Hace 25 años, en presencia de nuestras familias y amigos, realizamos un sacramento (del latín: medio para hacer sagrado) por el que nos comprometíamos a casarnos entre nosotros y con Dios, haciéndole partícipe de nuestra unión (no siempre ser tres, va a ser negativo ;)).

En nuestro caso, su presencia todos estos años nos ha servido de alegría para dis-frutar (“sacar el fruto”) de tantos momentos buenos, y de apoyo y fortaleza en tantos malos como la vida, indefectiblemente, nos va trayendo a todos.

El Padre se ha venido manifestando a través de todo cuanto nos rodea: la naturaleza, el silencio, los necesitados y, sobre todo, a través de aquellos que nos aman. Y la forma práctica de actualizarlo, de reflexionarlo y descubrirlo cadadía, ha sido y sigue siendo a través de nuestra comunidad, en el seno de nuestra parroquia de Guadalupe. Porque la fe que no se cultiva, se apaga y en este mundo de hoy en día tan material, tan vertiginoso y pragmático, solo es posible hacerlo en comunidad.

Cuando apenas llevábamos unos meses saliendo, algo nos llevó a buscar un sitio donde pudiéramos desarrollar la inquietud espiritual que existía en nuestro interior, ya no solo de manera individual sino como pareja. Aparecimos por Guadalupe, conocedores de su carisma acogedor y abierto y nos recibió Charly, remitiéndonos a José Luis porque nos veía más en Pastoral Familiar que en la Juvenil. En unos ejercicios de las Navillas, José Luis nos presentó al grupo de Periféricos, formado por parejas jóvenes casadas salidas del CPM que vivían lejos de la parroquia, de ahí su nombre. Su primera pregunta fue: “y vosotros, ¿cuándo os casáis?”. Nosotros no nos habíamos planteado todavía aquello, apenas habíamos iniciado nuestra andadura como pareja. Pero ese grupo y los misioneros y la parroquia que nos acogió con los brazos abiertos, nos ayudaron a ir forjando nuestro proyecto de vida en común, a poner a Dios en el centro de él y a confirmarlo apenas 2 años después, el día de nuestra boda. José Luis fue el testigo de nuestro compromiso y, 25 años después, se ha hecho presente en nuestra celebración de Acción de Gracias por el aniversario, a través de las nuevas tecnologías:

“Agradeceros a vosotros y al Señor vuestros 25 años de matrimonio entre vosotros y con Él. De verdad que me alegra un montón y os aseguro que, aunque no podré estar físicamente presente, el sábado 9 de septiembre, estaré con vosotros con todo el corazón, mi cariño y mi oración todo el día y especialmente en la Eucaristía, en la que le pediré al Señor que os siga ayudando a llevar a plenitud lo que juntos celebramos ese hermoso día. ¡Muchas felicidades y que haya otros 25 y otros 25…!

Me alegra que lo celebréis con mi querido hermano Fernando y dadle un abrazo de mi parte. Seguid construyendo su proyecto de vida en común entre vosotros y el Señor. Allí estaré con el corazón y desde ahora os abrazo con todo mi cariño. Vuestro hermano que os quiere, José Luis”

Y hoy en día, los misioneros, en especial Fernando y Giancarlo, nuestro grupo, convertido en la Comunidad de Caminantes de la Pastoral de Adultos y que ha sufrido a lo largo de su historia sus vaivenes con deserciones e incorporaciones y nuestra querida parroquia de Guadalupe, comunidad de comunidades, siguen formando parte esencial de nuestra vida. Ellos nos han estimulado para profundizar en nuestra espiritualidad, para formarnos en el mensaje de Jesús, para practicar nuestra dimensión social cuidando de aquellos que a nuestro alrededor nos necesitan y para transmitir a nuestros hijos la alegría de sabernos hijos amados de Dios.

Y ante todo esto, una palabra como ninguna otra se nos viene a la boca: GRACIAS!!

Gracias a vosotros por hacernos presente a Dios y gracias a Dios por amarnos y sostenernos a través de vosotros.

 

Antonio e Inma

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