Editorial

Abraza la diferencia, acompaña a tu hermano

Nuestro buen Padre Dios nos creó a todos a su imagen y semejanza, pero nos hizo maravillosamente diferentes. Iguales en dignidad, pero con nuestro sello absolutamente personal. Seres únicos e irrepetibles.

Él nos concibió, nos imaginó, nos modeló casi como una parte de sí mismo. Somos un trocito de Dios. Una pieza única e imprescindible de su proyecto. Todos formamos parte de ese maravilloso sueño de Dios.

Cada uno con sus miedos y anhelos, sus ilusiones y sus sueños. Cada uno impregnado de la cultura que le ha visto nacer, marcado por las piedras del camino que le ha tocado recorrer, cargado con su propia cruz. Cada uno con el acento de su tierra, con el color de su bandera, con el idioma de los cuentos que acunaron su infancia.

Cada uno con su lucha por ser él mismo, por buscar su camino, por construirse como persona, por encontrar su hueco y forjar su propio destino. Y todos y cada uno necesitados de comprensión, de afecto, de cariño, de reconocimiento por parte del otro, para poder enfrentarse consigo mismo.

Nuestra acogida cariñosa, nuestro abrazo de hermano al que es diferente o por el contrario, nuestra indiferencia o lo que es mucho peor, nuestro desprecio, puede suponer en el otro desde una vida plena hasta la más absoluta marginación y exclusión social.

Jesús nos invita a acoger al pequeño, al forastero, al necesitado, al diferente, al extranjero, al refugiado, al pecador, al marginado… Ojalá sepamos siempre abrazar la diferencia acompañando en su vida a nuestros hermanos.

ECO

(Equipo de COmunicación)

 

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