El origen del grupo SEPAS de la parroquia se remonta más de tres décadas atrás. Treinta años en los cuales cientos, tal vez miles de personas que habían sufrido una separación o un divorcio han encontrado aquí un lugar de acogida, de abrazo y de sanación. La experiencia de este grupo y de sus miembros es una de las piezas clave del libro “Hasta que la muerte (del amor) nos separe”, publicado por la editorial San Pablo, que fue presentado el pasado 24 de mayo en el salón de actos de la parroquia.

En la presentación participaron personas bien conocidas por la comunidad parroquial como Mari Patxi Ayerra, Ana Nadal y Fernando Artigas MSpS, así como la directora editorial de San Pablo, Mª Ángeles López y la propia autora: la periodista –y miembro de la parroquia– Cristina Ruiz Fernández.

A través de las historias personales de hombres y mujeres que han vivido una ruptura de pareja, este texto, hace que los documentos vaticanos hundan los pies en la tierra para dar respuesta a las necesidades reales de quienes atraviesan una experiencia tan dura como el divorcio. Para ello la autora ha recogido de primera mano entrevistas y testimonios de personas que participan en distintos procesos y comunidades tanto de la Parroquia de Guadalupe como del Grupo SEPAS del Centro Arrupe de Valencia, así como opiniones expertas de psicólogos, sacerdotes, canonistas y teólogos.

Tiene un estilo ágil, ameno y pegado a la realidad y, además de contar historias humanas de primera mano, ofrece pistas para favorecer ese cambio de mirada que está promoviendo Francisco: hacer extensiva esa Iglesia que acoge y abraza. El libro reclama que haya una voz unánime de apoyo a quienes sufren experiencia tan dura y tan determinante. El divorcio es un hecho que cambia la vida de quienes lo sufren, les hace atravesar un duelo y les marca vitalmente. En este sentido, los distintos capítulos van desgranando las características de esta vivencia y sus implicaciones para las personas creyentes.

El papa llegó hace cuatro años al Vaticano y una de sus primeras medidas al convocar el Sínodo hizo patente su voluntad de abrir los ojos y mirar a la realidad de las familias de carne y hueso. El proceso sinodal y su resultado final, la exhortación apostólica Amoris Laetitia, se han vivido como un punto de inflexión. Pero ahora toca llevar a la práctica en la Iglesia católica todos esos planteamientos teóricos: dar formación, destinar recursos, crear infraestructuras...

En este sentido, una herramienta como el grupo de SEPAS, que en Guadalupe se tiene como una vivencia cotidiana, en realidad constituye una experiencia pionera de acogida que, humildemente, puede dar luz a muchos otros grupos. Por eso para la autora, relatar la experiencia de la parroquia era imprescindible en un libro como este, que parte de las vivencias personales y comunitarias.

Derrumbar muros, hacer caer prejuicios, aceptar, acoger y, en suma, amar a manos llenas, es la propuesta que emerge de estas páginas.

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