Comunidad Desvelados

La Comunidad Desvelados nació en 1989/90 de personas de la Pastoral Juvenil que, junto a sus novios/as, formábamos las cuatro parejas que arrancamos este camino. En ese curso nos fuimos casando y al siguiente se nos unió una quinta pareja. La Comunidad ha estado casi invariable en sus componentes salvo un miembro de una pareja que se separó y la más cercana incorporación (2012) de otro matrimonio. En la actualidad Desvelados lo componemos 10 miembros y 1 “emérito” al que vemos poquito pero con quien nos sentimos muy unidos.

Nuestro nombre completo es “Desvelados del Espíritu Santo”. En su versión corta, “Desvelados” no es un nombre con el caché de la mayoría de las comunidades guadalupanas, pero su versión completa es con la que nos bautizó nuestro querido MSpS Roberto Mejía, que descansa en la Luz de Dios. “Desvelados” nos lo asignó por el hecho de que nuestras reuniones se alargaban hasta altas horas de la noche. La segunda parte es un deseo/reto para que nuestros desvelos profundos estén iluminados por el Espíritu Santo y den frutos evangélicos. A veces hemos planteado la posibilidad de cambiar el nombre; al no haber habido unanimidad, ahí lo hemos dejado.

Nos reunimos cada 3 semanas más o menos. Al no ser muchos, casi siempre la asistencia a las reuniones es completa. Propiciamos que así sea y cuando hay que hacer algún reajuste de calendario todos arrimamos el hombro para cuadrar fecha.

Convencidos de la línea directriz de nuestra Parroquia de Guadalupe, nos centramos, con mayor o menor éxito, en los ejes fundamentales para todas las comunidades de la Pastoral de Adultos: Compartir Fe, Vida y Compromiso.

Para nosotros la Comunidad es fundamental para mantener viva la Fe, lo que no es fácil en una sociedad individualista en la que el ritmo y las relaciones, en general superficiales, no facilitan el desarrollo de una espiritualidad centrada en Jesús. Al final, la experiencia de Dios es algo íntimo y que se da (o no se da) en cada uno de forma personal e intransferible, pero las oraciones comunitarias, reflexiones de temas, compartir (y disentir) puntos de vista… nos son de gran ayuda para que cale esa experiencia. Aunque flojeamos, intentamos que las reuniones siempre empiecen o acaben con una oración bien preparada y ambientada.

Hemos compartido juntos toda una vida, con los anhelos y preocupaciones que ello conlleva. Han sido momentos riquísimos, junto a nuestros hijos, de convivencias en casas rurales, salidas al campo, a comer en Hollywood… Cuando nos revisamos como comunidad vemos que nos queda mucho por andar, pues no se trata sólo de compartir ocio juntos, sino de suscitar y facilitar la apertura de cada uno a los demás, abriendo el corazón sobre preocupaciones, anhelos, ilusiones…; se trata de sentirse acogido/a, nunca juzgado/a. Pero sin duda, la comunidad nos da la oportunidad de generar lazos profundos y fraternales en torno a Jesús, que es quien nos convoca; lazos que no se desarrollan de igual modo en otros grupos humanos donde quizás se favorece menos la profundidad en la relación.

El tercer eje fundamental es el de compartir el compromiso. Nuestros comienzos como comunidad fueron flojitos. Casi todos empezamos a tener hijos pronto y la vida no nos daba para más; algunos los tuvieron un poco más tarde y en esos años de “libertad” estuvieron muy activos en diversos frentes sociales, con algo de frustración por no verse más acompañados. Pero cuando los hijos se fueron haciendo más grandes, empezamos a sentir la necesidad de devolver parte de lo que recibíamos y la palabra corresponsabilidad fue calando en nosotros. Desde ahí a la actualidad, hemos colaborado y/o estamos participando, unos u otros, en diversas áreas y servicios: Acogida, Liturgia, Bautismal, Infantil, Formación Básica, Dignidad y Solidaridad, Consejo Pastoral, ECO… Nuestra implicación en todos estos servicios nos ha permitido una apertura a nuestros hermanos de parroquia cada vez mayor, que revierte a su vez de manera positiva en nosotros.

En el curso 2015/16 nos empezamos a plantear seriamente el tema de las migraciones. Impactados por lo que veíamos en los medios, nos preguntamos qué podíamos hacer al respecto como Comunidad. Desde entonces hasta ahora podemos resumir que en Noviembre 2016 se nos dio a conocer el proyecto Hospitalidad, nacido de la Compañía de Jesús en Madrid ante la crisis de refugiados. Ya había en marcha un proyecto concreto de acogida por gente de un pueblo de la sierra de Madrid. Decidimos elaborar el nuestro propio, siguiendo el mismo esquema, y en Enero de 2017 lo presentamos a Pueblos Unidos, la coordinadora de los jesuitas para este asunto. Un pilar fundamental fue el de poder contar con soporte económico y de dedicación de otras personas de Guadalupe y de fuera de la parroquia, más allá del ámbito de Desvelados. Otro apoyo fundamental fue recibir la cesión de uso de una vivienda vacía por parte de una congregación religiosa (Mercedarias de Berritz).

Con esto, llegamos a Abril de 2017; tras diversas reuniones con Pueblos Unidos en las que se acuerda la viabilidad del proyecto y su concreción en la familia propuesta, ésta recibe su acogida en la vivienda y su entrada en el Proyecto. Se trata de una familia de origen palestino, procedente de Jordania, que llevaba ya casi dos años en España y se le agotaba la posibilidad de recibir más ayudas; compuesta por una madre separada y cinco hijos de edades comprendidas actualmente entre 11 y 22 años.

El proyecto se gestiona a través de la Asociación Acoge, Ayuda e Integra (A2I) creada en Enero de 2017 y, en lo relativo a la parte económica, se nutre de las aportaciones de sus socios y colaboradores, no sólo de Desvelados sino también de otras personas. La Asociación cubre los gastos de la vivienda: comunidad, agua, luz y gas y asigna una aportación mensual a la cabeza de familia para su manutención. Si la parte económica tiene su importancia, mucho más la tiene el acompañamiento humano. Éste, junto al apoyo técnico de Pueblos Unidos, ha permitido lograr en este año y medio, el empadronamiento, tarjetas sanitarias, escolarización de los tres menores de edad y la apertura de vías laborales con buena perspectiva futura para los dos mayores. Una dedicación importante de varios de nosotros es el refuerzo escolar mediante ayuda semanal en su casa. Todos los miembros de la familia gozan de estatuto de Refugiados desde hace unos meses. Esto nos hace ver con esperanza el futuro para esta familia. Es un granito de arena en la inmensidad, pero por algo se empieza.

Sentimos que la Comunidad no es un lugar en el que se satisfacen todas las necesidades individuales de cada uno de sus miembros. Por eso, cada cual también desarrolla sus inquietudes con charlas (Jesús Histórico, por ejemplo), cursos (meditación, yoga…), etc. Pero sí es un espacio común de fraternidad y esperanza por vivir nuestra fe y transformar un poquito nuestra realidad.

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