Editorial

“Tu Amor, Nuestra Alegría”.

Una vez más, eres Tú, Padre, quien nos convoca. Al calor de Tu Amor nos reencontramos en la casa común, con ilusiones y esperanzas renovadas, al inicio de un nuevo curso, para compartir con el otro la alegría de sentirnos abrazados por Ti.

Porque la certeza de sentir que tenemos un Dios que es Padre y Madre, de sabernos amados y acogidos como hijos, es una experiencia que solo puede ser compartida, celebrada, vivida con el hermano. Es una realidad que transforma la vida y le da sentido, plenitud, esperanza.

La Buena Noticia de Jesús nos invita a proclamarla con alegría. Llena de luz nuestra vida y nos impulsa a hacerla realidad en el día a día de nuestra comunidad de hermanos. Amar más, perdonar más, abrazar más, vivir más intensamente y dejar el resto en las manos de Dios.

Este es el lema que nos hemos propuesto para este curso. Queremos ser capaces de vivir con la alegría profunda que nace del amor de Dios y ser capaces de transmitirla, de irradiarla a nuestro alrededor, de contagiar felicidad al que tenemos cerca. Quizá la alegría sea algo de lo que más falta nos hace en el mundo de hoy. ¡Tratemos de derrocharla!

ECO (Equipo de COmunicación)

25 años

Guadalupanos por el mundo

Volvemos a Panamá para esta importante cita. Los 25 años como misionero de nuestro querido Alfonso.

25 años

Hace no mucho, compartí en la parroquia de Guadalupe de Madrid, una entrañable racha de celebraciones de bodas de plata. Qué será vivir eso, me preguntaba, e, intuitivamente, la idea que lanzaba es que, después de 25 años, la aventura casi no ha hecho más que empezar. Sí: más canas, más tripa y, seguramente, más problemas y decepciones, pero felices, acompañados y queridos. Agradecimiento por lo vivido y porque la vida compartida fue sacando lo mejor de cada cual. Con una sabiduría de vida que sabe afrontar vientos y mareas y distinguir lo realmente importante. Sabiendo que los fracasos y fallos fueron suplidos o superados desde el amor y la fe. Con una mirada esperanzada en el futuro.

Todo llega, y ahora me toca a mí celebrar 25 años de profesión religiosa. Lo hago así, discretamente, simplemente compartiendo contigo estas líneas con algunas de las cosas que se han removido por dentro…

Quizá haya alguien que se acordará: en la parroquia Santa Teresa de Jesús, en Tres Cantos, un 12 de septiembre de 1992, día en que en algunos lugares se celebra la fiesta del Dulce Nombre de María.

En España, 1992 fue el año de la Exposición Universal de Sevilla, del AVE, del tratado de Maastricht, del hundimiento del petrolero Mar Egeo, de los 500 años de la llegada de Colón a América y de los JJOO de Barcelona. Seguían los atentados de ETA, comenzaba a cuajar el movimiento 0,7 y también la crisis económica que duró esa vez, dicen, hasta 1996. El consumo de heroína mataba y provocaba estragos en las familias. Ya entonces hablábamos de los 8 millones de pobres en España.

En la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo vivíamos la reciente creación de las Provincias, con grandes aspiraciones… También las comunidades de España soñábamos fundar otra comunidad más…

En medio de estos acontecimientos, vivimos con sencillez la profesión religiosa. Éramos dos novicios Misioneros del Espíritu Santo celebrando la llamada de Jesús y nuestra respuesta. Al mes, fue la pascua de Roberto Mejía, tan querido.

En esa época no teníamos ordenadores, ni móviles, ni cámaras digitales… Las fotos, después de tanto tiempo, a saber dónde habrán quedado… así que no tengo a mano material para ilustrar aquel evento.

A los pocos días, tuve unos días de vacaciones y pude ir de excursión, mochila al hombro, con gente muy querida a la sierra de Gredos. Al cabo de los años, vuelvo la mirada atrás y descubro que lo que aconteció fue programático: tuve que dejar al grupo para hacer una travesía de un día, para coger el bus y llegar a tiempo a la comunidad. Desde el Circo de Gredos hasta la plataforma de Guisando, para, finalmente, llegar andando a Arenas de San Pedro. Llegué. Con una fuerte insolación. Hecho un guiñapo. Superando la adversidad y la debilidad del momento. Eso sí, sabiendo a dónde llegar. No me perdí, no.

De manera que así comencé estos 25 años que han supuesto dejar, partir, continuar con esfuerzo, a veces sintiéndome un guiñapo, con rumbo, a veces incierto, sí, y aprender a dar la vida. Confiando llegar al destino. Siguiendo las huellas del que “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hch 10, 38), el “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20) y me invita siempre a “salir a las encrucijadas de los caminos invitando a la fiesta del Reino” (cf. Mt 22,9) en una dinámica, no a mi manera, sino a la de Él (Is 55, 8-9). Honestamente, creo que así es como he madurado y sacado lo mejor de mí. También, al repasar este tiempo, uno cae en la cuenta de lo que ha desperdiciado de tiempo, de cómo me he dejado vencer con dinámicas egoístas, lamentado todo el bien que debí hacer y no supe o no quise…

En las encrucijadas de los caminos me he encontrado con gente estupenda: en Tres Cantos, en Zaragoza, en Madrid, en Comalcalco y, ahora, en Panamá. Hermanos de comunidad, amistades, acompañantes, pastorales, trabajando juntos, compromisos, gente haciendo mucho más bien que yo… Estoy muy agradecido. Me han hecho crecer, me han escuchado, me han animado, me han confrontado. Me han hecho ver lo bueno que es Dios. Gracias de corazón.

Durante estos años, mi familia también ha vivido intensamente: ha crecido, ha sufrido, mira con ilusión hacia adelante. Mi madre, mi padre (+), mis hermanas y sus esposos e hijos son también un regalo. Ahora quedan a distancia….

Durante estos 25 años no ha habido ningún español más que haya respondido a la llamada a ser Misionero del Espíritu Santo… y solo queda una comunidad en Madrid. Como Congregación, nos prestamos a vivir con sentido la minoridad y el envejecimiento, en búsqueda de replantear las estructuras y con poca perspectiva de crecimiento y de vocaciones… Ni acá, ni allá, ni acullá.

Buscando, decimos, “resignificarnos”, vivir con esperanza, desde Dios, optando decididamente por el cuidado de las personas y de la Creación… Es posible que en esta travesía también sufra insolaciones y quede derretido, pero confío en que juntos llegaremos a donde nuestro buen Dios quiera llevarnos.

Tras 25 años, me encuentro uniéndome a un modesto proyecto parroquial, habiendo dejado gente querida, atravesando mares, con una mochila cargada de experiencia, madurez y sabiduría, para conocer, escuchar y proponer con humildad…

Ahora, en 2017, hablamos en Panamá de la corrupción, de los “papeles”, de las inundaciones, de la tremenda desigualdad en la que vivimos, de la devastación ecológica, pero también de su hermosura y de la buena gente que la habita. Hablamos de la JMJ 2019, de los atascos infernales de cada día, del pésimo sistema de salud, de las pensiones que no dan para vivir, de la discriminación, pero también de las fiestas, los desfiles y de la novedad que aporta el Evangelio como fuerza para vivir.

El regalo que recibo hoy y que te comparto es este poema de M. Benedetti, que expresa muy bien mi gran “tentación” y mi gran “invitación”, acompañado por la música de J. S. Bach: “Jesús, mi alegría” BWV 227 https://www.youtube.com/watch?v=a4SKrGYMp7A (el reggae panameño y el vallenato no me acaban de cautivar):

“No te salves”

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

 

EPSH, un proyecto solidario de Guadalupe

Encuentros con Personas Sin Hogar. Salir al encuentro de nuestros hermanos sin techo. Humanizar su existencia. Este proyecto, que surgió hace ahora 3 años por iniciativa de algunas personas de la Parroquia, está en plena evolución. Para todos aquellos que buscáis comprometeros y entendéis que la gente que vive en la calle no os deja indiferentes, os invitamos a conocer el proyecto, el próximo 7 de noviembre a las 8 de la tarde, en Guadalupe. Efectivamente: buscamos voluntarios.

Muchos habéis oído hablar de él. Otros habréis, incluso, participado alguna noche de viernes. EPSH (Encuentro con Personas Sin Hogar) son las siglas de una iniciativa cuyas características principales son la cercanía y la empatía. No se trata, en este breve artículo, de desvelar lo que hemos aprendido hasta ahora; seguramente, no seríamos capaces de resumirlo. Lo que queremos es, principalmente, darlo a conocer porque a los que participamos en él nos parece enriquecedor (¡recibimos tanto!) y, por otro lado, porque vemos que el grupo de voluntarios actual se queda pequeño para hacer frente al trato personalizado y constante que requiere cada uno.

Por poneros un ejemplo de una situación que hemos detectado: actualmente, nosotros salimos los viernes, pero sabemos que los martes nadie les visita, nadie habla con ellos, ni les lleva algo para cenar.

Además de la presentación del proyecto el 7 de noviembre, este año hemos decidido iniciar un camino de formación para todos los voluntarios, que arrancará el 16 de noviembre a las 8 de la tarde, en la Parroquia de Guadalupe.

Gracias de antemano.

Equipo EPSH de Guadalupe

Conoce a Manolo

El curso se ha iniciado en la Parroquia de Guadalupe con una novedad inesperada que es, a la vez, una excelente noticia: la llegada de un nuevo misionero para acompañarnos y ampliar la comunidad, el mexicano Manuel Rubín de Celis, MSpS.

Hemos charlado con él para conocer un poco más su trayectoria como Misionero del Espíritu Santo y cuál ha sido el camino que le ha traído hasta aquí.

¿Qué significa para ti ser Misionero del Espíritu Santo?

Mi felicidad plena, expresión clara del amor que Jesús me tiene, pues fue a por mí adonde yo vivía y me jaló [tiró de mí] a la Congregación.

¿Cuánto tiempo llevas como misionero? ¿En esos años, cuál ha sido la experiencia o destino que más te ha marcado?

Llevo 51 años en la Congregación y a lo largo de ellos he tenido muchas experiencias: once años en formación de mis hermanos, seis años en el Consejo general como consejero, ocho años en parroquia, siete de los cuales en Chile donde tuve la dicha de fundarla y quizá sea de las más significativas, nueve años sirviendo a sacerdotes especialmente, pero también a otros agentes de pastoral, y cuatro años en un centro de pastoral abierto especialmente para jóvenes. En total he estado 23 años fuera de mi país: 12 en Europa, 7 en Chile y 4 en Costa Rica.

¿Cuál fue tu destino previo, antes de llegar a Madrid?

Vengo de la ciudad de México. Allí estuve trabajando en un centro de rehabilitación al servicio de los sacerdotes de otras congregaciones o del clero diocesano la Fundación Rougier. Se recibían toda clase de sacerdotes y religiosos, con alguna problemática: adicciones –sobre todo la bebida, alguna vez el juego, rara vez la droga–, asuntos emocionales y afectivos de todo tipo, con problemas nerviosos o con problemáticas de cualquier género: relaciones con los demás, con la feligresía, con el Obispo, etc. El ingreso era de tres meses y a veces se prolongaba un mes más. Lo hermoso es que en la mayoría de los casos salían mucho mejor y renovados; quizá algunos con la decisión de dejar el ministerio. Pero también en buena parte se les procuraba dar un seguimiento.

¿Habías estado ya alguna vez en España?

De mis doce años en Europa, estuve dos años y medio en España de los cuales dos fueron en Calahorra en los años setenta pues teníamos un colegio los misioneros del Espíritu Santo y medio año esta Parroquia de Guadalupe. Esto último fue entre 1989 al 1990. ¡Hace más de 27 años!

Y de lo que recuerdas de tu estancia previa en España y la de ahora, ¿en qué has encontrado que ha cambiado el país?

Pasó de Tercer Mundo (años 71-73, tiempos de Franco) a Primer Mundo (89-90). España ahora se muestra con orden y ofrece perspectivas muy esperanzadoras. La sorpresa: lo de Cataluña, y por lo que logro entender esto se ha venido gestando hace mucho tiempo y quizá, no se dieron los pasos para evitar esta coyuntura tan delicada. Soy nieto de sevillano y por tal motivo me conecto con España por lazos estrechos de familia y experimento deseo de amar y servir a España a través de nuestra hermosa Parroquia de Guadalupe.

¿Qué crees que puedes aportar a una Parroquia como la de Guadalupe en Madrid?

Mi deseo de servir y entregarme y quizá mi experiencia de tantos años.

Y, para ti mismo, ¿qué esperas de Madrid?

Que compartamos nuestra fe y vivamos en el amor y en la entrega a favor de los demás.

 

Tu amor, nuestra alegría. Berit

Por segundo año, Berit (Nico y Mamen, de la Comunidad Caná) hemos tenido el privilegio de componer la canción del lema parroquial. El año pasado fue Elige la esperanza y, este año, Tu amor, nuestra alegría. Un encargo que hemos asumido llenos de alegría y agradecimiento y  que responde a nuestra vocación musical en el anuncio de la Buena Noticia.

Berit emprendió su historia musical hace cuatro años con el ideal de anunciar cuánto ama Dios al mundo, cuánto nos ama a cada uno de nosotros y la inmensa alegría de sentirnos enviados a anunciar el Reino de Dios que, sin duda, ya está entre nosotros.

Berit significa “Alianza”, la Alianza que parte de Dios y que -sólo por amor- Él ofrece a los seres humanos. El nombre nos gustó desde el principio porque “el Berit” es también para nosotros la posibilidad de ser la mejor versión de cada uno, la posibilidad de crecer y hacer crecer al otro en nuestra unión y, también, la posibilidad de servir a quienes buscan a Jesús; ayudar a quienes buscan experimentarlo a través de la Palabra, la oración y la música.

Siempre hemos disfrutado cantando el amor de Dios a través de canciones de otros. Hemos cantado en bodas de amigos, bautizos, eucaristías, celebraciones del paso al Padre… Pero no solo queríamos cantarle a Él y para Él a través de canciones de otros. Sentíamos la necesidad de transmitir lo que nos pasaba por dentro y esa intuición se fue transformando, poco a poco, en una necesidad y en una realidad. Hoy también cantamos nuestras propias canciones, que nacen fruto de la oración y de nuestra experiencia vital de relación con el Señor de nuestra historia y de nuestra vida.

Estamos convencidos de que hay que anunciar a los cuatro vientos que los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan… Que otro mundo es posible, un mundo en el que la lógica de Jesús -la lógica del AMOR- puede reinar. Un mundo en el que todos los esquemas se pueden romper a favor de los más débiles, los preferidos de Jesús. Esa es nuestra certeza y lo vivimos con especial alegría.

En nuestra vocación musical han tenido mucho que ver los Misioneros del Espíritu Santo que, desde hace muchos años, nos han animado a poner nuestros dones musicales a disposición de los demás. Desde estas sencillas líneas, nuestro enorme agradecimiento.

Para la grabación del lema, hemos contado con la colaboración de varios de los integrantes de los diferentes coros de Guadalupe. Y ellos han enriquecido y dado color a esta canción -¡que ya es vuestra también y que esperamos que cantéis a pleno pulmón!-.

Gracias a todos ellos: Alicia, Jorge, Paz, Alfonso, Sofía, Leti, Jon, Leo… ¡Ha sido una gozada compartir con vosotros! ¡Gracias por entender el servicio musical de la forma en la que lo hacéis!

Os compartimos unas imágenes de la grabación y os invitamos a escuchar y descargar la canción aquí:

o la letra y los acordes aquí, para que la cantéis siempre que queráis porque ¡Su amor… es nuestra alegría y la alegría se contagia a medida que se comparte!

Nicolás Santos y Mamen Serrano (Berit)