Alternativa en Marcha

Alternativa en Marcha es una asociación muy vinculada a la Parroquia de Guadalupe. Nuestros orígenes hay que buscarlos hace ya más de veinte años entre varios miembros de la Parroquia y este vínculo especial se ha mantenido a través del tiempo.

En la actualidad, Alternativa en Marcha desarrolla dos grandes proyectos:

  •  Convive: dedicado a mujeres embarazadas y/o con niños pequeños a su cargo, en riesgo de exclusión social.

Mantenemos 3 pisos de acogida, uno de ellos dedicado al proyecto Refugiados del Ministerio del Interior, en colaboración con la Red Acoge. En ellos conviven en la actualidad 8 mujeres y 9 niños. Nuestro proyecto les ofrece un hogar, formación, acompañamiento y, sobre todo, un espacio donde tomar fuerzas y prepararse mejor para poder realizar su proyecto de familia.

  •  Sumando: en el que atendemos a más de 80 familias vulnerables o en riesgo de exclusión social de la zona este de Madrid.

Les ayudamos con alimentos, orientación laboral, clases de español y apoyo psicológico.

Las aportaciones que periódicamente recibimos son muy bien acogidas y de gran ayuda para estas familias. Es habitual que las personas que reciben ayuda de la Operación Kilo de Guadalupe colaboren en la recogida, organización y reparto, haciéndolas sentirse parte activa del proyecto y dignificando su momento actual de necesidad.

En ambos proyectos intentamos mantener un ambiente cordial que nos permita ser un lugar de acogida y amistad que se mantenga en el tiempo.

Sirva este breve resumen de la Asociación para transmitir a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe nuestro total agradecimiento por el cariño con el que siempre nos prestáis vuestra ayuda. La OPERACIÓN KILO lleva alimentos y productos necesarios, pero sobre todo lleva el interés, la disponibilidad y el cariño de unos amigos con los que siempre podemos contar. En nombre de las familias y en el nuestro: GRACIAS.

 

 

Comunidad Base

La Comunidad de Base nació hace 35 años, cuando nuestra Parroquia nos invitó a vivir un “proceso catecumenal” con vistas a la creación de pequeñas comunidades. A lo largo de tres años, afloramos los motivos profundos que nos habían llevado allí, qué buscábamos cada uno, qué esperábamos del grupo… Se trataba de conseguir un grupo de suficiente “talla humana” con el que se pudiera caminar hacia los valores comunitarios cristianos.

Descubrimos las falsas imágenes de Dios que muchos veníamos arrastrando y hasta qué punto era urgente “convertirnos” al Dios de Jesús, redescubrirlo y reinterpretar su mensaje.

Otro caballo de batalla era la Iglesia… Si de Dios y de Jesús traía cada uno sus propias ideas, ¿qué pensábamos de la Iglesia? ¿quién era y qué era la Iglesia para nosotros?, ¿en qué Iglesia queríamos vivir y qué clase de Iglesia queríamos construir…?

Acabado el “proceso”, tampoco quisimos precipitar las cosas, pues se trataba de tomarse el pulso y decidir si estábamos dispuestos a subir al barco COMUNITARIO con aquella tripulación.

Nuestro Proyecto:

Desde el primer momento quisimos ser realistas evitando la “comunidad ideal”. Partiendo de nuestra realidad, y de la lectura reflexionada y compartida de algunos libros, nos centramos en la búsqueda y concreción de “nuestra comunidad posible”.

1º.- «COMPARTIR VIDA»

Queríamos que fuera, ante todo, “Una Comunidad de Iguales”. Una Comunidad en la que pudiéramos “compartir lo que somos y tenemos”. Era nuestro deseo de “COMPARTIR VIDA”.

Seguimos algunas pautas: comunicarnos en verdad y libertad; estar dispuestos a ejercer y aceptar la corrección fraterna; dar a conocer nuestras decisiones importantes antes de tomarlas, y discernirlas juntos; comunicar nuestros bienes y el uso de los mismos…

Decidimos pasar juntos, incluidos nuestros hijos, una semana de nuestras vacaciones veraniegas, siendo uno de los momentos fuertes y más enriquecedores de nuestra comunidad. Creamos un Fondo Común Solidario (FCS), desde el que apoyamos a proyectos sociales que no reciben otro tipo de ayudas y en los que algún miembro de nuestra comunidad ejerce un seguimiento “in situ” o “a distancia”.

2º «COMPARTIR NUESTRA FE»

Es para nosotros experimentar la vivencia de sentirnos amados por Dios y plasmarlo en el amor a los demás; es compartir cómo vivimos el mensaje de Jesús y celebrarlo juntos; es sentirnos parte integrante de su Iglesia para estar cerca de los más excluidos.

Y lo hacemos participando con especial intensidad en las Eucaristías; estimulando y potenciando la oración personal y comunitaria de forma creativa; buscando nuevas formas de ampliar nuestra formación mediante el estudio de temas y la asistencia a charlas, cursos de teología, congresos, etc.

3º «COMUNIDAD QUE VIVA PARA LOS DEMÁS»

Queremos escuchar la llamada que Dios nos hace a través de los pobres; hacernos visibles en la sociedad, mediante la proclamación del mensaje de Jesús y en solidaridad con los más desfavorecidos.

Dimos pasos hacia el mundo de la droga, paro, cárceles, hogares de niños sin familia, emigración…, asumiendo sus causas como nuestras. Denunciando situaciones de injusticia y marginación, participando en plataformas de solidaridad y de reivindicación… acompañando a los grupos de nuestra parroquia hacia la comunidad, haciendo hincapié en la dimensión social de la fe. Buscando y apoyando proyectos de promoción social, tanto en el tercero como en nuestro cuarto mundo, asumiendo que sea la comunidad quien discierna y decida los proyectos que debemos apoyar desde nuestro Fondo Común Solidario (FCS) cada año.

Nuestros logros comunitarios:

1º.- El valor de la vida comunitaria en sí misma. Consideramos un don de Dios el que nos haya llamado a vivir esta experiencia, haciendo de nuestra Comunidad una “tierra sagrada” a la que tenemos que mimar y acceder con los pies descalzos, porque es donde Dios se nos manifiesta y nos muestra el camino que debemos seguir en la tarea de construir su Reino de fraternidad.

2º.- La Comunidad ha hecho posible que cada uno haya redescubierto su propio don, su carisma. Hemos ido comprendiendo que ejercer el propio don y ponerlo al servicio de los demás, era el mejor modo de construir la Comunidad, convencidos de que todos teníamos necesidad de conocer el carisma de cada uno y experimentar cómo lo ejercíamos. Cada uno redescubrimos nuestro propio don y todos nos sentimos llamados, y urgidos, a ejercerlo para bien y crecimiento de la comunidad.

3º.-La Comunidad nos ha permitido vivir la experiencia enriquecedora del perdón y de la aceptación fraterna. Hemos tenido gozos y esperanzas, pero también tensiones que han precisado de un serio discernimiento y oración comunitaria, para que sea el Señor quien las juzgue y las transforme en motivo de encuentro y reconciliación.

4º.- La Comunidad nos ha llevado a hacer nuestra la causa de los pobres. Tuvimos que renunciar a muchas utopías y sueños comunitarios, pero a lo que no renunciamos nunca es a vivir siempre de cara al mundo de los empobrecidos y asumiendo sus propias causas. Acercándonos a los pobres, sentimos que “los pobres nos evangelizan” (no en vano son ellos sacramento de la presencia de Dios), obligándonos a revisar nuestras actitudes evangélicas. Su cercanía nos enriquece, porque descubrimos en ellos su gran dosis de esperanza, sus luchas por salir de situaciones esclavizantes y sus ganas de vivir a pesar de las carencias.

5º.- La Comunidad nos ha permitido optar por un tipo de Iglesia diferente: Nuestra apuesta ha sido siempre por una Iglesia abierta, participativa, autocrítica, corresponsable, democrática y en la que nadie se sienta excluido o condenado. Quisimos salir del ámbito parroquial para vincularnos, también, a otras realidades eclesiales como “Iglesia de Base de Madrid”, “Corriente Somos Iglesia” y, actualmente, a “Redes Cristianas”, siempre pensando que es deber nuestro ayudar “desde dentro” a que el cambio de nuestra Iglesia se convierta algún día en gozosa realidad.

Damos gracias a Dios por el don de la comunidad y confiamos en que, lo mismo que nos ha ayudado a crecer en la fe y en el servicio a los hermanos, nos permita envejecer en su seno, empeñados en seguir construyéndola y haciéndola visible dentro de nuestra querida Iglesia.

 

25 años de vida en común

Hace 25 años, en presencia de nuestras familias y amigos, realizamos un sacramento (del latín: medio para hacer sagrado) por el que nos comprometíamos a casarnos entre nosotros y con Dios, haciéndole partícipe de nuestra unión (no siempre ser tres, va a ser negativo ;)).

En nuestro caso, su presencia todos estos años nos ha servido de alegría para dis-frutar (“sacar el fruto”) de tantos momentos buenos, y de apoyo y fortaleza en tantos malos como la vida, indefectiblemente, nos va trayendo a todos.

El Padre se ha venido manifestando a través de todo cuanto nos rodea: la naturaleza, el silencio, los necesitados y, sobre todo, a través de aquellos que nos aman. Y la forma práctica de actualizarlo, de reflexionarlo y descubrirlo cadadía, ha sido y sigue siendo a través de nuestra comunidad, en el seno de nuestra parroquia de Guadalupe. Porque la fe que no se cultiva, se apaga y en este mundo de hoy en día tan material, tan vertiginoso y pragmático, solo es posible hacerlo en comunidad.

Cuando apenas llevábamos unos meses saliendo, algo nos llevó a buscar un sitio donde pudiéramos desarrollar la inquietud espiritual que existía en nuestro interior, ya no solo de manera individual sino como pareja. Aparecimos por Guadalupe, conocedores de su carisma acogedor y abierto y nos recibió Charly, remitiéndonos a José Luis porque nos veía más en Pastoral Familiar que en la Juvenil. En unos ejercicios de las Navillas, José Luis nos presentó al grupo de Periféricos, formado por parejas jóvenes casadas salidas del CPM que vivían lejos de la parroquia, de ahí su nombre. Su primera pregunta fue: “y vosotros, ¿cuándo os casáis?”. Nosotros no nos habíamos planteado todavía aquello, apenas habíamos iniciado nuestra andadura como pareja. Pero ese grupo y los misioneros y la parroquia que nos acogió con los brazos abiertos, nos ayudaron a ir forjando nuestro proyecto de vida en común, a poner a Dios en el centro de él y a confirmarlo apenas 2 años después, el día de nuestra boda. José Luis fue el testigo de nuestro compromiso y, 25 años después, se ha hecho presente en nuestra celebración de Acción de Gracias por el aniversario, a través de las nuevas tecnologías:

“Agradeceros a vosotros y al Señor vuestros 25 años de matrimonio entre vosotros y con Él. De verdad que me alegra un montón y os aseguro que, aunque no podré estar físicamente presente, el sábado 9 de septiembre, estaré con vosotros con todo el corazón, mi cariño y mi oración todo el día y especialmente en la Eucaristía, en la que le pediré al Señor que os siga ayudando a llevar a plenitud lo que juntos celebramos ese hermoso día. ¡Muchas felicidades y que haya otros 25 y otros 25…!

Me alegra que lo celebréis con mi querido hermano Fernando y dadle un abrazo de mi parte. Seguid construyendo su proyecto de vida en común entre vosotros y el Señor. Allí estaré con el corazón y desde ahora os abrazo con todo mi cariño. Vuestro hermano que os quiere, José Luis”

Y, hoy en día, los misioneros, en especial Fernando y Giancarlo, nuestro grupo, convertido en la Comunidad de Caminantes de la Pastoral de Adultos y que ha sufrido a lo largo de su historia sus vaivenes con deserciones e incorporaciones y nuestra querida parroquia de Guadalupe, comunidad de comunidades, siguen formando parte esencial de nuestra vida. Ellos nos han estimulado para profundizar en nuestra espiritualidad, para formarnos en el mensaje de Jesús, para practicar nuestra dimensión social cuidando de aquellos que a nuestro alrededor nos necesitan y para transmitir a nuestros hijos la alegría de sabernos hijos amados de Dios.

Y ante todo esto, una palabra como ninguna otra se nos viene a la boca: GRACIAS!!

Gracias a vosotros por hacernos presente a Dios y gracias a Dios por amarnos y sostenernos a través de vosotros.

 

Antonio e Inma

PJV. Experiencias de verano

Como ya os adelantamos en el número anterior de la revista, desde la coordinadora de la Pastoral Juvenil, decidimos promover un “verano social”. Por ello, varios de nuestros jóvenes han emprendido un verano repleto de aventuras y de experiencias de voluntariado.

A continuación, Germán, del grupo Propuesta 3, nos relata su testimonio en Bilbao:

“Durante mi experiencia, estuve trabajando con niños en riesgo de exclusión social de algunos barrios de Bilbao, como «San Fran». Trabajamos en Cáritas y en una de las parroquias de allí, San Antón. Todo el grupo íbamos con el mismo fin, y era ayudar a estos chavales a pasar un buen rato, ya que sus padres no podían permitírselo debido a su pésima situación. Eran personas venidas de diversas partes del mundo, siendo Asia, África o Latinoamérica de donde venían mayoritariamente, debido a que allí no podían ganarse la vida.

Mi experiencia en el campo de trabajo ha sido positiva y satisfactoria, por haber conocido (de primerísima mano) y ayudado a gente que vive en una situación peor que la mía. Estos días me han hecho ver lo difícil que es esta vida y, aún así, que aceptan dicha realidad y siguen viviendo la vida día a día, esperando que algún día no haya ningún problema, pudiendo ser parte de esta sociedad, tan comunitaria e injusta a la vez.

Por otro lado, trabajar con chavales (desde niños pequeños hasta adolescentes) fue una de las experiencias que se vivió con más emoción y en la que más se aprendió. Una de las cosas que muchos de los que fuimos allí aprendimos, es que siempre se puede sacar una sonrisa a la vida, estés viviendo en una tanto situación buena como mala, ya que siempre se ha dicho que la sonrisa es una de las mejores medicinas ante muchas situaciones, y esta es una de ellas.  En la sociedad en la que actualmente vivimos, estos niños no pueden permitirse ningún tipo de lujo, debido a que sus familias tienen muy pocos recursos, aparte de que, en numerosas ocasiones, son marginados por su cultura o su religión.

No solo los niños y sus familias son los que lo pasan mal, sino también aquellas personas que son drogadictas o prostitutas, ya que estas personas son bastante marginadas, y gracias a varias asociaciones dispersas por la ciudad pueden tener algo de comida o una cama (la inmensa mayoría vive en la calle). Tuvimos la suerte de conocer estas organizaciones y agradecerles todo el duro trabajo que hacen por ellos y cómo intentan sacarles adelante.

Tuve la suerte de poder compartir estos días con gente que tenía una mentalidad bastante similar a la mía, y era ayudar a estos niños a pasar unos días bonitos. Toda esta ayuda te hace sentir a gusto y bien, porque sabes que puedes apoyarte en ellos, sabiendo que van a estar ahí cuando sea necesario. Fuimos recibidos como si fuéramos, digamos, sus «héroes», ya que sabían para qué íbamos, y no podían contener toda su satisfacción.”

Y, para terminar, tenemos el testimonio de María Prieto (IC1), que nos va a relatar su experiencia en Taizé:

“Este verano, seis personas de la Pastoral Juvenil nos hemos ido a pasar, vivir y sentir una semana a Taizé. Este es un pueblo ecuménico de encuentro internacional e intercultural (aunque principalmente cristiano), en Francia. Es realmente interesante el espacio de encuentro que se crea, tanto por el lugar físico en sí, que invita al silencio y a la reflexión, como por el intercambio de vivencias con personas de todo el mundo. Nosotros fuimos con un grupo de Acoger y Compartir, con el que nos sentimos muy a gusto.

Cada día teníamos tres oraciones (una antes de desayunar, otra después de comer y otra al terminar la cena). Estaban basadas en cánticos repetitivos, de los que cuatro de nosotros formábamos parte, porque nos apuntamos al coro. Otras dos de las chicas estuvieron en un taller de organización de actividades, y una de las tardes tuvimos una serie de juegos muy interesantes, gracias a ellas y a su equipo. Lo que más me gustaba de estas oraciones era el silencio que hacíamos de unos diez minutos. Me parecía impresionante cómo siendo tantos miles de personas, todos estuviéramos en el mismo estado de tranquilidad. Me resultaba muy fácil sentir a Dios en ese momento.

Por las mañanas teníamos reflexiones por grupos. Nosotros nos separamos de dos en dos y nos fuimos con gente diferente. En nuestro grupo nos llevamos muy bien desde el principio. Era muy interesante, porque no todos éramos católicos, y las conversaciones que salían todas eran muy en clave de escucha y respeto. Fue muy enriquecedor. Además, siempre acabábamos enseñándonos juegos unos a otros, contándonos cosas de nuestros respectivos países o aprendiendo frases en los distintos idiomas.

Por las tardes nos íbamos al lago, que era un lugar de silencio precioso. Era mi sitio favorito. Se podía ver a personas orando, escribiendo, dibujando, pensando, observando… Y por las noches, después de la oración, había un lugar donde se juntaba todo el mundo para cantar, tocar la guitarra y bailar, y se formaba un ambiente muy divertido.

Fue una experiencia genial, y todos volvimos a Madrid con ganas de convencer a los demás de nuestro grupo para ir todos, el verano que viene, de nuevo a Taizé.”

Hasta aquí, algunas de las experiencias de nuestros jóvenes de la PJV. Muchas gracias por leernos.

Germán Perdiguero (P3), María Prieto (IC1) y Jaime Alonso (Comunidad PJV)

Ya hace más de medio siglo. Bodas de oro

Hemos llegado a cumplir este tiempo. Cincuenta años de casados. Cuando iniciamos este camino, no teníamos ni idea de lo que el futuro nos iba a deparar. Habíamos sido novios durante 6 años y nos necesitábamos el uno al otro. En aquellos tiempos las parejas no teníamos intimidad, nos era difícil estar juntos y solos. Por eso, nos apetecía sobremanera poder compartir todo el tiempo que pudiéramos.

No es fácil transmitir todo lo que queríamos comunicarnos. Nuestra idea de la religión era bastante diferente a la actual. Dios, estaba presente en nuestras vidas, pero como un padre vigilante y que nos podía castigar si no nos comportábamos “convenientemente”. De todas maneras, sea por nuestra educación familiar, sea porque estábamos en Acción Católica, desde el primer momento quisimos que Jesús estuviera presente en nuestro matrimonio. Le invitamos a nuestra boda.

Ahora que han pasado tantas y tantas cosas, nuestro Dios es un Padre (ahora con mayúsculas) que está presente de otra manera. El entender de esta manera a nuestro Dios, ha sido un camino lleno de etapas. Y en ese comienzo aparece nuestra Parroquia de Guadalupe, como la que inició nuestra formación y enseñanza de nuestro nuevo Dios Padre.

Comenzamos yendo a la misa de los domingos. Nos parecía una celebración distinta a la de otras parroquias a las que íbamos. Así empezamos a asistir a reuniones y convivencias con otras personas a las que no conocíamos, pero por reiterar nuestra asistencia pudimos empezar a conocer a la Comunidad guadalupana. Recordamos con mucho cariño a Pilarín y Gerardo Burón, que fueron los primeros nombres que conocimos y estuvieron en el principio de nuestra andadura. También a Teresa y Juan Antonio Bello, con los que formamos el primer grupo de matrimonios.

Al igual que las cerezas, una acción encadenaba a la siguiente. Poco a poco nos fuimos involucrando en más acciones, reuniones, convivencias, etc. Fue un descubrimiento que nos ayudó para pasar situaciones difíciles, al tener a nuestro lado a las personas que nos brindaban su apoyo, cariño, consejo, etc.

Y a partir de ahí… empezamos a sentir el influjo de los Misioneros. Gracias por haber conocido a (Σ de A – Z): Aquí están todos y no olvidamos a ninguno. Han ido formando las etapas de nuestras vidas. Los escalones, a pesar de que los años hacen más lenta nuestra ascensión, al estar ellos siempre cerca, se nos han hecho más fáciles.

Primero pasaron sin darnos cuenta los primeros veinticinco años. Y celebramos las Bodas de Plata, estuvieron presentes Charli, Fernando, Raúl y Roberto. Y sin darnos casi cuenta, han pasado cincuenta años y celebramos las de Oro. Y hemos vuelto a sentir la cercanía de los Misioneros, ya que han querido estar con nosotros Fernando (que repite), Giancarlo y Gonzalo. Además vino desde Brasil, nuestro primo Alfonso, también sacerdote que esta vez pudo concelebrar. De verdad que fue un día redondo y en el que nos sentimos muy felices de estar juntos.

Gracias a todos por estar presentes en nuestras vidas. Por dejarnos conoceros y vivir la Vida. Vivir con tantas personas que hemos conocido, participado y disfrutado con ellas.

Gracias a la Pastoral Familiar, que fue el lugar donde iniciamos nuestro camino. Gracias a la Pastoral de Adultos, que es donde ahora continuamos con nuestro grupo de matrimonios: Talitha Kumi. Con ellos empezamos nuestro “equipo”. Así se llamaban, cuando se empezaba la andadura de un grupo de personas, que querían compartir la fe, la vida, el compromiso y hacerlo con otros que tenían el mismo deseo. Los hemos tenido siempre cerca cuando hemos necesitado algo. Gracias a todos ellos.

Hemos podido celebrar aquí, bautizos de nuestros sobrinos, bodas de hijos de amigos, bodas de plata, bodas de oro, y acciones de gracias por la vida de personas de la comunidad que se han ido, dejando su amor, cariño y recuerdo. Gracias porque nos sentimos parte de esta Comunidad Parroquial. Gracias por habernos permitido estar presentes aquí, durante la mayor parte de nuestras vidas.

Desde lo más profundo de nuestro ser, os damos a todos y cada uno de los que conocemos nuestro cariño y agradecimiento. Estaremos junto a vosotros el tiempo que nos permita nuestra salud. Gracias Parroquia de Guadalupe. Gracias Comunidad de Misioneros del Espíritu Santo, Gracias Comunidad Parroquial, Gracias Talitha. Gracias comunidades. Gracias hermanos en la fe de Jesús.

Fernando Arnaldo.