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Hace cinco años viniste a Madrid cuando la mayoría de nosotros aún éramos muy pequeños para comprender todo lo que significas. Vimos a un montón de creyentes de otras partes del mundo volcarse en tu celebración y compartir tu espíritu. Algunos incluso acogimos a algunos de ellos y fuimos testigo de su fe, de sus ganas de vivir, de su voluntad por conocer distintas maneras de vivir la según la cultura. Te acompañamos en oraciones y en largos días llenos de actividades. Nos mojamos en Cuatro Vientos esperando la aparición del Papa, fiel acompañante tuyo, que como uno más compartió esa noche contigo y con todos los creyentes allí reunidos. Hemos visto tu belleza y nos has enamorado. Es por eso que este verano queremos volver a vivir tu experiencia.

Veinte jóvenes de la Parroquia de Guadalupe de Madrid y quince de la Sagrada Familia de Moratalaz. Eso somos. No somos un grupo numeroso ni con experiencia en este tipo de eventos. Tampoco lo vemos como algo negativo, no creemos que haga falta experiencia ni número para aprovechar al máximo esta oportunidad. Por ello, tenemos una ilusión tremenda por vivir las JMJ de Polonia 2016, por exprimir cada segundo que pasemos en tierras polacas hasta sacarle todo su jugo, por empaparnos de la forma de vivir que la gente que nos acoja tenga, por ser testigos de que la fe en el mundo tiene muchas formas. Sin que esto suene a tópico queremos dejarnos hacer por lo que nos encontremos, sin llevar ninguna expectativa sobre lo que vamos a encontrar.

En nuestras parroquias desde muy pequeños nos han inculcado por medio de dinámicas en grupos como Propuesta o Éxodo valores e ideales sobre los que construir no sólo nuestra fe, sino nuestra vida. Nos han enseñado a construir esa base que toda persona ha de tener si quiere convertirse en luz para el resto. Nos han formado de una manera activa, sin imponer ninguna visión que choque con la propia. De alguna manera sentimos que este viaje, esta oportunidad única, es el momento para enriquecer todavía más nuestra experiencia de fe, y no de manera egoísta sino también de enseñarle a todas las personas y grupos con los que nos encontremos nuestra manera de vivir como creyentes en el día a día, quizás el mayor reto para la juventud cristiana.

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