Editorial

Casi sin darnos cuenta se nos acaba el curso. Casi de repente, nos hemos visto envueltos en una vorágine de exámenes, evaluaciones, cierre de actividades y remate de enredos varios en los que nos hemos metido de lleno durante el curso, pero de los que estamos a punto de salir.

Queda una sensación un poco contradictoria, tal vez agridulce o incómoda por las cosas que nos hubiera gustado hacer y a las que no hemos llegado; por los objetivos que se han quedado a medio cumplir, la tarea que no hemos tenido tiempo de terminar. O, a lo mejor, no. Quizá de satisfacción y plenitud por los logros conseguidos, por el trabajo bien hecho, por el deber cumplido.

Y ahora, ¿ahora qué?

Es tiempo de disfrutar de un merecido descanso, con la familia, con los amigos, con los nuestros…; de volver al “terruño”, quizá, del reencuentro con las raíces; tiempo para recobrar fuerzas, recargar pilas y reeditar ilusiones; es momento de fundirnos un poco con esa Naturaleza tan castigada y sentirnos vivos frente al mar, en la cima de una montaña o desentrañando un bosque. Tal vez, por qué no, sea momento de cumplir algún viejo sueño…

Y es tiempo de agradecimiento. De gratitud por lo vivido en el curso, por lo que hemos aprendido, por el camino compartido, por las personas que hemos conocido y aprendido a amar.

También es tiempo de despedida y de envío. Alfonso, nuestro querido párroco todos estos últimos años, nos deja. Ha recibido el encargo de su congregación de los Misioneros del Espíritu Santo de trasladarse a otra comunidad, en Panamá. Estamos seguros de que allá donde va, en esas otras tierras, seguirá derramando su amor, su vocación misionera y sus muchos dones entre los hermanos que tienen la suerte de recibirle, como durante tanto tiempo lo ha hecho con nosotros. Y aunque sabemos que seguiremos unidos de alguna manera, le vamos a echar mucho de menos.

Alfonso, lo que nos surge del corazón es un enorme “gracias”. Gracias a ti por todo lo que nos has regalado; y gracias al Padre por haberte puesto en nuestro camino. Te deseamos todo lo mejor en tu nueva etapa y que se cumplan todos tus sueños. Hasta siempre. Te queremos.

Y, siempre, es tiempo para la esperanza.

ECO (Equipo de COmunicación)

Equipaje de ida y vuelta

1. A la hora de hacer tu equipaje, incluye unas buenas dosis de humor. Unas cuantas raciones de cariño y no olvides llevar también valores, metas, sueños, proyectos.

2. Procura añadir “el silencio”. Es un buen tonificante. Nos hace sentirnos más oxigenados y, como si fuera un espejo, la calma nos enfrenta a la verdad de nuestras vidas y de nuestras personas.

3. Haz conciencia de cuál es el equipaje que siempre llevas encima: esos nombres que da igual dónde estés, sabes que son parte de ti. Esas personas con quienes te unen vínculos fuertes. Los momentos en los que has sido feliz, sin nubes en el horizonte, los momentos en que has reído con ganas, con franqueza; y los momentos en los que has llorado, por las cosas que te importaban; los errores que has cometido, y si has hecho daño a alguien. Las heridas que te han marcado. Todo eso es parte de ti.

4. Junto con los diversos libros de lectura, incluye alguno que tenga identidad cristiana. El pensamiento de autores cristianos nos da pistas para situarnos en diferentes cuestiones que se nos presentan en el día a día.

5. Aprovecha para hacer balance del curso. ¿Qué te llevas del curso y “metes” en el equipaje? Has soñado, rezado, crecido. Habrá habido golpes o alegrías, palabras o silencios, descubrimientos y aprendizajes… Y Dios también presente, en todo ello.

6.  Especialmente en verano, que no falte la disposición a disfrutar de la compañía familiar y también de los buenos amigos. Fortalece los lazos y las relaciones familiares, empléate un poco más a fondo con los tuyos y disfruta de ellos. Aparca tus entretenimientos virtuales.

7. Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. O descubre tu ciudad, tu barrio, sal de la rutina de cada día y asómbrate de lo bello y bueno que descubras… Inclúyelo en el equipaje de vuelta.

8. Asegura tiempos de silencio e interioridad. Practica la oración. Evita añadir más ruido al ruido ambiental. Lee y medita el Evangelio y textos de maestros espirituales. Aligera así tu equipaje.

9. Antes de preparar el equipaje de vuelta, vete preparando el nuevo curso: mira al futuro e imagina posibilidades. Fíjate metas: en relación con los demás, con lo que haces, con la vida, con el mundo…

10. Cuando deshagas tu equipaje, piensa también que, aunque cueste, de vez en cuánto toca hacer, en nuestra vida, “limpieza general” y “tirar por la ventana” (metafóricamente) todo lo que sobra. Para quedarse con lo importante. Para darte cuenta de tanto como tienes.

Confirmaciones

El 4 de junio, 6 jóvenes de la pastoral juvenil recibieron el sacramento de la confirmación en un ambiente de alegría y compromiso. Dos de ellos, Javi e Irene, lo comparten.

“Aunque tenía muy claro que quería dar este paso y celebrar mi vida de fe, he aprendido mucho preparándome para este paso. He fortalecido mi compromiso con mi fe y me he mirado a mí mismo y trabajado para llenarme del amor de Dios. En este proceso de reevaluación y profundización he estado muy bien acompañado y me siento muy afortunado de haberlo vivido con Alfonso, Alba, Pablo, Laura, Fran e Irene. También fue un privilegio poder vivir mi confirmación rodeado de tanta gente que me quiere: mi familia, mi madrina, mi grupo, mis amigos, la comunidad de Guadalupe… Ahora, queda vivir cada día desde los ojos de amor de Dios”.

“Cuando pienso en mi Confirmación, la primera palabra que se me viene a la cabeza es “GRACIAS”. Para mí, ese día fue la celebración de un proceso que ha supuesto madurez, decisión, crecimiento y mucha sinceridad.  Ha sido un proceso en el que he estado tan acompañada y tan cuidada por tanta gente tan importante para mí, que no puedo hacer más que agradecerles el haber estado a mi lado y enseñarme tanto. Para mí la confirmación ha significado ponerme frente al espejo y hablarme con mucha sinceridad. Ha supuesto conocerme todavía mejor, retarme, plantearme por dónde quiero caminar, comprometerme, ser coherente y decir convencida sí, a la vida que tiene pensada el Padre para mí. He tenido la tremenda suerte de vivir ese proceso de la mano de mi madrina, de mi familia, de amigos, de mi grupo de fe, de toda la comunidad de Guadalupe, de los Mispis y cómo no, del grupito que hicimos de preparación para la confirmación. Ha sido una gozada conocer a Pablo y a Alba, y conocer todavía más a Javi, Laura y a Fran. Y cómo no, ¡gracias a Alfonso, por ayudar a poner orden y luz en las mil ideas y preguntas  que afortunadamente han aparecido! Para mí, fue un día precioso que todavía recuerdo al milímetro, en el que no me cabe la menor duda que el Espíritu estuvo más que presente. ¡GRACIAS a todos!”

Querida JMJ

Hace cinco años viniste a Madrid cuando la mayoría de nosotros aún éramos muy pequeños para comprender todo lo que significas. Vimos a un montón de creyentes de otras partes del mundo volcarse en tu celebración y compartir tu espíritu. Algunos incluso acogimos a algunos de ellos y fuimos testigo de su fe, de sus ganas de vivir, de su voluntad por conocer distintas maneras de vivir la según la cultura. Te acompañamos en oraciones y en largos días llenos de actividades. Nos mojamos en Cuatro Vientos esperando la aparición del Papa, fiel acompañante tuyo, que como uno más compartió esa noche contigo y con todos los creyentes allí reunidos. Hemos visto tu belleza y nos has enamorado. Es por eso que este verano queremos volver a vivir tu experiencia.

Veinte jóvenes de la Parroquia de Guadalupe de Madrid y quince de la Sagrada Familia de Moratalaz. Eso somos. No somos un grupo numeroso ni con experiencia en este tipo de eventos. Tampoco lo vemos como algo negativo, no creemos que haga falta experiencia ni número para aprovechar al máximo esta oportunidad. Por ello, tenemos una ilusión tremenda por vivir las JMJ de Polonia 2016, por exprimir cada segundo que pasemos en tierras polacas hasta sacarle todo su jugo, por empaparnos de la forma de vivir que la gente que nos acoja tenga, por ser testigos de que la fe en el mundo tiene muchas formas. Sin que esto suene a tópico queremos dejarnos hacer por lo que nos encontremos, sin llevar ninguna expectativa sobre lo que vamos a encontrar.

En nuestras parroquias desde muy pequeños nos han inculcado por medio de dinámicas en grupos como Propuesta o Éxodo valores e ideales sobre los que construir no sólo nuestra fe, sino nuestra vida. Nos han enseñado a construir esa base que toda persona ha de tener si quiere convertirse en luz para el resto. Nos han formado de una manera activa, sin imponer ninguna visión que choque con la propia. De alguna manera sentimos que este viaje, esta oportunidad única, es el momento para enriquecer todavía más nuestra experiencia de fe, y no de manera egoísta sino también de enseñarle a todas las personas y grupos con los que nos encontremos nuestra manera de vivir como creyentes en el día a día, quizás el mayor reto para la juventud cristiana.

 

Los viernes con personas sin hogar

Ya comienzan a conocernos, después de casi dos años de voluntariado promovido desde el GAS. Para ellos, somos “los de Guadalupe”, los de las lentejas”.

Son agradecidos, no tanto por la comida que les ofrecemos, sino por dedicarles un rato, con una sonrisa, escucharles, ponerles nombre dentro de la  dura realidad que viven día a día.

El hecho de interesarnos por sus problemas médicos, o de llevarles un libro porque le gusta leer, o simplemente unas pilas para su radio, les cambia la cara, se sienten personas, no “unos rostros in-visibles” para la sociedad, a pesar de las dificultades de acercamiento que tenemos con algunas personas con las que no compartimos idioma y costumbres.

Este verano vamos a intentar continuar con nuestro voluntariado, creemos que, a pesar de vivir en determinados momentos experiencias contradictorias, nos sentimos comprometidos con estas personas que también tienen derecho a cariño y acompañamiento en este periodo estival.

Este acompañamiento, como nos comentó Blas, el psicólogo del Albergue Municipal de San Isidro, es un instrumento en la intervención con estas personas, y tenemos que partir de una aceptación incondicional, escucha, interés por el otro y, si es posible, tratar de establecer un vínculo con ellos. Debemos ser prudentes, actuar con sensatez, para intentar acercarles a los recursos existentes, informarles, y si es necesario contactar con el SAMUR SOCIAL, para que haya una luz en su vida, aunque a veces los procesos no tengan vuelta atrás.

Esperamos que el próximo curso haya nuevos grupos que apoyen esta iniciativa, y que otros puedan redirigir su compromiso de voluntariado a colaborar con otras asociaciones de las que forman parte del GAS  en Guadalupe.