Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

Mariachis cantan al cuadro de la Virgen de GuadalupeEl día 12 de diciembre parece una fecha como cualquier otra, sin embargo, para muchas personas es diferente y tiene un significado especial que la hace distinta al resto de días. Nosotros, ese día, celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Esta celebración la comenzamos a vivir individualmente para luego terminar viviéndola como pareja.

Luis recuerda este día desde niño, visitando junto con toda la familia el Santuario de Guadalupe (Durango, México) y festejándolo en la gran feria que se realizaba en torno a ella. ¡Qué de gente había! ¿¡Cómo no recordar a los matachines!? Esos danzantes que avanzaban hacia el Santuario de la Morenita vestidos con trajes prehispánicos, penachos de plumas en la cabeza y cascabeles de caracoles en los tobillos, que sonaban a cada paso que daban. Cada grupo de danzantes, con la imagen de la Virgen en su pecho o portándolo en un estandarte, encabezaba distintas procesiones que venían desde las parroquias de la zona. La gran explanada del Santuario se llenaba de puestos de comida, cuadros de la Virgen, niños vestidos de Juan Diego, niñas vestidas de la Virgen, música, regalos y un gran colorido…

La Virgencita de Guadalupe está siempre presente en la vida de cada mexicano. Suele afirmarse que el 80% de los mexicanos son católicos pero el 100% son Guadalupanos.

Mis padres me lo inculcaron desde bien pequeño, al principio era sólo una fiesta, una especie de feria en diciembre, pero poco a poco, María de Guadalupe fue tomando fuerza en mí. Cada año escuchábamos la historia de la “tilma” de Juan Diego y las palabras de la Virgen que se han quedado grabadas en el corazón: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?”. Es un sentimiento con el que he ido creciendo y que también ha ido cambiando y madurando dentro de mí. María es una de nosotros, la que se hace indígena; es la madre más tierna que se puede tener.

Bea, desde España, comenzó a vivirlo más tarde. No supo de su existencia hasta conocer a los Misioneros del Espíritu Santo y la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Es la fiesta patronal de la parroquia y ¡¡el día de los mariachis!! Con los años ha ido encontrando su significado y su vivencia dentro de ella. Desde el principio se quedó cautivada por la historia de la Virgen con el pequeño indio.

Siempre me gustó y se me hizo muy significativo que, entre todos, eligiera aparecerse a un “pequeño” y “diferente”… desde ahí encontré el verdadero gusto por esta Virgencita, esta morenita que optó por hacerse grande a través de lo sencillo y humilde.

Mi gusto y atracción por la cultura latinoamericana se fortaleció con el ejemplo de la Guadalupana, que no es sólo mexicana sino de toda América y, por supuesto, para nosotros, también es española. Tuve la oportunidad de visitarla en La Villa de Guadalupe, México, y ver la devoción, el cariño y la confianza que el pueblo mexicano tiene hacia ella. Eso es algo que se contagia y con lo que quedas marcada. Fue un momento más de querer a esta María que, desde entonces, se me ha ido haciendo presente de diferentes maneras a lo largo de mi vida.

Un fuerte lazo me une a ella, que hace que cuando veo su imagen en otras parroquias o escucho que otros hablan de la Guadalupana, me emocione y despierte mi alegría al verla.

Como pareja, la experiencia y vivencia de cada uno ha hecho crecer más nuestro sentimiento y querer más a María como nuestra madre. Lo que cada uno vivía a nivel individual cuando acudía a la celebración de la parroquia, ahora es más grande y compartido cuando llega ese día y juntos lo celebramos. Es una fiesta que nos gusta y disfrutamos mucho… una fiesta que compartimos no sólo entre nosotros,  ni siquiera sólo con la gente habitual de la parroquia, sino que la vivimos con miles de personas de diferentes culturas y nacionalidades que se acercan a visitar a la Virgencita. Es un día grande, en el que sentimos que el frío, que habitualmente hace en esas fechas (y en la iglesia de arriba), queda cubierto por un calor alegre, emocionado y festivo de tantas personas que cada año regresan a esta casa para cantarle, pedirle o agradecerle a María. Es esta Virgencita del Tepeyac la que consigue juntarnos a todos, no importa nuestro origen ni cultura.

Cada año viene más y más gente, pareciendo que el templo se queda pequeño para recibirnos a todos. Todavía recordamos cuando la celebración se hacía en la cripta; entonces era suficiente para acoger a los que acudíamos a la fiesta; pero el contagio de María hizo que la cripta quedara pequeña para tanto amor hacia ella, y los Misioneros del Espíritu Santo decidieron subirla al Templo para poder acogernos a todos los que queríamos celebrar a María en su día. Siempre hay más sacerdotes que de costumbre, las sorpresas nunca faltan, pero tal vez la más esperada es la música de mariachi, que nos envuelve en un encanto especial de alegría, respeto, emoción y fiesta.

Es para nosotros un momento de encuentro de muchas personas: los que participamos activamente en Guadalupe, los que acuden habitualmente a las celebraciones, los que se hacen presentes únicamente en este día… En esta fecha, no importa de dónde venimos, nos hacemos hermanos por el único motivo que nos ha hecho estar todos allí: La Morenita de Guadalupe.

Esta fiesta es, en su conjunto, un momento de compartir, de saludar, de conocer gente nueva, pero, sobre todo, de seguir enamorándonos de María, que nos vuelve a enviar al día a día con una nueva sonrisa en el rostro, sabiendo que “estamos en su regazo” y que siempre que lo necesitemos estará para nosotros.

Bea y Luis