El curso se ha iniciado en la Parroquia de Guadalupe con una novedad inesperada que es, a la vez, una excelente noticia: la llegada de un nuevo misionero para acompañarnos y ampliar la comunidad, el mexicano Manuel Rubín de Celis, MSpS.

Hemos charlado con él para conocer un poco más su trayectoria como Misionero del Espíritu Santo y cuál ha sido el camino que le ha traído hasta aquí.

¿Qué significa para ti ser Misionero del Espíritu Santo?

Mi felicidad plena, expresión clara del amor que Jesús me tiene, pues fue a por mí adonde yo vivía y me jaló [tiró de mí] a la Congregación.

¿Cuánto tiempo llevas como misionero? ¿En esos años, cuál ha sido la experiencia o destino que más te ha marcado?

Llevo 51 años en la Congregación y a lo largo de ellos he tenido muchas experiencias: once años en formación de mis hermanos, seis años en el Consejo general como consejero, ocho años en parroquia, siete de los cuales en Chile donde tuve la dicha de fundarla y quizá sea de las más significativas, nueve años sirviendo a sacerdotes especialmente, pero también a otros agentes de pastoral, y cuatro años en un centro de pastoral abierto especialmente para jóvenes. En total he estado 23 años fuera de mi país: 12 en Europa, 7 en Chile y 4 en Costa Rica.

¿Cuál fue tu destino previo, antes de llegar a Madrid?

Vengo de la ciudad de México. Allí estuve trabajando en un centro de rehabilitación al servicio de los sacerdotes de otras congregaciones o del clero diocesano laFundación Rougier. Se recibían toda clase de sacerdotes y religiosos, con alguna problemática: adicciones –sobre todo la bebida, alguna vez el juego, rara vez la droga–, asuntos emocionales y afectivos de todo tipo, con problemas nerviosos o con problemáticas de cualquier género: relaciones con los demás, con la feligresía, con el Obispo, etc. El ingreso era de tres meses y a veces se prolongaba un mes más. Lo hermoso es que en la mayoría de los casos salían mucho mejor y renovados; quizá algunos con la decisión de dejar el ministerio. Pero también en buena parte se les procuraba dar un seguimiento.

¿Habías estado ya alguna vez en España?

De mis doce años en Europa, estuve dos años y medio en España de los cuales dos fueron en Calahorra en los años setenta pues teníamos un colegio los misioneros del Espíritu Santo y medio año esta Parroquia de Guadalupe. Esto último fue entre 1989 al 1990. ¡Hace más de 27 años!

Y de lo que recuerdas de tu estancia previa en España y la de ahora, ¿en qué has encontrado que ha cambiado el país?

Pasó de Tercer Mundo (años 71-73 tiempos de Franco) a Primer Mundo (89-90). España ahora se muestra con orden y ofrece perspectivas muy esperanzadoras. La sorpresa: lo de Cataluña, y por lo que logro entender esto se ha venido gestando hace mucho tiempo y quizá, no se dieron los pasos para evitar esta coyuntura tan delicada. Soy nieto de sevillano y por tal motivo me conecto con España por lazos estrechos de familia y experimento deseo de amar y servir a España a través de nuestra hermosa Parroquia de Guadalupe.

¿Qué crees que puedes aportar a una Parroquia como la de Guadalupe en Madrid?

Mi deseo de servir y entregarme y quizá mi experiencia de tantos años. 

Y, para ti mismo, ¿qué esperas de Madrid?

Que compartamos nuestra fe y vivamos en el amor y en la entrega a favor de los demás.

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