NUESTRO LEMA PARROQUIAL 2017-18: TU AMOR, NUESTRA ALEGRÍA

Encuentro Parroquial 2017

Una vez más, la comunidad parroquial de Guadalupe tuvo el privilegio de compartir un estupendo sábado de noviembre esta vez para vivir y experimentar la certeza que nos anima este año: la de que el amor de Dios nos empuja a transitar por los avatares de la vida con ALEGRÍA.

Y esa fue la sensación que inundó todo ese día: la alegría, pero no alegría sin más, sino la alegría de la gente despierta, de la gente consciente de lo que fundamenta ese estar alegres para los seguidores de Jesús.

Nuestro invitado de excepción fue el cantautor MIGUELI, quien con todo cariño se brindó a compartir su arte musical y su maravillosa capacidad de “despertar” al auditorio con humor, agudeza, pero sobre todo con enorme humildad y empatía. Como quien no quiere la cosa, entre punteos y rasgados con su guitarra, iba lanzando pensamientos y reflexiones que nos ayudaron a desempolvar nuestras convicciones más profundas acerca de la Buena Noticia. Como el gran animador de masas que es nos puso a hacer coros, a participar, a aplaudir, a bailar y a tocar a la persona que teníamos a nuestro lado.

Hablando de “masas”… el salón parroquial estuvo este año a rebosar, con un público de variadísimas edades, y al que Migueli se adaptó sin dificultad alguna. Hizo las delicias de los más pequeños, sentados a sus pies en calentitas alfombras. La Pastoral Juvenil también estuvo muy bien representada, pues sus animadores habían dejado el día libre de compromisos para poder disfrutar de este día parroquial. Hubo, asimismo, un gran aforo de público de la Pastoral de Adultos y algún que otro curioso que se asomaba por primera vez a las actividades de nuestra querida Parroquia.

Tras una breve oración inicial, siguió una hora larga de ameno concierto-reflexión, en la que Migueli nos deleitó a grandes y chicos, con algunos de sus éxitos, todos con miga para la cabeza y el corazón (Como una luz, Te tengo que decir (que ya no puedo vivir sin ti), El amor lo arregla todo, entre otros muchos). Terminamos todos muy removidos y movidos, y dispuestos con espíritu festivo a afrontar la propuesta que nos harían a continuación.

Ahora sí nos dividimos por edades: hicimos dos grandes grupos, la primera edad por un lado, y todas las demás, por otro. La gente menuda se fue con el súper-mago Raúl, quien maravilló a toda la chiquillada con sus trucos (y con la inestimable ayuda de un grupo de jóvenes, que le ayudó a contener la euforia infantil). Los mayores nos distribuimos en grupos de unas ocho a diez personas y tuvimos ocasión de compartir nuestra reflexión sobre la alegría que se desprende de la certeza de ser amados por Dios y sobre la misión a lo que ello nos hace sentir llamados: vivir lo que nos toca con la serenidad alegre del que se siente en las mejores manos y procurar alegrar el camino a quienes lo van compartiendo con cada uno de nosotros. Luego volvimos al salón parroquial donde hicimos una breve puesta en común de lo que más había resonado en cada grupo y hasta algún espontáneo compartió micrófono con el cantautor para regalarnos sus sentires sobre la alegría de esa mañana.

Y, para terminar, y como no podía ser de otro modo en nuestra querida Parroquia, la convocatoria a este Encuentro Parroquial se remataba con aquello de “Trae tu tapa, nosotros ponemos la bebida y lo compartimos todos” y así fue. Hasta bien entrada la hora de comer, estuvimos en el salón parroquial comentando la mañana y disfrutando, chicos y grandes, de ese privilegiado rato haciendo de nuestra Parroquia de Guadalupe una comunidad de comunidades.

PD: queremos agradecer desde aquí la disponibilidad de todas las personas que contribuyeron con su tiempo y sus ideas a hacer posible un año más este encuentro y a todos los que hicieron un huequito en sus ajetreadas agendas para poder pasar juntos un rato de formación y diversión. ¡Hasta el año que viene!

Donde el Espíritu sopla

Guadalupanos por el mundo

En esta ocasión acompañamos a Pilar Arizmendi hasta Mozambique, desde donde nos comparte su vida allí.

Donde el Espíritu sopla

Todo empezó por un mail del colegio profesional del que formo parte, de esos que suelen ir directamente a la carpeta de eliminados; ofrecían un curso de cooperación con posibilidad de una experiencia en terreno de seis meses. Estaba impartido por una ONG que desarrolla su actividad en el ámbito de ingeniería y tecnología en países del Sur, sobre todo en la lucha por los derechos humanos al acceso al agua y al saneamiento.

Tras un empujón de mi comunidad guadalupana, de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, algún que otro “estás loca” y algún que otro trago difícil de asimilar hice caso a esa inquietud que no me dejaba tranquila en casa. Lo primero fue realizar el curso. Aún me resuenan palabras como: derechos humanos, empoderamiento, mujer, igualdad de oportunidades, sostenibilidad, interculturalidad. Estos días me abrieron los ojos a una realidad que no conocía y me llamaron a vivir esa teoría en terreno. Nunca había tenido una experiencia muy larga en estas partes del mundo y mi vida asentada en Madrid poco daba para imaginarlo, pero después de terminado el curso, aquí que me vine: ¡a Mozambique!

Ya aterrizada en Maputo me recogió un compañero de la ONG que me llevó a la Vila que es mi casa hasta ahora, Manhiça. Esta se encuentra a 80 km de la capital, en el sur de Mozambique, y tiene cerca de 60.000 habitantes. Lo primero que me llamó la atención al llegar fue ver la publicidad de una empresa de telecomunicaciones allá donde mirara: en las casas, en los puentes, en las tiendas, en los bares. Después, la cantidad de gente, gente por todos lados: caminando por los arcenes, cruzando la carretera, mujeres con fardos enormes en la cabeza o con niños atados a la espalda, chicos vendiendo crédito para internet, niños vendiendo refrescos, cacahuetes o anacardos. También me sorprendió su forma de ser: muy tranquilos, sonrientes, acogedores.

Nada más llegar, mis nuevos compañeros me dieron la bienvenida, me acompañaron a por mi tarjeta de móvil y a mi casa, sencilla, con agua corriente, luz, ¡hasta nevera y fogón eléctrico! Allí conocí a mi compañera de piso, de ONG y de aventuras durante este tiempo: otra voluntaria española que ya llevaba aquí algunos meses.

Al día siguiente empezó mi nuevo trabajo. Desde la sede de la ONG en España ya me habían orientado sobre lo que serían estos meses: haría un informe, apoyaría técnicamente al equipo local en lo que hiciera falta, acompañaría las actividades del proyecto que estaba a punto de terminar y del nuevo que aún no había comenzado. En dos aspectos me insistieron mucho: vocación de servicio y paciencia. Con esto en mente, llegué a la sede del sector de aguas de Manhiça, donde compartíamos una mesa de 1,5 metros de diámetro para trabajar 7 personas (literalmente, codo con codo). Y en nada comenzaron las preguntas sobre Word, Excel, Google maps… cosas que nosotros damos por hecho, pero que para ellos supone un mundo.

El primer mes pasó lento, descubriendo poco a poco (más como turista) la gente, la cultura y las tradiciones, el ocio, la música, la comida… Sin embargo, a partir del segundo mes ya había entrado en una rutina que me fue abriendo los ojos a lo que antes me pasaba desapercibido. Quiero compartir con vosotros tres aspectos para resumir algunos aprendizajes que ya son parte de mí.

El primero, el saludo. En Mozambique, todo encuentro comienza por un bom dia, boa tarde o boa noite. Después se puede estar, por lo menos, diez minutos simplemente preguntando qué tal está, cómo fue el fin de semana, comentar el tiempo y, finalmente, desear un buen trabajo para el día. Oye, se vive de verdad el día con gran alegría. Da igual que sea tu vecino, la vendedora del mercado, la dependienta de una tienda o tu compañero de trabajo. Entonces entiendes porqué tiene tanto negocio la compañía de telecomunicaciones. Son gente que disfruta de compartir, de saber de la familia, de la vida, de acompañar y de acoger. Además, les encanta transmitir a los visitantes su tradición: darte a probar algún fruto de la tierra (como la maphilua), enseñarte alguna palabra en shangana, la lengua local, como por ejemplo kanimambo (“gracias”) o que lleves una capulana contigo (las telas tradicionales estampadas que llevan las mujeres a modo de falda, para llevar a sus bebés o cubrirse del sol).

El segundo, un día en el campo. Saliendo de la Vila se adentra uno en el Distrito de Manhiça, foco del proyecto de la ONG. Su población es rural y dispersa y la economía está basada en la agricultura de subsistencia. El huerto familiar, donde se siembra maíz, plátano, cacahuete, piña, batata, mandioca, es la machamba. En medio, casi siempre, se encuentra una mujer con una azada trabajando la tierra, a veces llevando consigo su bebé colocado con una capulana en la espalda. No dejo de admirar su fortaleza. Las familias viven en casas de ladrillos o cañas, con techo de chapas de metal o caña. Según nos alejamos de la carretera principal deja de haber energía, agua corriente o sanitarios, y en su lugar hay fuentes con bombas manuales o pozos familiares y letrinas tradicionales o simplemente, arbustos. Las escuelas no tienen los sanitarios adecuados para los niños, en alguna el punto de agua más cercano se encuentra a kilómetros y a veces las infraestructuras se hacen escasas y las sombras de los árboles se convierten en aulas. Estas visitas al campo me ayudan a volver a lo pequeño y a dar sentido al trabajo realizado en la oficina cada día, descubriendo la importancia de contar con ellos para que el proyecto sea sostenible, cosas que los compañeros locales dan por hecho y a nosotros nos parece un mundo.

El tercero, el parto. Lo típico que vas a casa de una amiga a tomar algo y te encuentras una mujer de parto en medio de la calle. Tal cual nos ocurrió una noche cualquiera en una calle cualquiera. Una joven de unos 20 años esperaba su tercer hijo y se encaminaba al hospital acompañada por algunas mujeres de su familia. Las ayudamos a trasladarla como pudimos, pero cada poco tiempo se paraba en mitad de la calle por el dolor. Corrimos para pedir ayuda al hospital, pero nadie se movió para asistirla. Lo que en España parecería impensable y se pararía el mundo por acercarla, allí es algo habitual. Y en mitad de la noche, sobre una capulana, alumbrada por un móvil, presenciamos el milagro de la vida. Dio a luz a una menina, ambas sanas y perfectas. Con poca prisa llegó la enfermera para cortar el cordón y llevárselas al hospital. No sabría cómo explicar las emociones que sentí, entre rabia por tener que nacer en esas condiciones y alegría por ver la vida en estado puro. Esta experiencia fue para mí la Navidad. Jesús naciendo de nuevo en Manhiça.

Pilar con una familia de Mozambique

Para terminar, quiero contaros una anécdota que me ocurrió casi al llegar y que me abrió completamente la mente. Me preguntó una compañera de trabajo qué cuál era mi iglesia. Y, claro, yo contesté que Nuestra Señora de Guadalupe. Ella se echó a reír. “Aquí hay muchas iglesias: la católica, la adventista, la metodista, presbiteriana, baptista, la universal, testigos de Jehová…” Mmmm, sí, soy de la iglesia católica. “Entonces tú rezas. Como yo”.

Y aquí sigo, unos meses más, compartiendo saludos, tés, naturaleza, vida, aprendiendo mucho, pero, sobre todo, muy muy agradecida al Espíritu por haber soplado hacia aquí.

 

Pilar Arizmendi.

Formación Básica de Adultos. enero 2018

Enero, ese momento del año en el que  te planteas nuevos retos y tienes la oportunidad de emprender nuevos proyectos, con todas las posibilidades que da un cuaderno sin estrenar y ese come-come interno que te dice ¿y si este año es mi año? ¿y si este año consigo ponerme rumbo a ese destino al que siempre he sabido que quiero llegar?

Este año, quizá, te has dado cuenta de que tienes muchas ganas

  • Ganas de encontrarte contigo mismo
  • Ganas de encontrarte con otras personas
  • Ganas de encontrarte con el Dios de Jesús

Y, en tan buena compañía, ganas de hacer el mundo un poco mejor.

Desde la Pastoral de Adultos de la Parroquia te ofrecemos la posibilidad de iniciar este viaje:

A los adultos a partir de 28 años, abrimos un espacio los miércoles de 20:00 a 22:00 horas, donde poder encontraros con vosotros mismos, con otras personas en búsqueda y, sobre todo, con Dios.

Para presentaros detenidamente este espacio e intercambiar dudas y preguntas, os invitamos a una sesión informativa:

Viernes 12 de enero a las 20:00 horas en el salón parroquial
Puedes descargar la información pinchando aquí.Por favor, haced extensivo el aviso a cualquier persona que creáis pueda estar interesada en participar.

Bienvenido a la nueva Web

Hola navegante.
Estás visitando la nueva página web de la Parroquia de Guadalupe de Madrid.
Hemos trabajado con mucha ilusión para que todo estuviera listo a tiempo, pero seguro que habrá cosas que se nos hayan escapado.
Esperamos que, en unos días, todo funcione perfectamente.
Si detectas cualquier problema puedes escribirnos al Equipo de Comunicación, eco@parroquiadeguadalupe.com, y trataremos de solucionarlo.
Muchas gracias.
ECo.

Solidaridad con el terremoto de México

 Varias personas de los cuerpos de ayuda trabajando en los escombros del terremoto.

Queremos agradecer las numerosas donaciones recibidas para esta campaña. El total de lo recaudado ha ascendido a 28.500 €, muchas gracias por vuestra generosidad.

Todas aquellas personas que hayan hecho alguna donación para esta campaña por transferencia bancaria y quieran desgravarse por la misma en su declaración del IRPF, según está establecido en la legislación vigente, deben hacernos llegar, antes del próximo 10 de enero, ya sea por correo electrónico (a la dirección parroquia@parroquiadeguadalupe.com) o en mano (a la secretaría de la parroquia) la siguiente información:

  • Datos personales (nombre y dos apellidos y DNI).
  • Importe donado.
  • Fecha en la que realizaron la transferencia.

¡Muchas gracias por vuestra generosidad!