| Silencio |
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Entra el sol por la ventana de mi habitación y miro a través de ella la belleza de unos añosos árboles que son la esencia de un pequeño parque, pero a media tarde de un domingo muy frío, siento sobre todo el gratificante silencio. Al leer a Ana Nadal en una revista Guadalupe, comunidad abierta, he sentido la alegría de compartir vivencias como cuando visita Suesa en Santander. Se necesita aislarse del mundanal ruido, generalmente tan vacío de contenido, en tiempos difíciles y de tantas prisas y agobios en el diario vivir. En silencio, ver revolotear los tímidos gorriones de rama en rama, contemplar el caer parsimonioso de las ultimas hojas de otoño, a lo lejos, ver la blancura de un poco de nieve en la umbría de un rincón donde aun permanece, y mas allá, venido no se de donde, el cadencioso andar de un orondo gato de color atigrado, y ver las palomas tan confiadas que buscan restos perdidos de migas que cayeron al suelo, después de la merienda de unos niños que jugaban dichosos detrás de una pelota que siempre era mas rápida que sus propias carreras, y sentir el golpeteo de unas gotas acompasadas en el alfeizar de mi ventana, y notar la tibieza del sol en mi cara cuando ya la tarde iba cayendo lentamente...
Comprendí una vez mas que las pequeñas cosas son las que traen paz al espíritu y nos hacen mas felices, para agradecer a Dios estos pequeños milagros que están al alcance de nuestros sentidos, pero que no sabemos apreciar porque nos falta silencio y nos sobra ruido...
Montserrat Comas Osés |
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