¿Dónde naciste y cómo fue tu infancia?

Nací en la Ciudad de México en marzo de 1985, en esa enorme ciudad tuve la dicha de vivir en uno de sus grandes pulmones, una de las zonas donde aún hay bosque. Ese entorno favorecía una vida muy parecida a la de provincia donde cada tarde los juegos con mis primos y vecinos estuvieron enmarcados por una naturaleza privilegiada que se prestaba para correr, “explorar”, trepar arboles, esconderse en ellos, molestar animales y salir corriendo antes que se enfurecieran, etc. Lo que por otra parte no favorecía la responsabilidad académica, pues quién iba querer sentarse a hacer deberes teniendo todo ese mundo de posibilidades recreativas a la puerta de casa. Así, no puedo decir más sino que tuve una infancia afortunada, la que mejoró cuando tenía 8 años con el nacimiento de mi hermano, uno de los seres que más conozco y amo hasta la fecha.

¿Desde cuándo conoces a los Misioneros del Espíritu Santo, cuándo y por qué quisiste ser uno de ellos?

Conocí a los M.Sp.S. en el templo de San Felipe de Jesús (en el centro de la ciudad de México, a poco más de una hora de recorrido desde la casa de mis padres) hace 13 años, llegue ahí con una búsqueda ya iniciada. El tema de Dios ya iba resultando de los que sentía que tenía que resolver con urgencia, así que todo lo que aportaba a la causa era muy bueno. Y en San Felipe me encontré con unos sacerdotes muy mayores que escuchaban con atención a las personas y ayudaban a orientar la vida con una perspectiva que superaba una moral de cumplimiento.

Eso me impactó mucho, lo que me hizo ir cada vez con más frecuencia. Por el mismo tiempo tuve oportunidad de ir a una misión en Semana Santa a una región indígena en México en la que el encuentro con la gente sencilla marco mi vida para siempre.  Con esas experiencias y el camino que iba viviendo en la Iglesia, me hacían pensar cada vez de manera más seria: “creo que lo mío es esto de ser misionero”. Con ello me decidí a platicarle a uno de aquellos sacerdotes lo que estaba experimentando, lo que dio pie a iniciar un proceso de discernimiento planteado en términos muy sencillos: “conócenos, déjanos conocerte y vemos que pasa”… y pasó que aquí sigo, y con una experiencia de Dios mucho más viva que la del inicio y con muchas ganas de compartirla.

¿Dónde estabas y qué hacías el año pasado por estas fechas?

Hace un año estaba en la Ciudad de México, en Iztapalapa, una de las zonas con fama de tener concentrados buena parte de los conflictos urbanos de una ciudad de tal magnitud, de modo que desde que llegue pensé que al menos alguna vez me iban a asaltar o algo por el estilo. Sin embargo eso nunca pasó, y estas fechas caminaba con gozo por esas calles sorprendido todavía por el modo de haber celebrado con ellos mi pertenencia para siempre a los MSpS, lo cual nunca terminé de agradecer.

Además estaba comenzando mi último año de formación básica en la congregación, elaborando mi proyecto de tesis y esas cosas con las que hay que cumplir.

¿Que es lo que más te ha sorprendido de la Parroquia de Guadalupe de Madrid?

La vida de sus comunidades y que se siente una fe cálida con una identidad clara, de la que al elegir la esperanza (lema de este año) espero surjan frutos muy buenos. Por otra parte, que hay bastante trabajo (risas).

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