¡Dios ha nacido! Una vez más, como todos los años, Dios se nos regala de nuevo. Jesús vuelve a nacer para nosotros, para ser “Dios-con-nosotros”.

Como un “sin techo”, como un “refugiado”, Jesús nace en la penumbra de un humilde establo en mitad de una fría noche de invierno. La Navidad es la fiesta de lo pequeño, de la sencillez, del olor a pesebre, de la precariedad de la vida.

Ojalá le hayamos acogido sinceramente en nuestra vida. Ojalá le hayamos abierto nuestro corazón para dejarle nacer dentro, muy hondo, muy de verdad.

Ojalá la vieja Europa entendiera el mensaje de la Navidad, más allá de las luces, de los adornos, de los mercadillos, del derroche injustificable… Ese mensaje eterno de la Navidad que es espíritu de acogida, de entrega, de solidaridad con el más pequeño, con el que sufre, con el que no tiene techo bajo el que guarecerse.

Ojalá nuestro portal navideño pueda siempre acoger al que huye de la guerra, de la miseria, de la pobreza y solo busca vivir en paz pero, sobre todo, vivir.

Ojalá siempre haya razones para la esperanza de aquellos pueblos que ven amenazado su presente y su futuro por situaciones profundamente injustas, que deberían ponernos en pie cada día para compartir con ellos un permanente renacer del espíritu de la Navidad.

ECO

(Equipo de COmunicación)

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