la participación de las mujeres en el Vaticano, en la gestión de Iglesia.

¿Qué pasos habría que dar para potenciar el papel de la mujer en la Iglesia?

Las mujeres de la Iglesia llevamos el mismo ritmo que el resto de la sociedad, pero un poquito más lento porque la sociedad es patriarcal y la Iglesia es muy patriarcal.

En la Iglesia tendríamos que seguir potenciando el diálogo, desarrollando el concepto de complementariedad, el liderazgo de las mujeres, superar mentalidades, prejuicios culturales y sociales en torno a la mujer que son ajenos al mensaje evangélico. Las mujeres queremos poner nuestros dones y talentos al servicio de la Iglesia.