La Cuaresma es tiempo de oración, de toma de conciencia, de escucha. Se nos brinda una oportunidad para dejar aflorar nuestras contradicciones, nuestras incoherencias, y repensarlas a la luz del Evangelio. Quizá la conversión más profunda que podemos afrontar durante estas semanas sea atrevernos a vivir lo que decimos creer. Un difícil reto, sin duda.

Pero también, como nos recordó el Papa Francisco, la Cuaresma hoy día es, más que nunca, un tiempo de cambio esperanzado. Es momento de tomar aire de nuevo, de volver a respirar. Por eso la alegría tiene sitio en la Cuaresma, porque todo intento de renovación lleva implícita la ilusión por el cambio, la esperanza de mejora.

Esperanza en ser capaces de volver nuestros ojos a Jesús, encontrarnos de nuevo con su abrazo y redescubrir su invitación a seguirle; a vivir trabajando con esperanza por un mundo más justo.

ECO

(Equipo de COmunicación)

Compartir en FacebookCompartir en Google PlusCompartir en Twitter