Equipaje de ida y vuelta

1. A la hora de hacer tu equipaje, incluye unas buenas dosis de humor. Unas cuantas raciones de cariño y no olvides llevar también valores, metas, sueños, proyectos.

2. Procura añadir “el silencio”. Es un buen tonificante. Nos hace sentirnos más oxigenados y, como si fuera un espejo, la calma nos enfrenta a la verdad de nuestras vidas y de nuestras personas.

3. Haz conciencia de cuál es el equipaje que siempre llevas encima: esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Los momentos en los que has sido feliz, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que te han marcado. Todo eso es parte de ti.

4. Junto con los diversos libros de lectura, incluye alguno que tenga identidad cristiana. El pensamiento de autores cristianos nos da pistas para situarnos en diferentes cuestiones que se nos presentan en el día a día.

5. Aprovecha para hacer balance del curso. ¿Qué te llevas del curso y «metes» en el equipaje? Has soñado, rezado, crecido. Habrá habido golpes o alegrías, palabras o silencios, descubrimientos y aprendizajes… Y Dios también presente, en todo ello.

6.  Especialmente en verano, que no falte la disposición a disfrutar de la compañía familiar y también de los buenos amigos. Fortalece los lazos y las relaciones familiares, empléate un poco más a fondo con los tuyos y disfruta de ellos. Aparca tus entretenimientos virtuales.

7. Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. O descubre tu ciudad, tu barrio, sal de la rutina de cada día y asómbrate de lo bello y bueno que descubras… Inclúyelo en el equipaje de vuelta.

8. Asegura tiempos de silencio e interioridad. Practica la oración. Evita añadir más ruido al ruido ambiental. Lee y medita el Evangelio y textos de maestros espirituales. Aligera así tu equipaje.

9. Antes de preparar el equipaje de vuelta, vete preparando el nuevo curso: mira al futuro e imagina posibilidades. Fíjate metas: en relación con los demás, con lo que haces, con la vida, con el mundo…

10. Cuando deshagas tu equipaje, piensa también que, aunque cueste, de vez en cuánto toca hacer, en nuestra vida, «limpieza general» y «tirar por la ventana» (metafóricamente) todo lo que sobra. Para quedarse con lo importante. Para darte cuenta de tanto como tienes.

Confirmaciones

El 4 de junio, 6 jóvenes de la pastoral juvenil recibieron el sacramento de la confirmación en un ambiente de alegría y compromiso. Dos de ellos, Javi e Irene, lo comparten.

«Aunque tenía muy claro que quería dar este paso y celebrar mi vida de fe, he aprendido mucho preparándome para este paso. He fortalecido mi compromiso con mi fe y me he mirado a mí mismo y trabajado para llenarme del amor de Dios. En este proceso de reevaluación y profundización he estado muy bien acompañado y me siento muy afortunado de haberlo vivido con Alfonso, Alba, Pablo, Laura, Fran e Irene. También fue un privilegio poder vivir mi confirmación rodeado de tanta gente que me quiere: mi familia, mi madrina, mi grupo, mis amigos, la comunidad de Guadalupe… Ahora, queda vivir cada día desde los ojos de amor de Dios».

«Cuando pienso en mi Confirmación, la primera palabra que se me viene a la cabeza es “GRACIAS”. Para mí, ese día fue la celebración de un proceso que ha supuesto madurez, decisión, crecimiento y mucha sinceridad.  Ha sido un proceso en el que he estado tan acompañada y tan cuidada por tanta gente tan importante para mí, que no puedo hacer más que agradecerles el haber estado a mi lado y enseñarme tanto. Para mí la confirmación ha significado ponerme frente al espejo y hablarme con mucha sinceridad. Ha supuesto conocerme todavía mejor, retarme, plantearme por dónde quiero caminar, comprometerme, ser coherente y decir convencida sí, a la vida que tiene pensada el Padre para mí. He tenido la tremenda suerte de vivir ese proceso de la mano de mi madrina, de mi familia, de amigos, de mi grupo de fe, de toda la comunidad de Guadalupe, de los Mispis y cómo no, del grupito que hicimos de preparación para la confirmación. Ha sido una gozada conocer a Pablo y a Alba, y conocer todavía más a Javi, Laura y a Fran. Y cómo no, ¡gracias a Alfonso, por ayudar a poner orden y luz en las mil ideas y preguntas  que afortunadamente han aparecido! Para mí, fue un día precioso que todavía recuerdo al milímetro, en el que no me cabe la menor duda que el Espíritu estuvo más que presente. ¡GRACIAS a todos!»

Querida JMJ

Hace cinco años viniste a Madrid cuando la mayoría de nosotros aún éramos muy pequeños para comprender todo lo que significas. Vimos a un montón de creyentes de otras partes del mundo volcarse en tu celebración y compartir tu espíritu. Algunos incluso acogimos a algunos de ellos y fuimos testigo de su fe, de sus ganas de vivir, de su voluntad por conocer distintas maneras de vivir la según la cultura. Te acompañamos en oraciones y en largos días llenos de actividades. Nos mojamos en Cuatro Vientos esperando la aparición del Papa, fiel acompañante tuyo, que como uno más compartió esa noche contigo y con todos los creyentes allí reunidos. Hemos visto tu belleza y nos has enamorado. Es por eso que este verano queremos volver a vivir tu experiencia.

Veinte jóvenes de la Parroquia de Guadalupe de Madrid y quince de la Sagrada Familia de Moratalaz. Eso somos. No somos un grupo numeroso ni con experiencia en este tipo de eventos. Tampoco lo vemos como algo negativo, no creemos que haga falta experiencia ni número para aprovechar al máximo esta oportunidad. Por ello, tenemos una ilusión tremenda por vivir las JMJ de Polonia 2016, por exprimir cada segundo que pasemos en tierras polacas hasta sacarle todo su jugo, por empaparnos de la forma de vivir que la gente que nos acoja tenga, por ser testigos de que la fe en el mundo tiene muchas formas. Sin que esto suene a tópico queremos dejarnos hacer por lo que nos encontremos, sin llevar ninguna expectativa sobre lo que vamos a encontrar.

En nuestras parroquias desde muy pequeños nos han inculcado por medio de dinámicas en grupos como Propuesta o Éxodo valores e ideales sobre los que construir no sólo nuestra fe, sino nuestra vida. Nos han enseñado a construir esa base que toda persona ha de tener si quiere convertirse en luz para el resto. Nos han formado de una manera activa, sin imponer ninguna visión que choque con la propia. De alguna manera sentimos que este viaje, esta oportunidad única, es el momento para enriquecer todavía más nuestra experiencia de fe, y no de manera egoísta sino también de enseñarle a todas las personas y grupos con los que nos encontremos nuestra manera de vivir como creyentes en el día a día, quizás el mayor reto para la juventud cristiana.

 

Los viernes con personas sin hogar

Ya comienzan a conocernos, después de casi dos años de voluntariado promovido desde el GAS. Para ellos, somos “los de Guadalupe”, los de las lentejas”.

Son agradecidos, no tanto por la comida que les ofrecemos, sino por dedicarles un rato, con una sonrisa, escucharles, ponerles nombre dentro de la  dura realidad que viven día a día.

El hecho de interesarnos por sus problemas médicos, o de llevarles un libro porque le gusta leer, o simplemente unas pilas para su radio, les cambia la cara, se sienten personas, no “unos rostros in-visibles” para la sociedad, a pesar de las dificultades de acercamiento que tenemos con algunas personas con las que no compartimos idioma y costumbres.

Este verano vamos a intentar continuar con nuestro voluntariado, creemos que, a pesar de vivir en determinados momentos experiencias contradictorias, nos sentimos comprometidos con estas personas que también tienen derecho a cariño y acompañamiento en este periodo estival.

Este acompañamiento, como nos comentó Blas, el psicólogo del Albergue Municipal de San Isidro, es un instrumento en la intervención con estas personas, y tenemos que partir de una aceptación incondicional, escucha, interés por el otro y, si es posible, tratar de establecer un vínculo con ellos. Debemos ser prudentes, actuar con sensatez, para intentar acercarles a los recursos existentes, informarles, y si es necesario contactar con el SAMUR SOCIAL, para que haya una luz en su vida, aunque a veces los procesos no tengan vuelta atrás.

Esperamos que el próximo curso haya nuevos grupos que apoyen esta iniciativa, y que otros puedan redirigir su compromiso de voluntariado a colaborar con otras asociaciones de las que forman parte del GAS  en Guadalupe.

Vigilia de Pentecostés

Sábado, sobre las 20:30 de la noche. Mayo ya entró de lleno y disfrutamos del sol, el calor, el invierno ya se marchó hace un tiempo. Y hoy, ¿qué hacemos? Pues me han invitado a acercarme a la Parroquia de Guadalupe, esa puntiaguda… que parece un sombrero mexicano. ¿Un sábado? ¿Por la tarde? ¿A una parroquia? ¿¿A qué?? Pues para reunirnos en comunidad, para orar y cantar, para celebrar en comunidad y abrirnos en comunidad al Espíritu Santo, para dejar que susurre, sople y nos mueva.

Y así fue, el pasado 14 de mayo celebramos en comunidad nuestra Vigilia de Pentecostés. Una vigilia que fue preparada con cariño por las comunidades “jóvenes” de Pastoral de Adultos: Iguazú, Ruahtalí y Tabish. Una vigilia que nos invitaba a dejarnos llevar por el Espíritu Santo y Enredarnos por la Misericordia, como nos ha venido guiando el lema parroquial de este año. Enredarnos y descubrir los rostros de la misericordia a nuestro alrededor.

Y allá que fuimos y allí que estuvimos. Orando, danzando y cantando. Junto con nuestros hermanos del grupo Ixicis, que vinieron desde Málaga, Huelva y otras partes de España para animar nuestra celebración y orar con sus cantos. Para hacernos vibrar y que nos pudiéramos mover al ritmo del Espíritu, y dejarnos llevar por él a vivir la misericordia, cerca y lejos.

Una Vigilia que este año vivimos en tres momentos diferentes, para poder acercarnos a ese misterio que es la Misericordia, misterio que hoy en día se antoja casi una locura y algo radical. Una Vigilia que intentaba que abriéramos puertas y ventanas, igual que el Espíritu vino a abrir las puertas porque los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos… Qué casualidad que nos toca vivir tiempos de miedo y de cerrar: puertas, vidas, fronteras, países, corazones…

Empezamos haciéndonos conscientes que la Misericordia está cerca, a nuestro alcance. En nuestro día a día, en la gente que nos rodea. Y así, en clave de oración personal, tomar conciencia de qué me impide o me aleja de esa gente que me rodea, que cuestiones no me dejan experimentar esa misericordia.

Y de ahí, pasamos a experimentar en nuestras carnes lo que sucede cuando en nuestras familias y comunidades no vivimos desde ese Espíritu, desde la misericordia… cómo surgen tensiones, tiranteces. Y sí, lo experimentamos… ¡porque nos unimos todos como en una gran cuerda y empezamos a tirar, a “jalar”, a llevarnos las cosas a nuestro terreno. Para posteriormente experimentar qué sucede cuando bailamos y vibramos juntos al ritmo del Espíritu. Fue precioso ver a todo el templo bailando una danza contemplativa, guiados por el Espíritu… pequeños, jóvenes, mayores y muy mayores!!!

Continuamos mirando esa necesidad del mundo de Misericordia, quizás más lejana, pero que también nos mueve y nos conmueve, que nos llama a actuar. Para terminar cantando juntos e invocando a ese Espíritu que nos une, que lleva moviendo a tantos hermanos desde hace tiempo y a la congregación de misioneros que nos anima. Ese Espíritu que nos sigue animando cada día a escuchar su susurro y dejarnos mover por él, hacia los hermanos, a cambiar el mundo que nos rodea

¡¡Feliz Pentecostés!!