La Comunidad de Base nació hace 35 años, cuando nuestra Parroquia nos invitó a vivir un “proceso catecumenal” con vistas a la creación de pequeñas comunidades. A lo largo de tres años, afloramos los motivos profundos que nos habían llevado allí, qué buscábamos cada uno, qué esperábamos del grupo… Se trataba de conseguir un grupo de suficiente “talla humana” con el que se pudiera caminar hacia los valores comunitarios cristianos.

Descubrimos las falsas imágenes de Dios que muchos veníamos arrastrando y hasta qué punto era urgente “convertirnos” al Dios de Jesús, redescubrirlo y reinterpretar su mensaje.

Otro caballo de batalla era la Iglesia… Si de Dios y de Jesús traía cada uno sus propias ideas, ¿qué pensábamos de la Iglesia? ¿quién era y qué era la Iglesia para nosotros?, ¿en qué Iglesia queríamos vivir y qué clase de Iglesia queríamos construir…?

Acabado el “proceso”, tampoco quisimos precipitar las cosas, pues se trataba de tomarse el pulso y decidir si estábamos dispuestos a subir al barco COMUNITARIO con aquella tripulación.

Nuestro Proyecto: Desde el primer momento quisimos ser realistas evitando la “comunidad ideal”. Partiendo de nuestra realidad, y de la lectura reflexionada y compartida de algunos libros, nos centramos en la búsqueda y concreción de “nuestra comunidad posible”.

1º.- Queríamos que fuera, ante todo, “Una Comunidad de Iguales”. Una Comunidad en la que pudiéramos “compartir lo que somos y tenemos”. Era nuestro deseo de COMPARTIR VIDA.

Seguimos algunas pautas: comunicarnos en verdad y libertad; estar dispuestos a ejercer y aceptar la corrección fraterna; dar a conocer nuestras decisiones importantes antes de tomarlas, y discernirlas juntos; comunicar nuestros bienes y el uso de los mismos…

Decidimos pasar juntos, incluidos nuestros hijos, una semana de nuestras vacaciones veraniegas, siendo uno de los momentos fuertes y más enriquecedores de nuestra comunidad. Creamos un Fondo Común Solidario (FCS), desde el que apoyamos a proyectos sociales que no reciben otro tipo de ayudas y en los que algún miembro de nuestra comunidad ejerce un seguimiento “in situ” o “a distancia”.

2º “COMPARTIR NUESTRA FE”

Es para nosotros experimentar la vivencia de sentirnos amados por Dios y plasmarlo en el amor a los demás; es compartir cómo vivimos el mensaje de Jesús y celebrarlo juntos; es sentirnos parte integrante de su Iglesia para estar cerca de los más excluidos.

Y lo hacemos participando con especial intensidad en las Eucaristías; estimulando y potenciando la oración personal y comunitaria de forma creativa; buscando nuevas formas de ampliar nuestra formación mediante el estudio de temas y la asistencia a charlas, cursos de teología, congresos, etc.

3º “COMUNIDAD QUE VIVA PARA LOS DEMÁS”

Queremos escuchar la llamada que Dios nos hace a través de los pobres; hacernos visibles en la sociedad, mediante la proclamación del mensaje de Jesús y en solidaridad con los más desfavorecidos.

Dimos pasos hacia el mundo de la droga, paro, cárceles, hogares de niños sin familia, emigración…, asumiendo sus causas como nuestras. Denunciando situaciones de injusticia y marginación, participando en plataformas de solidaridad y de reivindicación… acompañando a los grupos de nuestra parroquia hacia la comunidad, haciendo hincapié en la dimensión social de la fe. Buscando y apoyando proyectos de promoción social, tanto en el tercero como en nuestro cuarto mundo, asumiendo que sea la comunidad quien discierna y decida los proyectos que debemos apoyar desde nuestro Fondo Común Solidario (FCS) cada año.

Nuestros logros comunitarios:

1º.- El valor de la vida comunitaria en sí misma. Consideramos un don de Dios el que nos haya llamado a vivir esta experiencia, haciendo de nuestra Comunidad una “tierra sagrada” a la que tenemos que mimar y acceder con los pies descalzos, porque es donde Dios se nos manifiesta y nos muestra el camino que debemos seguir en la tarea de construir su Reino de fraternidad.

2.- La Comunidad ha hecho posible que cada uno haya redescubierto su propio don, su carisma. Hemos ido comprendiendo que ejercer el propio don y ponerlo al servicio de los demás, era el mejor modo de construir la Comunidad, convencidos de que todos teníamos necesidad de conocer el carisma de cada uno y experimentar cómo lo ejercíamos. Cada uno redescubrimos nuestro propio don y todos nos sentimos llamados, y urgidos, a ejercerlo para bien y crecimiento de la comunidad.

3º.-La Comunidad nos ha permitido vivir la experiencia enriquecedora del perdón y de la aceptación fraterna. Hemos tenido gozos y esperanzas, pero también tensiones que han precisado de un serio discernimiento y oración comunitaria, para que sea el Señor quien las juzgue y las transforme en motivo de encuentro y reconciliación.

4º.- La Comunidad nos ha llevado a hacer nuestra la causa de los pobres. Tuvimos que renunciar a muchas utopías y sueños comunitarios, pero a lo que no renunciamos nunca es a vivir siempre de cara al mundo de los empobrecidos y asumiendo sus propias causas. Acercándonos a los pobres, sentimos que “los pobres nos evangelizan” (no en vano son ellos sacramento de la presencia de Dios), obligándonos a revisar nuestras actitudes evangélicas. Su cercanía nos enriquece, porque descubrimos en ellos su gran dosis de esperanza, sus luchas por salir de situaciones esclavizantes y sus ganas de vivir a pesar de las carencias.

5º.- La Comunidad nos ha permitido optar por un tipo de Iglesia diferente: Nuestra apuesta ha sido siempre por una Iglesia abierta, participativa, autocrítica, corresponsable, democrática y en la que nadie se sienta excluido o condenado. Quisimos salir del ámbito parroquial para vincularnos, también, a otras realidades eclesiales como “Iglesia de Base de Madrid”, “Corriente Somos Iglesia” y, actualmente, a “Redes Cristianas”, siempre pensando que es deber nuestro ayudar “desde dentro” a que el cambio de nuestra Iglesia se convierta algún día en gozosa realidad.

Damos gracias a Dios por el don de la comunidad y confiamos en que, lo mismo que nos ha ayudado a crecer en la fe y en el servicio a los hermanos, nos permita envejecer en su seno, empeñados en seguir construyéndola y haciéndola visible dentro de nuestra querida Iglesia.

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